
Creo que para nadie aquí ya es novedad la noticia del detenimiento de “el popeye” presunto implicado en la balacera que, tuvo como resultado la muerte del entonces cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo. En estas mismas páginas, Germán Petersen http://criticapura.com/2009/07/posadas-y-la-derecha/, nos recuerda el mencionado detenimiento, pero quisiera hacer algunas anotaciones sobre su agudo análisis que me parece parcializa un asunto que, después de 16 años sí sigue siendo relevante para entender la dinámica política de nuestro país.
En el momento que una opinión está parcializada por la ideología del autor, tiende a excluir algunas de las variables fundamentales de un caso concreto. Estoy convencido de que hoy, las teorías conspiracionistas, aunque interesantes, aportan poco a la discusión de temas trascendentes. Reducir un caso como el del cardenal Posadas Ocampo a una intentona de “la derecha” y “los conservadores” por ganar una partida mediática, es equivalente a pensar que seguimos en el siglo XIX en la constante pugna entre conservadores y liberales. Si bien puede parecer, a la distancia, irrelevante la verdad histórica y jurídica de los hechos; podemos asegurar que se trata de algo más que un complot minoritario para ganar partidas locales.
Analizando los reportes de la época, es claro algo que no hemos superado, independientemente de la corriente ideológica del grupo, la corrupción del Estado mexicano; que ha cancelado toda posibilidad de progreso real en estos 16 años. De derecha o no, la sociedad en su conjunto, organizada, nunca exigió cuentas, avaló culpables fabricados, aplaudió electoralmente crímenes de Estado. Ese es un tema de fondo, no hemos podido superar el sistema priísta de corrupción ultranza, y por el contrario tras la alternancia partidista, continúa tan fuerte como en los años del procurador Carpizo. Porque no es un grupo específico el que parece exigir justicia, somos todos los mexicanos sin distingos.
Los mismos ciudadanos, que le dieron la espalda al proceso electoral por considerar que no han sido representados, son los mismos que no sólo exigen esclarecimientos de la magnitud del caso Posadas, Ruiz Massieu y otros, sino los que hoy cuentan con instrumentos eficaces en materia de transparencia y que estan impulsando avances en la rendición de cuentas. La reflexión que nos permite que un hecho ha ocurrido hace años, nos da la oportunidad no de acotarlo sino por el contrario desentrañar sus significados. Está el libro blanco y otras investigaciones que efectivamente nos dan una luz distinta de la versión oficial confusionista. Sin embargo el fondo no ha cambiado, porque esa misma corrupción que llevó a enterrar este asunto, es la misma que enterró a 48 niños en Hermosillo y es aquella que tiene cientos de funcionarios que cobran en las filas del narcotráfico; es esa que sigue promoviendo contratos a modo con ganancias millonarias a costa de nuestras contribuciones, o la que puede hacer maravillas cuando un gobernador se enfrenta a una periodista.
Hoy no hay una fuerza antihegemónica articulada, en la realidad, vimos como a pesar de las diferencias ideológicas de los partidos, en los hechos actúan con el mismo pragmatismo. La reforma constitucional que “restituyó” al clero en el 93, en la realidad lo que reconoce es un derecho humano: la libertad de culto. Hoy somos los ciudadanos, quienes debemos pronunciarnos por conminar a personajes corruptos sin importar si usan recursos públicos para convenciones “democráticas” o despachan en alguna Secretaría de Estado, todos ellos deben de rendir cuentas, pero debemos de exigirlo nosotros, vigilaron, obligarlos a que asuman sus responsabilidades en el rumbo o fracaso de México. No se trata de buscar culpables o edificar mitos, ni crear santos inexistentes como bien apuntaba Schulenburg. Se trata de todos sin distingos hacernos corresponsales del destino del país y darle un rumbo más claro del que tiene.
Termino con una reflexión de Denise Dresser:
Los mexicanos quieren despertar en un país donde el Presidente ejerce el poder en vez de rehuir su ejercicio, aprovecha el resto del sexenio en lugar de contemplarlo, sabe cómo encarar los próximos tres años y no solo ruega para que pasen con rapidez. Quieren amanecer en un México donde se lucha por el poder pero no a costa del país, donde los políticos pagan el precio de sus errores en vez de cobrárselos a la población, donde quienes se dicen líderes se comportan como tales. Quieren despertar y leer que así es y así sera. Quieren despertar en un país mejor.
Antonio:
No acabo por entender plenamente tu punto. Empiezas por criticar mi análisis presuntamente truqueado, después hablas de cómo los anulistas piden que se esclarezan los crímenes de Posadas y Ruiz Massieu (soy anulista, miembro de la Asamblea Nacional Ciudadana y este punto no me suena familiar) y terminas con una cita de Dresser sobre los sueños de los ciudadanos mexicanos. Me perdí en el medio. No obstante, intentaré responder fincado en lo que logré comprender.
Para empezar, coincido en que puede imperar un tono “sospechosista” en el texto. No obstante, al tratarse de la derecha y, sobre todo, de algunos sectores ultra, esto es casi inevitable. Así lo constatan los trabajos de la Dra. Renée de la Torre (CIESAS-Occidente), el Dr. Juan Manuel Ramírez Sáiz (ITESO) y el Dr. Fernando M. González (IIS-UNAM).
En ningún momento reduje el caso de Posadas -como afirmas- a una “intentona de ‘la derecha’ y de ‘los conservadores’ por ganar una partida mediática”. Lo que hice fue centrarme en una vertiente del tema que nunca explicité como la única. Sé que hay fenómenos políticos, históricos, sociológicos, eclesiológicos y de todo tipo alrededor de este asesinato. Sin embargo, abarcarlo todo en un artículo de 600 palabras resulta imposible. Por eso precisamente señalé que “Ni la verdad jurídica ni la histórica me resultan relevantes en este momento. Paso por alto si el asesinato fue producto de una confusión o, por el contrario, fue intencional y muy probablemente de Estado”. Los temas, lo sabes, hay que limitarlos para desentrañarlos. Por ello, me centré en sostener que la derecha no va tras el esclarecimiento del caso Posadas motivada por una devoción por la justicia, tal como pretenden hacernos ver. Su interés -opino- tiene otro tipo de motivaciones que se relacionan con la obtención de mayor poder e influencia. La verdad histórica y jurídica son relevantes para algunos fines; no obstante, no los consideré importantes para hacer un análisis sociológico de la movilización de la derecha en el tema Posadas. Elecciones de investigador que creo acertadas.
Concuerdo contigo en algunas de las observaciones que haces hacia el final. No obsante -y perdón si es por incapacidad mía- no las ubico relacionadas con el tema que pretendí abordar. Yo digo: derecha, interés, poder, Posadas, canonización. Tú terminas diciendo: no impunidad, no corrupción, fortalecimiento ciudadano, país mejor. Yo voy a qué motiva a la derecha para actuar como actúa en el caso Posadas; tú te centras en qué nos toca hacer a los ciudadanos en la democracia. Me parece que estamos en temas un tanto distantes. Aun así, no creo que señalar a grandes rasgos cómo opera la derecha en un caso específico se contraponga con los sueños dresserianos de un País mejor.
Te agradece tus comentarios,
German Petersen.