El mundo se levanta con una gran sorpresa. La Academia Sueca y demás presentadores han decidido ya quienes serán los premiados al Nobel y existe un galardón polémico, casi infundado, dividiendo la opinión y desatando la crítica sobre el designado por el Comité Nobel Noruego: Barack Obama ha ganado el Premio Nobel de la Paz.
Rimbombante y magnánima ha sido la decisión del Comité Nobel del Parlamento Noruego hacia el Presidente Norteamericano en funciones. Opacos y parapléjicos los argumentos por los cuales se ha merecido el premio: “…extraordinarios esfuerzos para fortalecer la diplomacia internacional y la cooperación de los pueblos”. Sin más, con mucho más marketing que acciones reales y concretas, la propaganda propiciada, aprobada y comprada por los legislativos noruegos ha cundido su irreversible efecto en tal aprobación.
Obama, el presidente de color que ha sorprendido a muchos por el virtual cambio de la política exterior de los Estados Unidos, que ha mejorado relaciones con muchos de los países antagónicos al mundo libre y que, pregona abiertamente un anti belicismo con ciertos matices maquillados, logró arrebatar el suspiro y conmover con ello una crucial decisión que a la vez puede parecer un insulto a muchos pueblos.
Y sucede que, tras anuncios y anuncios de paz –que ciertamente tienen una gran importancia- las tropas Norteamericanas en Irak y Afganistán siguen incinerándose en una guerra ajena; que los presos políticos de Guantánamo siguen encerrados y que la policía del mundo anda por el orbe en su tradicional trabajo.
Los esfuerzos que Obama ha realizado por lograr lazos entre los pueblos, por pacificar a un mundo convulsionado, no son para nada despreciables y difícilmente podrían ser criticados salvo por su tibieza. Debe rescatarse totalmente la actitud y el enfrentamiento que Barack ha mantenido con los conservadores de su país, la manutención de esperanza que ha logrado en muchos ciudadanos del mundo y la inmensa popularidad que ha sembrado en todos los países; pero, la simple actitud no merece y mucho menos realiza.
¿Qué tanto podría esperarse de un Comité Nobel que jamás ha respondido a los esfuerzos de quienes debería?. Políticamente el Parlamento Noruego se ha ganado las mejores relaciones con Washington, a costa de la despreciable fama que esos Premios se han ganado a lo largo de su historia.
Un esfuerzo de gran tamaño y repercusión es quien debería apropiarse de Premios reconocidos como el Nobel y no el simple merecimiento de popularidad o el sueño hablado de un mundo mejor.
Más en: http://criticapura.com/el-humor-sueco/2009/02/

El mundo se levanta
Pues será América, en Europa ya no era de mañana y en Asia ya la gente estaba haciendo planes para la noche, hay que pensar global, si, fue una sorpresa, pero en esa introducción nos damos cuenta de lo ensimismado de tu visión.
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