
Hace unos días veía la encuesta que hizo María de las Heras respecto al guadalupanismo en México. Aún cuando eran resultados “esperados”, no deja de sorprender el fervor que subsiste por la Virgen Morena en los mexicanos. Me parece que, sin caer en lugares comunes como “tan lejos de dios, tan cerca de Estados Unidos” o “Nación Guadalupana”, es claro que un pueblo en constante tensión entre sus tradiciones y “la modernidad” tenderá a asirse de los mitos.
El México post-revolucionario, está construido sobre la premisa “sufragio efectivo, no reelección” pero ¿qué significa esto? La premisa como tal proviene del sentimiento de un movimiento opuesto a la reelección de un sólo individuo en el poder ejecutivo; aún cuando fuera a través de “elecciones”, de ahí la exigencia de que el voto valiera.
Una vez triunfante la revolución e iniciado el Congreso Constituyente, la victoria de esa lucha se plasma en el artículo 83 constitucional que prohíbe por cualquier motivo y en cualquier tiempo la reelección del Presidente de la República. Pero ¿los legisladores también entraban dentro de dicha premisa? No, y de hecho salvo el texto constitucional de Apatzingán, ninguno de los subsecuentes la prohíbe.
Un poco de historia (sólo un poco). El Decreto Constitucional de para la libertad de la América Mexicana, sancionado el 22 de octubre de 1814 (y cuya validez se restringía al territorio insurgente) expresamente en su artículo 57 decía: “tampoco serán reelegidos diputados, si no es que medie el tiempo de una diputación” cabe decir que este es el espíritu del artículo 59 actual. Paradójicamente le texto anterior es copiado de la Constitución de Cádiz en su artículo 110(18 de marzo de 1812) y éste a su vez del artículo 38 de la Constitución francesa de 1791.
Con la llegada de la independencia, la Constitución federal de 1824, no incorpora el artículo citado, quedando su artículo octavo de la siguiente manera “la Cámara de Diputados se compondrá de representantes elegidos en su totalidad cada dos años por los ciudadanos de los Estados”, en consecuencia, al no haber prohibición se entiende que la reelección legislativa era legal.
Dada la turbulencia política de México, los textos constitucionales de 1836 y 1843, tampoco prohíben de manera expresa la reelección. Así también en la Constitución federal de 1857 su artículo 52 (reformado en 1874) dice “La cámara de diputados se compondrá de representantes de la nación, electos en su totalidad, cada dos años, por ciudadanos mexicanos”.
Con lo anterior podemos ver que no existía prohibición expresa a la reelección, incluso la Constitución vigente (1917) adoptó el articulado al respecto de la de 1857, por lo que podemos decir que fue legal hasta la reforma del 29 de abril de 1933, que nos da el artículo 59 con el sentido que actualmente tiene. El tema desaparece de la agenda nacional hasta 1964 cuando el Partido Popular Socialista en voz de Vicente Lombardo Toledano propone una reforma para que los diputados puedan reelegirse.
En la exposición de motivos de dicha propuesta de reforma (1964) se argumenta que aquella hecha en 1933 (cuando el Presidente era Abelardo L. Rodríguez) no respondía a la tradición jurídica ni histórica del país sino al interés de ciertos grupos políticos. Con lo anterior, se refería Lombardo Toledano a la consolidación del entonces Partido Nacional Revolucionario (después PRI), que, para mantener el poder y asegurar la rotación de sus grupos políticos prohibió la reelección con miras a garantizar espacio a todas las expresiones dentro de su hegemonía.
Hasta aquí un pequeño esbozo de la historia de la reelección en México a través de su legislación, sin embargo, hoy que se pone a debate y tras la llamada apertura democrática es necesario recordar para poder ampliar nuestra visión al respecto. El siguiente paso no deberá descansar de nuevo en pequeños círculos de poder (como en 1933) sino que deberá de ampliarse la discusión y abrirse a todos los sectores sociales.
