Narcoméxico: la alfombra roja de los muertos
El reportero y periodista español Jon Sistiaga estuvo en México durante el año pasado realizando un documental sobre la situación de violencia y ausencia del estado de derecho que se vive en el país. El documental titulado Narcoméxico está dividido en 2 transmisiones que estuvieron al aire los días 26 de diciembre de 2008 y 2 de enero de este año en la cadena española Cuatro.
Ha sido criticado como alarmista, sin embargo desde mi percepción es un fiel reflejo de lo que en verdad está sucediendo en nuestro país: 5000 muertos al año, autoridades ciegas, población envuelta en pánico.
También podemos observar un pequeño análisis a las formas de violencia que se utilizan y las influencias sociales y culturales que ha traído esta Guerra contra el Narcotráfico.
He encontrado los dos programas completos en Youtube.
Narcoméxico. Primer programa. 26-12-2008
El resto después del salto.
Los saldos de una guerra perdida.
El narcotráfico ha rebasado la capacidad del Estado. La crisis institucional orilla a la fuerza pública a entablar una costosa guerra a los capos de la mafia y a los
El Gobierno Federal ha utilizado la gran demagogia y un sorprendente culto a la personalidad desde al inicio de su administración: en cualquier medio posible y como un salvador, Calderón se presenta como el ungido dando la absoluta respuesta a todos los problemas del país, mostrándose como el capacitado para extinguir al narco con sus manos duras -¡y limpias!- y con su política bélica y brutal.
La situación tan delicada obliga a los mexicanos a replantear las soluciones para erradicar al tremendo mal, siendo punto central el debate y el respeto a la ley fundamental de la Constitución. Iniciada la guerra de Calderón, la violación a las Garantías Individuales ha sido un paradigma general en el territorio nacional, habiendo un Estado de Sitio o de Policía que inhibe al ciudadano y en lugar de generarle certidumbre le ha maniatado y causado un terror incomparable. ¿Cuál es el costo que debe pagarse para sostener la guerra contra el narco, que niveles de violencia estamos dispuestos a tolerar, cuanta libertad será la responsable de perderse cuando Calderón disponga violarla?.
El narco es un mal terrible, una realidad insoportable para los países latinoamericanos, especialmente para el nuestro. Las tesis formuladas para combatirlo sostienen una afrenta a la vieja moral y a los buenos principios del sector conservador, esa reacción que jamás negociará ni aceptará postulados diferentes a los suyos: imagen de carencia mental solucionando a la violencia con violencia. No concuerdo en esa lucidez provocatoria ni en la simulación política del Gobierno Federal; el impacto social de la cruzada beligerante ha marcado un retroceso sin precedente en al conciencia general, sosteniendo el terror colectivo ante el posible atentado y dando paso a los síntomas primarios de la dictatura: la suspensión de Garantías.
Es imposible poder abastecer a nuestras policías y al ejercito de valor moral para enfrentar al enemigo silencioso cuando en sus mandos la corruptela significa una guerra perdida, se retoma entonces el principio básico de supervivencia y la vida se impone al patriotismo a la seguridad pública de la Nación. El valor que pueda asignarse a la guerra perdida contra el narco es intrascendente ante la capacidad de acción del mismo: imposibilita la fuerza del Estado y compra a las dirigencias y a la inteligencia que en determinado tiempo pudiesen combatirlo. No hay forma de iniciar una batalla cuando los oficiales deliberadamente están dispuestos a perder o han sido sobornados para acatar la simulación.
Para emprender la guerra se debe sanear completamente a la corrupción que impera al interior de los cuerpos de seguridad, seguido de una legitimación en la búsqueda de cada batalla, integrando a la sociedad en un ambiente de proposición y de confianza, no imitando al pavor de un Estado policiaco o al de una dictadura.
Si de ningún modo puede vencerse al monstruo, debe analizarse detallada y fríamente las alternas soluciones para someterlo mediante los mecanismos legales: esto vendría a ser la legalización y el uso de ciertas drogas.
“enemigos de la República”. La política se encuentra cercada a la discreción ante la furiosa respuesta del monstruo y los resultados presentan una terrible carestía.
Rescatando a México
La población del país se encuentra en un clima entero de inseguridad irremediable, que fortalece la plenitud y la potestad del Gobierno para actuar libremente en contra de aquellos que atacan a la Nación y a sus habitantes.
Se ha evidenciado la lamentable incapacidad del Gobierno Mexicano –en sus tres esferas- para competir con el narcotráfico y contra todos los agentes violentos que amedrentan la paz del país, creando el ambiente soez que acribilla las esperanzas y unifica el latifundio de violencia insuperable.
La inseguridad en México, conocida en lo general pero desconocida en el particular actuar salvaje en estos tiempos, ha sido blanco fácil para desatar una equitativa y brutal ofensiva del Poder Ejecutivo en la guerra contra de aquellos que envenenan a la sociedad. Caracterizada por el discurso flamante y la gallardía de nuestras defensas en contra del narcotráfico, esta guerra ha desatado infinidad de desafortunados incidentes en la República entera, ocupando un clima desalmado de miedo y terror entre todos los ciudadanos.
Los saldos de guerra actuales aparecen como una letanía apócrifa de la situación, resaltando un cuasi Estado de Sitio con la política aplicada para asegurar una victoria efímera y una capacidad de acción total, eficaz y completa de los rivales. La correspondencia de fuego al fuego acentúa una violencia desmedida en ambos bandos, atando a la sociedad a una ola de fuego cruzado sin precedentes. Augurando la sin igual batalla se tiene que meditar completamente el posible escenario que semánticamente habrá que lidiar la ciudadanía: los probables supuestos son varios, como imaginables en la acción que se ejercerá con el recrudecimiento.
La política aplicada hacia la inseguridad por Felipe Calderón conviene a los intereses momentáneos de una agenda sin proyecto a futuro, liada al momento y al espacio generado por actores importantes y por hechos triviales que circulan en los medios; a decir concretamente, todo lo que está de moda. No hay acción concisa que trate de desarticular a ese monstruo de mil cabezas que sigue y seguirá ahí en la penumbra sin siquiera ser molestado más que en la superficie que deja ver; no hay propuesta que incite la confianza de las gentes que formamos a la Nación, ni un liderazgo contundente que pueda aplicar sin distinción ni prerrogativas la ley como debería ser.
Las circunstancias que rodean el momento histórico hacen prevalecer la fuerza del Estado para contrarrestar la oleada del narcotráfico, quizás diluidos en probables tesis de golpes autoasestados para legitimar futuras acciones y limitar en un Estado Policiaco al país. Debe analizarse bien el proyecto a librar para descuartizar a ese monstruo, como definir bien que probabilidades existirán de adecuar las libertades y Garantías Individuales que costarán en dado momento a los mexicanos, que obligadamente se prevé en la irremisible guerra que el Ejecutivo ha de librar.
¿Cuánto costará rescatar a México de la violencia recíproca?, sólo los generales podrán difuminar las dudas.



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