La aprobación de la reforma sanitaria en Estados Unidos, independientemente de la postura que se tenga respecto al fondo de la misma, resulta un ejercicio político sumamente interesante. Por un lado tenemos un Presidente que usó todas sus atribuciones para negociar uno a uno los votos necesarios y por el otro una industria que dentro de la legalidad, gastó millones de dólares en posicionar sus argumentos en contra de la reforma. El resultado, un amplio y largo debate sobre el tema.
El hecho me hace recordar todas las entrevistas que vi en CNN internacional con los cabilderos de las distintas empresas farmacéuticas u hospitalarias. Generalmente en contra, explicaban con argumentos válidos sus puntos de vista. De acuerdo a la organización Common Cause estas empresas profesionales de cabildeo gastaron 1.4 millones de dólares al día para promover sus causas en el Congreso.
Gracias a la labor de OpenSecrets (y porque está establecido en la ley), podemos saber entre otras cosas, quienes representan a qué empresas, sus gastos, con qué legislador hablan y paralelamente si éstas empresas contribuyeron al financiamiento de la campaña es estos legisladores. Con esto los ciudadanos pueden ver a qué intereses responden sus representantes de manera clara.
¿Qué pasa en nuestro país? Hace unos meses, el Senador Carlos García Sotelo presentó en la cámara de Senadores una iniciativa para regular el cabildeo en México. Esta iniciativa se suma a 5 iniciativas previas presentadas entre el 2002 y el 2006: dos por parte del Partido Revolucionario Institucional (PRI), una del PRD, una del PAN y una del Partido Verde Ecologista de México (PVEM). Estas 6 iniciativas coinciden en la necesidad de institucionalizar una actividad que de facto ya existe en ambas cámaras.
Las seis iniciativas presentadas hasta el momento en México coinciden en lo general cuando menos en estos cuatro puntos:
• Registro con la institución previo a iniciar el cabildeo
• Indicación de qué actores públicos serán sujetos de cabildeo, proveyendo al Estado de una lista de gastos para tal fin.
• Obligación del Estado de hacer pública la lista de cabilderos, clientes o intereses que representan de manera detallada para escrutinio público.
• Previsión de que legisladores salientes no puedan dedicarse a la actividad del cabildeo inmediatamente después de terminar su periodo, estableciendo “periodo de enfriamiento” de por lo menos 2 años.
Antes de 1997, en nuestro país la actividad del cabildeo estaba destinada al poder ejecutivo debido al sistema de partido hegemónico, las decisiones que eventualmente se presentaban en el ámbito legislativo, eran “aprobadas” en el ejecutivo (ver poderes metaconstitucionales del Presidente). No fue hasta ese año cuando el partido en el gobierno no obtuvo la mayoría de la legislatura que la actividad del cabildeo se empieza a trasladar al poder legislativo, lo que evidencia un fenómeno político relativamente nuevo.
Pero ¿Qué es el cabildeo? Puede entenderse como los actos individuales o de grupo (con intereses heterogéneos y específicos) que pretenden influir en la toma de decisiones de la esfera política. Dichos grupos de cabildeo o interés incluyen intereses económicos, profesionales y de la sociedad civil. Pueden hacerlo a título personal, representando a clientes o sin fines de lucro y realizan su tarea ya sea con comunicación directa con los representantes legislativos, ofreciendo información detallada y exclusiva sobre los temas que desean influir o incluso sosteniendo llamadas telefónicas con los representantes del congreso.
Los países que actualmente cuentan con leyes que regulen el cabildeo son: Australia; Canadá; UE, parlamento europeo; UE, Comisión europea; Alemania; Hungría; Lituania; Polonia; Taiwán y Estados Unidos . Podemos observar que no hay ningún país latinoamericano, Africano y con excepción de Taiwán, ninguno asiático.
Dentro del debate actual sobre la reforma política me parece un tema fundamental su inclusión en las iniciativas presentadas, pues cumple con los fines de la misma. Hablar de cabildeo implica discutir sobre el régimen político y sobre la organización ciudadana.
Regular el cabildeo como parte del cambio en el régimen político tiene como consecuencia temas sobre la relación entre los Poderes de la Unión; la capacidad e independencia del Poder Legislativo para tomar decisiones que afectan a la sociedad; la fortaleza del sistema de partidos; la disciplina partidista y la independencia de acción de los legisladores.
Regular el cabildeo como parte de mecanismos ciudadanos de participación política, forzosamente trae consigo un amplio debate sobre las nociones de gobernanza —relación entre la sociedad y las autoridades—, los mecanismos institucionales para la rendición de cuentas y el acceso de la sociedad a la información sobre las políticas públicas, el proceso de toma de decisiones e, incluso, su implementación.
Como pudimos ver en el debate de la reforma al sistema sanitario de Estados Unidos, los cabilderos de las grandes empresas o aquellos de las organizaciones civiles tuvieron la misma oportunidad de presentar sus argumentos con los legisladores. Si bien no evita la captura del órgano por parte de las empresas (su dinero), si establece reglas claras del juego y sobre todo transparencia.
El hecho de que 5 iniciativas al respecto estén en la “congeladora” y una más quizá corra con la misma suerte, me dice que los intereses a que siga sin regulación son muy altos y nadie quiere pagarlos. Recordemos los escándalos surgidos por el impuesto al tabaco y las declaraciones hechas por el entonces diputado federal Miguel Ángel Toscano al respecto, acerca de las cantidades de dinero que recibían los legisladores para no aprobar dicho impuesto.
En lo particular preferiría saber nombres, ver caras y escuchar argumentos de todos los interesados. Sobre todo entender que la institucionalización del cabildeo facilita la entrada de los ciudadanos a influir en la toma de decisiones. Al considerarse de manera amplia, las organizaciones civiles, políticas sin fines de lucro también tendrían la obligación de inscribirse y reportar sus trabajos.
Con esto, el cabildeo ciudadano que hemos visto últimamente (#internetnecesario, #yabajenle o acciones colectivas) no serían considerados un logro sino parte de una dinámica cotidiana de participación entre los ciudadanos y el poder público.
Como se apunta en el estudio del Instituto de Administración Pública de la Universidad Nacional de Irlanda, el cabildeo como complemento de la reelección resulta una combinación ganadora pues los registrados para “cabildear” o los legisladores sujetos de cabildeo podrían continuar su trabajo en el tiempo. Además el hecho de conocer los intereses a los que responden cada uno de los legisladores le da útil información al elector para premiar o castigar a los legisladores; por ejemplo, si yo supiera que mi legislador recibe millones de la tabacalera Phillip Morris y como consecuencia vota en contra del impuesto al tabaco, probablemente no votaría de nuevo por él en caso de que se presentara a reelección.
Así, propongo analizar a fondo los pros y contras de una iniciativa de esta naturaleza y cómo funcionaría en un país cuyos ciudadanos no tienen confianza en los legisladores ni en los partidos políticos.