Fernando Dworak afirma que la reelección es un prerequisito para posteriores debates, por otro lado María Amparo Casar asegura que hay alternativas que de entrada nivelan de manera más efectiva el déficit democrático en el país. En lo particular me parece que no podemos hablar de reelección sin antes resolver la reducción al financiamiento público a los partidos políticos, tampoco sin resolver que éstos sean sujetos de transparencia. No podemos avalar la reelección en un sistema que carece de mecanismos efectivos de rendición de cuentas por parte del legislativo, partidos y entidades públicas en general.
Los beneficios de la reelección son claros, pero languidecen frente a todas las tareas pendientes que siguen haciendo nuestro sistema político ineficiente, opaco y corrupto. En todo caso, frente al artículo 39 Constitucional “la soberanía reside esencial y originariamente en el pueblo, el cual, tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno” sería conveniente, en última instancia, someter a consulta popular la reelección que constituye una alteración a la forma de nuestro gobierno.
La no reelección o el guadalupanismo, mitos vivos de nuestra realidad nacional. Una república fundada sobre mitos que, en el caso del guadalupanismo, cancela la posibilidad de un verdadero Estado Laico o en el caso de la no reelección, desvirtúa la posibilidad de un amplio debate como el que requiere el tema.
Antes que nada, felicitaciones por el artículo.
Me gustaría complementar mis comentarios. En efecto, hace falta mucho por hacer. Sin embargo, deberíamos preguntarnos por qué no se ha hecho gran cosa en los últimos doce años, además de reformas que terminan beneficiando a los partidos políticos como la electoral de 2007.
A reserva de que esto se debata con mayor profundidad, soy cínico: porque los partidos pueden hacer lo que desean y no rinden cuentas.
De esa forma, no veo cómo los partidos se autolimitarán voluntariamente, o por qué tratarían temas como la reducción al financiamiento o la transparencia si no tienen por qué. Si tienen la coartada de la llamada falta de “voluntad política”, ¿habrían de hacerlo?
En este sentido la reelección inmediata abre la puerta para que se traten los temas que comentas, en la medida que cambiaría los incentivos de conducta de nuestros representantes. Ojo: no digo que gracias a la reelección van a cambiar obligatoriamente. Al contrario, si no tratamos temas como la transparencia y la reducción del gasto de los partidos como condición necesaria ciertamente seguirán manteniendo el estatus quo.
Me gustaría decir que hay formas de “darle la vuelta al asunto”, pero terminariamos pretendiendo que se puede cachar una pelota de beisbol con un guante cerrado.
La democracia es un ejercicio permanente de formación del ciudadano. Por lo anterior confío en que la reelección desataría las dinámicas y debates que se requieren y que, por desgracia, no se tienen necesariamente las condiciones para ello.
Sobre los mecanismos de democracia participativa, no me opongo pero soy cauto: son complemento mas nunca sustituto de los procedimientos representativos. Desconfío de su instrumentación en un sistema donde, a propósito, se puede votar pero no hay rendición de cuentas. De hacer esto la ciudadanía está más expuesta a los embates de un demagogo que en otros donde los partidos son responsables y pueden articular mejor las diversas posturas sociales.
Aprecio la cita de mi artículo. Te invito a ver más materiales en mi página: http://www.fernandodworak.com y en el grupo “Por la representatividad democrática. Reelección en México” en Facebook.
Doy la bienvenida al debate, pero conociendo bien los elementos que se están discutiendo.
Saludos,
Fernando Dworak
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Muchas Gracias por su comentario, y por visitar esta página. Así también por ampliar sus comentarios por mi cita. Continuaremos el debate en estos días y desde luego esperando la suma de más opiniones y argumentos para enriquecer nuestros puntos de vista. Un saludo.
