
Para: @andreslajous @alconsumidor
y todos los que pedalearon ese día, GRACIAS.
¿Quién no ha visto por curiosidad el Tour de France, el Giro d’Italia o la Vuelta a México? Quizá con el maratón, el ciclismo es una de las pruebas atléticas que despierta gran pasión, incluso para el público casual. Casos como el de Lance Armstrong dotan a la prueba, además, de un contenido social ineludible. Así la bicicleta, paradójicamente se convierte en el vehículo del futuro: ecológico y socialmente responsable.
Imaginemos que en el país existe una sola avenida, de un metro de ancho, donde los ciudadanos en bicicleta podemos transitar libremente. Sin embargo, esa avenida, llamada democracia, se encuentra bloqueada por unos antiguos hummers donde lentamente viajan nuestros representantes. En este mundo imaginario, los hummers de nuestros representantes se han quedado sin batería, los ciudadanos hemos decidido darles energía con nuestras bicicletas: cada pedaleo genera electricidad.
En el mundo real las cosas no son distintas, la clase política ha mantenido paralizado al país para garantizar su supervivencia. El caso de los partidos políticos es un claro ejemplo: su presupuesto está blindado en la Constitución (art. 41 II). De manera que mientras exigen que los ciudadanos saquemos al país con más impuestos, su presupuesto está garantizado. Aún en año no electoral recibirán 3 mil millones de pesos ¿podemos continuar a este ritmo? Parece que no, el estancamiento de la vida democrática es proporcional a los cambios requeridos.
El relevo generacional llegó en bicicleta. Si bien la clase política es la misma (nombre y apellidos) desde los últimos 12 años, los ciudadanos somos distintos: hemos sabido aprovechar la estructura social y tecnológica. En las últimas semanas, la sociedad ha sido testigo de movimientos horizontales y articulados que han logrado incidir en la discusión formal de diversos temas, desde el impuesto a internet hasta la reducción del financiamiento público a partidos. Los ciudadanos hemos entendido que podemos ganarle a las hummers, sí, con nuestras bicicletas.
Para simbolizarlo, se organizó el “foco ciudadano”. Durante 24 horas. A partir del 12 de noviembre a las 9 de la mañana en el Ángel de la Independencia, una bicicleta fija conectada a un generador eléctrico encendió el foco ciudadano. De ahí lo vital de tu participación para mantener esa luz que le recordó a nuestros políticos que tomaremos revancha en nuestro vehículo del futuro.
No hay pretexto para que los partidos políticos renuncien a sus obligaciones ciudadanas. No hay pretexto para que no reduzcan su presupuesto. Javier Aparicio, en la conferencia organizada respecto a este tema por el CIDE, planteaba que los partidos políticos argumentan la defensa de su presupuesto ofreciendo que no recibirán dinero del narco ¿Y no es su obligación servir a los ciudadanos? No hay excusa, dado que el problema es de fondo: no se trata sólo del dinero sino de la transparencia y rendición de cuentas a las que no están obligados.
No se trata únicamente de reducir su financiamiento público como lo ha expuesto el PAN, se trata de solventar el déficit democrático que vive México. No me refiero a la democracia en su acepción electoral sino como un sistema de vida tendiente a proteger los derechos civiles de manera efectiva, acompañado de un orden jurídico capaz de asegurar el acceso igualitario al bienestar.
Durante este año los partidos políticos recibieron más de $3600 millones de pesos en efectivo, y espacios en televisión y radio equivalentes a alrededor de $5000 millones de pesos, ¿puedes siquiera visualizar esas cantidades? El año que viene, 2010, pretenden recibir por lo menos $3000 millones de pesos sin que sea año electoral. ¿Para qué usan ese dinero?, ¿acaso el poder en la democracia sólo se construye con dinero y no con argumentos?, ¿no se dan cuenta que pervierten la democracia al hacerla cada vez más costosa y promover representantes que representan menos?
La propuesta de la Asamblea Nacional Ciudadana (ANCA) propone que se modifique el artículo 41 de la Constitución para que el financiamiento de los partidos se calcule multiplicando el número total de votos válidos emitidos para un partido o coalición en la elección inmediata anterior, en lugar del “número total de ciudadanos inscritos en el padrón electoral”, como actualmente dice el texto. Con ello bajarían 1700 mdp.
Estos escenarios ideales, serán posibles si la ciudadanía pedalea sobre ese camino hoy bloqueado por quienes dicen representarnos. Los partidos políticos son concebidos en la ley como entidades de interés público, es decir, que deben servir a los ciudadanos que pretenden gobernar. Sin embargo su tarea se ve empañada ante la desmedida cantidad de recursos otorgada por los ciudadanos y asignada por ellos mismos.
Pedaleemos pues a un México con ciudadanos activos y gobiernos dispuestos a escucharlos. Pedaleemos a una democracia donde los partidos sirven a los ciudadanos y no a sus intereses particulares. Prendamos el foco de la clase política, recordémosles que los ciudadanos merecemos un mejor gobierno y país, y que hemos emprendido el viaje sin marcha atrás.