Wild Arizona

México perdió ante los Estados Unidos más de la mitad de su territorio por una simple razón: los mexicanos no lograron poblar las provincias del norte, dando lugar a la migración de los colonos norteamericanos, aprovechando el desastre político imperante en la nación e impulsando la notable demanda del país emergente.

Más de 150 años después, curiosamente, los mexicanos regresan a lo que antaño fue un territorio perteneciente a nos, realizando lo que hace tiempo no se consolidó, con la soberanía de un nuevo Estado en los territorios que sin indiferencia, causan en la mexicanidad un arrebato de nostalgia y sentimiento.

Evoco el llano recuerdo de la historia ante los acontecimientos en el Estado norteamericano de Arizona, con las crecientes medidas adoptadas en perjuicio de los migrantes y de los básicos derechos humanos de los ciudadanos norteamericanos. Pocas veces en las legislaciones que se autodenominan democráticas, se resuelve en disposiciones normativas la persecución dilatoria al hombre en si, atentando estoicamente el paso al fenómeno de la globalización y de la imparable migración que, como el agua de los ríos, es indetenible trátese del país que se trate.

La polémica de la ley SB1070 anti migrante no estriba en el debate sobre la soberanía que Arizona debe tener para la creación de sus normas, ni siquiera del permisible modo en que el Estado puede y debe actuar en forma al problema de la migración ilegal, sino la actitud de los círculos más conservadores y reaccionarios de la sociedad norteamericana y del Partido Republicano ante los hombres que buscan mayor bienestar en la suposición del “sueño norteamericano” y de una mejora en la calidad de vida que, tristemente, sus países de origen no pueden otorgar.

La problemática de dicha ley, desde mi perspectiva, trata sobre una lucha política para desacreditar al presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, quien en su afán de reformar en gran medida al Estado norteamericano, intenta implementar avances en materia migratoria y garantías para sus ciudadanos.

El ring, en éste caso, ha virado hacia Arizona en la gresca entre Republicanos y Casa Blanca, intensificándose en el posible revés que el presidente norteamericano obtenga en tal situación. Lastimosamente, para la agenda política de México, los problemas internos entre los partidos de los Estados Unidos, no facilita la apertura para un diálogo confiable entre ambas naciones.

Los Estados Unidos jamás deben olvidar que la grandeza de su nación se debe al esfuerzo de sus ciudadanos, y en gran e indefinible medida, a la aportación de todos los migrantes que fundieron sus costumbres e intelectos para el desarrollo del país que hoy conocemos. Jamás, deben pretender olvidar que la deuda histórica a aquellos millones de manos y de hombres sin nombres que construyeron roca por roca los cimientos de su estructura, que aún hoy levantan sus casas y dedican esfuerzo y sacrifican a sus familias, no ha sido saldada ante el inmedible aporte de los migrantes del mundo. Que quede claro: ellos son los que deben, nosotros no; ellos son los que atacan, nosotros resistimos. ¡Que la historia cobre su cuota!

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