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Estimado Toño,
Adicionalmente creo que otra cuestión a resolver es el contubernio de los partidos políticos con los medios de comunicación. Desgraciadamente nuestro México sigue siendo un país donde lo más visto son las telenovelas y el futbol, y éstas se encuentran en manos de dos personas que se ofrecen al mejor postor, y hay quienes pagan por ello. Mientras estas alianzas perversas no sean descubiertas y sancionadas el tema de la reelección no resolverá el verdadero problema, solo se generaría una guerra de publicidad (vease el caso de Henry)
Saludos y felicidades
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Estimada Laura:
El actual sistema con no-reelección es el más propicio para que los medios tengan predominio por dos razones:
1) Cuando los partidos carecen de incentivos para hacer trabajo de base y consolidar sus estructuras al no tener diputados, senadores y alcaldes que respondan a los intereses de sus poblaciones, tienen que recurrir a los recursos de la mercadotecnia con más intensidad que en otros países. Eso hace que los dueños de los medios tengan un enorme poder.
Tengo algo al respecto en estos links: http://estepais.com/site/?p=26458 y http://www.cidac.org/vnm/pdf/propuestas/reelecciondeloslegisladores.htm
Otra vez, la reelección por sí sola no va a destrabar el problema. Pero ciertamente vamos a perpetuarlo si insistimos en mantener el actual sistema.
2) El cabildeo es opaco. En democracias con reelección inmediata (esto es, todas salvo la nuestra y Costa Rica), las relaciones entre legisladores y grupos de interés son estables e implican alianzas a largo plazo. Esto genera incentivos para la transparencia y la confianza entre los actores. Cuando el cabildeo genera corrupción o acusaciones de la misma, los primeros en renunciar son los legisladores involucrados. Y esto no se da porque tengan “vergüenza”, sino porque pierden de automático el apoyo en sus distritos.
Al contrario, cuando no se dan estas condiciones, los grupos de interés saben que tienen que empezar desde cero cada tres años con sus cabildeos. Esto genera incentivos para que, si desean hacer cambios, usen todos los recursos que tienen – incluída la corrupción. ¿Qué pasa? Los legisladores no son responsables y por ello se dejan corromper.
Caso paradigmático, la tan traída Ley Televisa. Todos hemos escuchado, aunque no tenemos evidencias reales, de acusaciones de corrupción durante las negociaciones que tuvieron lugar hace varios años. Y ahora el debate es usado por los senadores como un instrumento de chantaje frente a las televisoras, aunque es urgente hacer cambios.
Por otra parte, los famosos “telediputados” ya descubrieron que no pueden hacer gran cosa: las decisiones importantes están a manos de las dirigencias políticas.
Insisto: la no reelección por sí misma traerá cambio alguno. Sin embargo, de insistir en mantenerla faltarán incentivos para trabajar lo demás – como querer cachar una pelota de beis con un guante cerrado.
Saludos.
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(comentario sin acentos)
Antonio:
Definitivamente la reeleccion es un tema que debe debatirse ampliamente en nuestro pais. Genial que, entre tantos temas coyunturales que se discuten estos dias, comentes el de la reeleccion.
Mi opinion:
Totalmente a favor de permitir la reeleccion consecutiva de legisladores y alcaldes. Las ventajas que se logran con este cambio institucional son conocidos, asi que no vale la pena repetirlos, pero pueden, a la larga, traducirse en un ambiente legislativo que tome la responsabilidad de emprender las llamadas reformas estructurales.
Y con mucha razon, hay quienes advierten que la reeleccion por si misma no puede hacer el trabajo de volver indisciplinados y de profesionalizar a los funcionarios electos, y de favorecer la rendicion de cuentas. Lo ha dicho Fernando Dworak en diversas ocasiones.
Lamentablemente, la palabra reeleccion tiene una carga emocional historica asociada a la dictadura porfiriana. Quienes se oponen a la reeleccion consecutiva, temen que los politicos se perpetuen en el poder y se genere una dictadura. (Algo que resulta paradojico, ya que la reeleccion permitiria evitar a los politicos indeseables y mantener a los deseables).
