La BBC, en su página de hoy, tiene una nota que arroja un dato insospechado: un estudio en Estado Unidos, aplicado a 10,000 estudiantes a lo largo de 35 años, demuestra que entre más amigos tiene uno, más exitoso profesional y económicamente se es. Así que la popularidad en el bachillerato y la universidad, y las habilidades sociales pueden verse recompensadas no sólo por ser invitado a las mejores fiestas y sentarse en la mesa de las chicas porristas o de los chavales del equipo de americano, sino que, con los años, puede reflejarse también en más ceros a la derecha en nuestra cuenta bancaria.
La nota ofrece algunas estadísticas adicionales: una persona promedio tiene unas 150 amistades a lo largo de su vida, si bien su círculo íntimo es de alrededor de 5, y diez más consideradas amistades cercanas. Con el uso de las nuevas tecnologías y mediante redes sociales como Facebook, las posibilidades de conocer nueva gente se expanden exponencialmente, aunque esto es directamente proporcional a un decremento en el grado de cercanía real, conocimiento y estima que se tiene en tales interacciones virtuales. Uno termina, pues, teniendo un puñado de amigos con quienes se comparte el pan y el vino, algunos colegas cercanos, y muchos conocidos a quienes, con suerte, se topará uno un par de veces al año.
Naturalmente, la amistad vista como un instrumento de mera popularidad o lucro es una idea chocante que, de hecho, atenta directamente contra la esencia misma de la amistad. Sin embargo, no es descabellada en absoluto la conclusión de este estudio. Al contrario, vista la amistad como una forma solidaria de organización social, y entendiendo las redes sociales como un conjunto de sinergias fundadas en la confianza, encontramos en la amistad algo más que una excusa para reunirse en jueves de poker: se trata de una institución comunitaria que permite al individuo, aislado, trascender su soledad en todos los sentidos: afectivamente, socialmente, y, ¿por qué no?, en un plano profesional.
Decir entonces que uno es a quien conoce no significa necesariamente que la receta del éxito se cifre en hacerse de relaciones influyentes y poderosas, en el sentido tradicional del término. Más bien, desde el punto de vista del capital social, significa que vale la pena invertir tiempo y energía en cultivar amistades y relaciones significativas. En otros términos, hacer un acto de reconocimiento de que el individualismo como estilo y filosofía de vida encuentra serias limitantes para emprender cualquier empresa social, desde la posibilidad de encontrar apoyo moral en una situación difícil, hasta la posibilidad de edificar un negocio. Esto último es el tema del libro “Trust” (confianza) de Francis Fukuyama. En este trabajo, el autor argumenta que las sociedades con mayores capacidades para establecer vínculos de confianza (piedra angular de la amistad) con “extraños”, son las más exitosas en términos económicos, debido entre otras cosas a la posibilidad de generar sinergias interpersonales, que pueden luego traducirse en montar una compañía. En contraste, sociedades cuyos vínculos de amistad se limitan a la familia y un pequeñísimo círculo cercano, ven limitados sus alcances para trascender su realidad y entorno, lo cual se traduce en menor innovación, menores sinergias, mayor desconfianza.
En este sentido, existen diversas redes, asociaciones, clubes, etc., que se reúnen con el propósito explícito de crear sinergias con miras a un propósito dado (social, político, cultural, económico). Con todo, si estas sociedades se limitan a una mera agregación de individuos, ligados entre sí por un interés individualizado, las probabilidades de éxito se reducen –o incluso teniendo éxito la amenaza de deserciones y malas jugadas se incrementa— en comparación a las asociaciones que cuidan promover entre sus integrantes, antes que una relación de “socios”, una de amistad. No es casual que las nuevas técnicas de liderazgo y organización coincidan en este punto, ni que los CEOs más poderosos del mundo sean tipos que cierran tratos multimillonarios en el penthouse de un rascacielos de Manhattan, pero al mismo tiempo conocen el nombre del portero de su casa, y –si bien en un nivel de interacción menor—establecen un vínculo amistoso con él. Napoleón era el Emperador de los franceses, pero también era el amigo de sus soldados, oficiales y tropa, sin lo cual no hubiese conseguido lo primero.
