Votar por AMLO

Debo decir que soy un votante que tiende a no sofisticar mucho su elección: quien tenga una propuesta más o menos razonable tiene mi voto. En el 2003 voté por el PRD, en el 2004 en la elección local de mi estado por la alianza PT, PAN, PJS para gobernador; en el 2006 por el PAN, en la elección local intermedia de mi estado del 2007 voté por el Partido Alianza Ciudadana y en el 2009 promoví el voto nulo. Este 2012 no me es tan simple la elección como en los años anteriores, pero no voy a hablar de mí pretendiendo que el mundo gira a mi alrededor.

Tengo, sin embargo, los últimos meses pensando demasiado por quien votar, como nunca he reflexionado mi voto, no a partir de quiénes son los candidatos sino de lo que representan. Carlos Bravo, además de dibujar la precariedad del voto como único instrumento democrático lo dice así de claro: “en lugar de esperar que haya un candidato que no nos genere dudas, votar por el candidato que nos genera las dudas con las que estamos más dispuestos a convivir”. Genaro Lozano ha hecho una espléndida serie sobre los candidatos para el periódico Reforma cuestionándose su voto a partir de lo que ofrecen y el escritor Jorge Volpi ha hecho lo mismo pero desde la ficción de la vida cotidiana de los aspirantes convertidos en Presidente. Recomiendo que los lean, si son indecisos quizá encuentren buenas razones para votar por uno u otro.

A menos de 15 días de la elección tengo dos certezas, la primera es que no votaré por el PAN.  Creo que Acción Nacional debe ser castigado en las urnas, hay que sacarlos del poder porque pese a algunos aciertos no ha hecho un buen gobierno y su sostenimiento tendría consecuencias aún más negativas. No lograron tomar decisiones que echaran a andar la economía nacional, ni mejorar de manera sustancial la redistribución del ingreso. En el camino su estrategia en el combate al crimen organizado en algunos casos ha tenido en consecuencias indeseables en términos de seguridad, y en otros, directamente ha creado más víctimas, no menos.

La alternancia del partido en el poder no modificó el acuerdo político construido y establecido por el PRI, lo que me lleva a mi segunda certeza: votar por el PRI es votar en contra de nuestros derechos (agradezco a Andrés Lajous por este mantra). No lo digo equivocadamente, los gobiernos en donde el PRI ha reproducido su partido-gobierno-sistema son evidencia de que lejos de cambiar, el partido ha reafirmado sus peores prácticas de ostentación de privilegios y de no reconocimiento a derechos fundamentales. Probablemente uno de los mejores termómetros para ilustrar esto sea la violencia contra la prensa, por ejemplo, en Veracruz, Tamaulipas y Chihuahua suman del 2000 a la fecha 35 periodistas asesinados en total impunidad y complicidad de las autoridades locales. El PRI y sus gobiernos no se sienten cómodos con la prensa crítica, en Veracruz de 66 agresiones contra periodistas 33 fueron hechas por funcionarios públicos y en Chihuahua de 57 en total, 47 fueron perpetradas por funcionarios. Pero el PRI no sería el PRI si ante estos datos no simulara instituciones que resuelven el problema que generan: mecanismos de protección a periodistas, leyes para protegerlos y celebraciones del “día de la libertad de prensa” en Veracruz. Sí, México es uno de los países más peligrosos para ejercer el periodismo (entre muchas cosas, por la impunidad y la ineficiencia de las autoridades locales y la simulación institucional)  y no estamos ni de cerca viviendo el infierno de Veracruz, Enrique Peña Nieto ha señalado que Javier Duarte representa al “nuevo PRI”, el horror pues.

Además de la forma de gobierno, un síntoma de que el PRI es más PRI que nunca es la andanada del discurso contra la violencia siendo ellos sus principales exponentes durante las campañas: golpeadores a manisfestantes en Colima y Córdoba, el caso de Tepeaca y el metro Revolución, un (ex)candidato asesino y un presidente del partido sugiriendo la investigación de estudiantes. Gritando a los cuatro vientos “¡Que la gente se serene!” mientras golpean y matan, los medios (la mayoría) comprando lo primero en vez de lo segundo.

A estas alturas y con dos certezas en la cabeza me tacharán de obradorista sin remedio (a Quadri no lo cuento porque creo que nadie votaría por Elba Esther). Ciertamente votaré por AMLO, en sentido opuesto a los argumentos anteriores, no tengo la certeza de cómo gobernaría, pero en un sistema donde se pierden elecciones, no hay democracia sin incertidumbre. En 2006 voté por Calderón y hoy votaría por AMLO ¿qué ha cambiado? El contexto (y que soy seis años más viejo). Salvo el caso de la ciudad, que no la entenderíamos sin los gobiernos de izquierda, los gobiernos perredistas tampoco han sido de un prístino virtuosismo, como ya lo hemos argumentado desde Democracia Deliberada: (en el prd) “han permitido la corrupción de dirigentes, funcionarios y militantes. No siempre han transparentado el destino de los recursos públicos. En distintos momentos han apoyado candidaturas de políticos que explícitamente violaron derechos civiles, y particularmente los de militantes de izquierdas. En muchos espacios no privilegian la discusión y el debate sino la negociación de puestos, recursos, y reglas. En algunos casos no han tratado de democratizar y mejorar el ejercicio de gobierno, por el contrario, a veces han reproducido las peores prácticas de los viejos gobiernos priistas y los abusos de los recientes gobiernos panistas”. Todo lo anterior extrañamente genera la incertidumbre que decide mi voto, considero que con la izquierda se puede construir un nuevo pacto social, esa posibilidad está excluida de cualquiera de las otras opciones.

El movimiento estudiantil transformó nuestra conversación sobre las campañas y cambió los términos de la elección: pasó de ser una elección sobre “seguridad y economía” a una sobre “medios de comunicación y derechos civiles”. En este contexto (pri= vs. derechos y pan=aplaudir la guerra), el trasnochado argumento de la “oportunidad” (llevar al poder a alguien que nunca ha gobernado) cobra nuevo sentido, 12 años de curtirnos la piel harían al gobierno de la alternancia de segunda generación el más vigilado de la historia, con las reformas al 1º y 6º constitucional tendremos suficientes instrumentos para vigilar y activarnos en caso de ser necesario. En suma parece haber más condiciones para que si vuelve el PRI lo haga en su versión PRI-sistema a que si gana AMLO de la noche a la mañana nos convirtamos en Corea del Norte. Hoy para mí, votar por Andrés Manuel, significa votar por contrato social distinto y eso me basta para dar cauce a la incertidumbre.

Foto tomada del flickr de Eneas. http://www.flickr.com/photos/eneas/

 

 

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