Por otro lado, ¿como hacer entender a un ciudadano decepcionado, que la permanencia prolongada en un cargo publico no necesariamente significa que tenga mas poder o que se convierta en un dictador?
Son precisamente contra ese y otros temores que tiene la mayoria de la ciudadania, los que hay que legislar antes de permitir la reelecion. Hay que obligar a los funcionarios a rendir mayores cuentas; hay que imposibilitar a las autoridades a desviar recursos y obligarlos a ejercerlos responsablemente; hay que reducir el financiamiento publico a partidos y reglamentar el financiamiento privado. Hay que fortalecer el trabajo de comisiones en el legislativo. Hay que vigilar que el uso de recursos y programas gubernamentales no tenga intenciones ni implicaciones electorales. Hay que cortar el interes de los medios de comunicacion en la politica y en las elecciones. Hay que normar el cabildeo y la gestion de intereses en el Congreso. En fin, no es dificil pensar en los muchos diseños legales y artimañas institucionales que vulneran el sistema de eleccion de representantes populares, y sobre los que urge establecer una legislacion adecuada.
Si la permision de la reeleccion legislativa consecutiva no esta acompañada de una cambio sustancial en el sistema electoral, corremos el riesgo de no solo no mejorar la representacion politica, sino de agravarlo aun mas.
Saludos, JL
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Estimado José Luis:
Muy buen comentario. Aquí lo que puedo decir es que, si le dejamos el diseño de instituciones a personas que no tienen la suficiente experiencia y no están ahí para darle seguimiento a lo que pactan, las soluciones nunca serán óptimas.
Quiero tocar el tema de las comisiones. En la LVI Legislatura de la Cámara de Diputados (1994-1997) había 39 comisiones. Durante la LVII Legislatura (1997-2000) hubo un importante ejercicio de replanteamiento y fortalecimiento de comisiones y se redujo el número a 23. Hoy día tenemos 44: más que en la LVI, cuando todavía gobernaba el PRI la Cámara.
De manera similar, en el Senado existían 42 comisiones durante la LVI Legislatura. Para 1997-2000 se redujoel número a 29. Hoy se tienen 56.
Un elevado número de comisiones aumenta el costo de oportunidad para atenderlas, y hace confuso el sistema al traslaparse funciones. Sin embargo, si no hay incentivos para la profesionalización seguirán siendo coto de poder partidista.
Otra vez, la reelección no traerá el cambio, pero la experiencia ha demostrado que no han funcionado las reformas para modernizar al Congreso sin antes contemplar la reelección.
Tengo uno documento sobre la reforma al Congreso, donde hablo esto: http://www.fernandodworak.com/www.fernandodworak.com/Ponencias%20y%20conferencias_files/Ponencia%20AMEP%20Dworak.pdf
Podría hablar sobre cada uno de los temas. Ya Antonio puso el link en su texto donde hablo del sistema electoral.
Te dejo mi correo si deseas más información: fernando@fernandodworak.com
Me gustaría decir que se pueden hacer todas las cosas que se desean hacer antes de la reelección. Sin embargo, la experiencia a 12 de tener un Congerso plural ha demostrado que no es factible.
Saludos,
Fernando Dworak
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Una cosa adicional:
Como también señala Antonio, enfrentamos un mito político. Esto es, un relato generado para legitimar a un sistema de dominación. No es malo que existan los mitos. Es más, son necesarios. El problema se presenta cuando un mito ya no sirve para generar la eficacia que se desea.
El problema de la no reelección es que fue un mito que seguimos arrastrando. Soy el primero en admitir que toda reforma institucional traerá efectos deseados, inesperados y hasta indeseados. Sin embargo cada uno de los argumentos que se han presentado no tienen un sustento real: tan solo son confirmaciones del mito. Y si no lo cuestionamos como lo que es, sólo terminamos sirviendo al grupo que lo formó: al PRI.
Por eso la importancia de discutirlo.
Saludos.
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