El tema de la amistad da para mucho; desde el poema épico persa de Gilgamesh hasta la serie Friends, la amistad como institución social y parte integral del humano ha sido objeto de la atención del hombre. Pero hoy, la revaloración de la amistad y su componente esencial de confianza me parece un tema prioritario de la agenda social mexicana, sobre todo cuando se toman en cuenta sus implicaciones culturales, políticas y económicas. Yo terminaría este comentario con algunos planteamientos: ¿qué tanta es nuestra capacidad, como mexicanos, para establecer vínculos amistosos de confianza con el prójimo?, ¿nos cuesta ser amigos de personas ajenas a nuestra esfera de influencia tradicional (clase social, región geográfica, con un indígena, o con personas que, nominalmente tendrían una posición de subordinación –como el caso del portero)? ¿Agotamos las posibilidades de la amistad en el círculo cercano, o nos vamos al extremo de establecer una red social tan grande e inmanejable que se vuelve irrelevante? ¿Valuamos la amistad en términos de conveniencia? Creo que el equilibrio radica en entender la amistad como una relación social fundada en la confianza, y que tiene un componente afectivo indispensable, pero que también puede ir más allá y ser el cimiento de sinergias comunitarias que puedan ser instrumento de cambio y mejora social, no sólo individual. En fin, solidaridad, sinergia.
Conversaciones de café
Y se va Téllez de la SCT. Luego de una tragicomedia llena de torpezas comunicativas y falta de memoria política, el “secretario fallido”, como lo ha denominado un agudo articulista en la prensa, Luís Téllez fue removido de un cargo que desde el principio le quedaba grande. Ahora se va a asesorar a Calderón, un presidente que quizá deba cuidar que a quien ahora le está salvando el pellejo no le vaya a jugar una faena de mala leche con los años –sólo, claro, para desdecirse más tarde a falta de argumentos.
Creo que a los mexicanos en general nos cuesta tener relaciones cercanas con la gente que nos rodea. Es eso o tal vez soy solo yo.
Me viene a la mente algunos casos de gente que tiene muchos amigos, o tienen habilidades sociales bastante elevadas, todos son todos exitosos.
Y sí que tiene sentido, mientras más amigos, más oportunidades de encontrar un mejor trabajo, más contactos de los cuales podemos echar mano en caso de necesitarlo, al fin de cuentas, “para eso existen los amigos”… ¿no?
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Es probable.. habra que saber cuantos amigos en realidad tiene Bill Gates? o Steve Jobs?
Aunque el exito profesional, depende mucho de las actitudes personales..
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exelente post…y me gusta el rediseño de la pagina felicidades y suerte
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Facebook funcionando a la perfección, o eso creo.
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me gustó el tema…
de las conversaciones de Café…. por qué lo consideras el secretario fallido?
A muchos nos asombró por su excelente manejo comunicacional. Insuficiente, claro, ante un escándalo de esa magnitud y ante los actores de su clientela política…
Que opinas Aramis?
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@Sergio Jose Gutierrez: @Sergio Jose Gutierrez:
Sergio, mon cher ami, es bueno verte de nuevo por los rincones de CríticaPura, por cierto, ahora estrenando un nuevo formato.
Gracias por traer al debate el tema de Luís Téllez como secretario fallido. En el articulo que cito y de donde tomo la atinada referencia a Téllez como “secretario fallido”, se hace una elocuente glosa al final, que sintetiza el porqué del adjetivo:
“Sus temores le impidieron encabezar el magno proyecto de infraestructura con que el Presidente se proponía abatir rezagos y contrarrestar significativamente los efectos de la crisis en el desempleo y la parálisis económica.
“Problemas de carácter lo llevaron a enredarse en una cadena de luchas burocráticas que terminaron por azolvar todos los procesos de toma de decisión en el campo de las telecomunicaciones.
“Y su incapacidad de liderazgo lo llevó a la confrontación de unos regulados, a la decepción de otros y a la controversia permanente con el mundo político”.
Téllez fue pues un secretario que sale del gabinete cuando se hace evidente que, debido a una serie de lapsus histriónicos y comunicativos, que van de las acusaciones en falso hasta el uso del nombre del presidente, no puede continuar ejecutando la tarea para la que fue asignado. Más aún, queda la impresión (producto del manejo informativo) de que quien lo echa de su puesto es precisamente la fuerza de aquéllos factores reales de poder a quienes se supone debe regular (su clientela política, como acertadamente la llamas). Otra de las hipótesis de su salida, que puede ser complementaria, es que parte de su mismo ex equipo de trabajo abonó a su caída mediante filtraciones telefónicas.
