El debate es sano para asegurar las instituciones, para ejercer la influencia de sus ideas y para acrecentar la pluralidad en los círculos que las gobiernan. Es necesario para que se formulen los planes de acción y se ocupen de las necesidades primarias de todas las organizaciones, dando así pie al cabal cumplimiento.
El debate, de igual forma, es la más poderosa de las armas políticas para acentuar las diferencias y para evidenciar a los adversarios de una forma básica y concreta, conceptuando los detalles para pacificar o enfrentar la guerra ideológica.
El debate en torno a la Universidad de Guadalajara, entre sus líderes Mtro. Carlos Briseño Torres y Lic. Raúl Padilla López, ha generado un ríspido conflicto cupular que estriba en las claras diferencias entre ambos grupos políticos al interior de la UdeG, mostrando el juego de poder o de sucesión y apertura que la Universidad necesita para su fortalecimiento. Ha lugar entonces al inminente debate que ha cerrado filas en torno a las diferencias marcadas que al día de hoy han generado un drástico cambio en las estructuras universitarias.
Debe mencionarse que la política Universitaria, especialmente la de UdeG, tiende a ser un género especial dentro de la misma, obligada por las circunstancias y sus actores a mantener un perfil único dentro del Estado: Sus protagonistas, letrados en su mayoría y conocedores del vaivén científico y cultural, tienden a ocupar posiciones más detalladas y acordes a lo desplayado, a lo que se manifiesta y a lo precedente, a diferencia de la política partidista donde la situación transita efímeramente en el traslado de las negociaciones.
Muchos le llaman “política fina” a la Universitaria por sus acciones y por lo comentado anteriormente: las situaciones generadas al interior se definen y se debaten en casa, sin alzar el acaloramiento precedido a la confrontación. Así ha sucedido. La “grilla” de la Universidad no alcanza para ajenos, ni tiene apertura y es cíclicamente cerrada. Se preceden las luchas y las confrontaciones, no permite a la especulación: todo tiene una razón de ser, la piedra lanzada ha sido planeada y se sabe con certeza el desenlace de ello.
El otorgamiento de poderes y las prerrogativas que atienden a los funcionarios universitarios son atenuantes a la capacidad de valoración. La política universitaria esta por demás, politizada… si se encontrase algún núcleo especializado en la política y se dirimiese el debate universitario en el, carecería de justificaciones para concretizar los puntos comentados. La Universidad representa a la política más científica y más fundamentada que se practique en Jalisco. Desde los órganos que la gobiernan hasta las diferencias en sus organizaciones estudiantiles y entre los alumnos mismos. El poder que ejerce en todos los ámbitos representa la subasta de su precio.
El botín que representa la Universidad de Guadalajara, es por demás, el más ambicionado por todas las clases políticas de Jalisco: representa el círculo de mayor cultura y un poder trascendental en las decisiones del Estado. Es por ello, que hoy por hoy, la lucha encarnizada forjará un destino para la entidad: por un lado, darle frescura y una nueva identidad a la Universidad para su desarrollo institucional, acrecentando la inversión educativa; por el otro, continuar estoicamente con el cacicazgo de dos décadas y fundamentar regiamente su poder para los años venideros.
Hay vacaciones en la Universidad, y ahí se medirán las consecuencias que puedan solucionar los conflictos en la máxima Casa de Estudios de Jalisco.
