Por fin, ¿Libres de tenencia?

El impuesto de la tenencia de vehículos, que desde los años 60 fue propuesto y aplicado por la administración federal de Adolfo López Mateos para subsanar los gastos generados en la organización de las olimpiadas de la Ciudad de México, nació en un supuesto de temporalidad en el cual, después de subsanar los problemas económicos de la justa olímpica, desaparecería, lo cual, no sucedió por la clara representación de un jugoso ingreso para las arcas del Estado mexicano, y que hoy en día corresponde un importante porcentaje presupuestal para Estados y Municipios.

El anuncio de Calderón sobre la eliminación del impuesto de la tenencia en automóviles cuyo valor sea menor a los $250,000, es una gran noticia para el sector de la sociedad que posea autos de costos menores o de antigüedad no mayor a 10 años. Propuesta de campaña del líder del Ejecutivo, también cumplida tardíamente después de 3 años.

Tal medida, buena después de todo, requiere de una firme reflexión en la representatividad que la tenencia tiene en el ejercicio fiscal de la Federación, cuyos recursos generan a las Entidades federativas cerca del 20% de la recaudación de impuestos y, definitivamente, de vital importancia en la repartición para las haciendas municipales.

Es, desde cierto lugar, un anuncio electorero plenamente en la estrategia política de su partido, Acción Nacional, para la obtención de un resultado favorable. Dadas las encuestas, la línea de votos predominantes que éste año arrojó con una muestra preferencial totalmente dirigida al PRI; difícilmente tendrá un cambio radical que favorezca la intención del votante para el partido en el poder.

Habrá que estudiar detenidamente el mecanismo que debe implementar el Gobierno Federal que suplirá a la tenencia: Ya sea con un nuevo impuesto, el aumento de otros o simplemente atender la propuesta obligada para subsanar el ingreso que, posiblemente, desaparecerá totalmente para diciembre del 2011.

Después de la tenencia, Calderón debe cumplir sus demás propuestas: La creación de empleos, la baja en el costo final de diesel, gas y gasolina. El mandatario no debe obedecer circunstancias electorales, sino las necesidades que aquejan al país.

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