Estamos alejando una de las peores o de las más dañinas amenazas, calamidades, que ha sufrido nuestro México y que es la corrupción…que le ha hecho daño, mucho daño a nuestro país, durante muchísimos años y muchísimas décadas.
La corrupción amenaza el presente y el futuro de las naciones. Hacer trampa es ganar a la mala algo que no corresponde, algo que le corresponde a alguien más. Es dejar a un lado los valores de la honestidad y de la ética para conseguir un beneficio indebido.
Porque todos tenemos, niñas y niños, un valor humano enorme, que es la libertad. Tenemos a diferencia de otras especies la posibilidad de decidir nosotros qué queremos con nuestra vida y con nuestro país[…]. Siempre está ante nosotros la posibilidad de elegir.
No es cierto, no es cierto aquella frase absurda, irresponsable, repudiable, de que el que no transa no avanza. Al contrario, los países que más han avanzando en el mundo son los países que tienen comportamientos más honestos, que tienen reglas más claras y que cumplen mejor sus reglas.
[…]el hacer transas nos ha detenido como país, nos ha frenado para nuestro desarrollo. México podría ser un país más grande, muy rico, de hecho tiene muchas riquezas no sólo naturales, sino en su gente.
Pero si entre varias razones hay una por la cual México no ha podido darle más beneficios a sus ciudadanos es por la corrupción, es por la transa.
Qué pasa, por ejemplo, con la pobreza, si en lugar de que el dinero que con mucho esfuerzo pagan los mexicanos a través de impuestos, en lugar de irse a ayudar a la gente más pobre, la que no tiene qué comer, se va a un funcionario corrupto, se va a algún gobernante que se queda con todo, con parte de ese dinero, el país es más pobre porque esa gente sigue sufriendo.
O los muchos recursos que ha empleado el país para ayudar a su gente más pobre, en el campo o en la ciudad, y que en lugar de ir a la gente más pobre durante años y durante décadas, y en muchos casos en México, en lugar de ir a la gente más pobre han acumulado verdaderas fortunas en manos de unos pocos políticos que se han enriquecido a costa de la pobreza de todos.
¿Cuál es la manera de que no haya transas en México?
Por una parte, sí está el deber de nosotros la autoridad, de castigar y castigar duro a quien cometa trampas, a quien infraccione la ley, a quien violente las leyes, pero la única manera donde, verdaderamente, podremos cambiar a México es que haya valores en cada mexicana y en cada mexicano que voluntariamente lo lleven al bien, a la verdad, a la honestidad, y esos valores son los que se deben inculcar desde la escuela.
[…] ya basta de opacidad de que no se sepa qué ocurre con las finanzas públicas, por ejemplo.
[…] en muchos lugares, hay una gran opacidad; es decir, no se ve nada adentro de las cajas públicas, entra dinero, a veces mucho, a veces poco, pero los ciudadanos no tienen el derecho de saber en qué se gasta, ni manera de saberlo.
De tal manera que, qué bueno que sean cada día más las mexicanas y los mexicanos que digamos ya basta de indiferencia, y de cerrar los ojos ante las injusticias.
En primer lugar. Queremos acabar con las transas haciendo que todos, sin excepción, cumplamos con la ley.
Que nadie, por muy influyente, por muy poderoso, por muy prepotente que se crea, se sienta con derecho a violar la ley.
Segundo. Estamos trabajando para que haya más transparencia, como ya he dicho; hay un refrán que dice que: En arca abierta, hasta el justo peca.
Y para cerrar esa arca hay que ponerle también los candados de la ley.
Queremos que la sociedad pueda ver el dinero que manejan, que manejamos los gobernantes, que es dinero público, que no haya paredes oscuras que impidan ver cómo se maneja el dinero en los gobiernos.
[…] más transparencia en la información, que ése es un derecho que la Constitución le da a todos los mexicanos.
Tercero, y vinculado con eso, estamos trabajando también no sólo para transparentar el Gasto Público, sino también para que la gente sepa en qué se gasta y si se está gastando bien y eficientemente; o si se está gastando mal.
Hay programas, por ejemplo, que se otorgan muchos millones de pesos a nombre del campesino, de un campesino pobre, descalzo. Ésa es la imagen que se nos da para hacer el programa.
Y a la hora que uno se asoma a ver quién se queda con el dinero de ese programa, no es ningún campesino ni pobre, ni descalzo, ni mucho menos, sino es alguien que tiene un rancho muy, muy grande de cientos de hectáreas y compra camioneta nueva cada año y todavía pide más dinero…
Este fragmento de discurso, fue pronunciado, por sorpresa de algunos, por el Presidente de la República. La intención de reproducirlo, es decirle que, sus palabras no pueden quedarse en ello. Tienen que, transformarse en hechos y precisamente, lo estamos todos vigilando, en marcaje personal.