En cualquier escenario, y sobre todo en una conjunción de ambos, la realidad es que Téllez perdió su autoridad como secretario para realizar la labor que se supone debe hacer, que fue un hombre incapaz de imponerse –teniendo la fuerza institucional, al menos nominalmente—a los actores que precisamente debe regular, y que ni siquiera es capaz de mantener la lealtad en su equipo cercano de trabajo, o en todo caso de limar políticamente las asperezas que pudieron haber surgido. Eso lo hace un secretario fallido: ni cumplió su chamba, dejó que se impusieran a él los poderes que estaba llamado a controlar, y no pudo poner orden ni en casa. Pero hagamos en ejercicio contrafactual. De haberse quedado en la secretaría, ¿cómo hubiese sido su relación, capacidad negociadora y de confianza con la COFETEL, por poner sólo un ejemplo? Secretario fallido.
Dices que “a muchos nos asombró por su excelente manejo comunicacional”. ¿Te refieres al caso de las conversaciones grabadas que salieron recientemente? Si es así, más que un excelente manejo comunicacional diría que no tenía opciones. ¿qué más podía hacer más que salir a desdecirse y admitir que ni tenía un solo argumento para sustentar sus dichos? ¿Mentir de nuevo? Hubiera sido interesante. Y curioso manejo comunicacional, ya que posterior a las primeras filtraciones, cuando ya salía a hacer su mea culpa pública, seguían saliendo más grabaciones. El pobre secretario ya no podía estar más contra la pared, y aún así lo seguían chantajeando y mandando señales de poder. Un secretario al que le dan un “state quieto”, (además en su propio terreno, ¡comunicaciones!) que sale con la cola entre las patas a tratar de componer un poco su imagen, y que le vuelven a dar otro “state quieto”, muestra claramente que no puede manejar la situación, falla, y por eso es un secretario fallido.
Les mando un abrazo a todos, gracias por sus comentarios, y ojalá sigan visitando este espacio, ahora que se renueva en formato y ofrece nuevas opciones para sus lectores.
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Mi estimado Aramis leo tu post y siento nostalgia. Ciertamente el concepto de la “amistad” nos invita a imaginar y quizas idealizar la pujante conformación de redes sociales. No obstante, si vamos un poquito más allá de la escueta perspectiva de la amistad como un mero vinculo de afinidades e intereses comunes, y incluso lo llevamos a un campo un tanto más político o incluso filosófico(como lo hicieron en su momento Schmitt y posteriormente Derrida) podemos darnos cuenta que la “amistad” como tal nos invita a pensar en el establecimiento de formas antagónicas de comprensión del entorno. Tal vez incluso de reconocer al otro a partir de uno mismo. Eso ya no es más lo importante. Ahora los medios, las encuestas de opinión y los programas televisivos idealizan la relación de amistad en un esfuerzo por ocultar el profundo miedo encallado en la intolerancia por los otros. Todos somos amigos. Todos tenemos vinculos con todos, somos plurales, y abiertos a la ideas de los otros, pero esto solo en nuestra vida en colectivo. Al fondo, en nuestra guarida pensamos para nuestros adentros sobre la verdad que encerraban las palabras de Aristoteles al decirnos:
Oh my friends, there is no friend
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Zygmunt Bauman es un autor polémico al traer a la literatura reciente el tema de la modernidad líquida y fragilidad humana. Los vínculos sociales se han convertido en algo meramente pasajero, que màs que una amistad, como en antaño, sirven únicamente para darle seguridad al individuo. La persona busca seguridad, pero ya no la seguridad de pensar en cómo vivir mañana, sino la seguridad momentanea, el tener una casa segura, convivir con gente como tú, el buscar un barrio homogéneo.
En parte, esta teoría apoya el estudio de la BBC, pues además de sentirte seguro rodeado de gente como tú, estos vínculos se vuelven de utilidad para recuperar la seguridad frente al futuro. Recalco la importancia de formas redes con base en Sinergia, que además de buscar la afinidad de partes, tiene como requisito la integración de sus unidades, en todo el amplio sentido de la palabra. Con esto, además de formar amplias redes sociales, podemos comenenzar a dejar de lado las relaciones líquidas y formar amistades duraderas.
SALUDOS ARAMIS, buena pluma…
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