
Hoy, fue un día particularmente violento dentro de nuestra nueva cotidianeidad inaugurada con la llegada de Felipe Calderón a la Presidencia de la República. Una de sus primeras acciones de gobierno, fue declararle sin tregua la guerra al narcotráfico y al crímen organizado. Hay que puntualizar que su anuncio fue apegado a la realidad; dijo claramente que sería una guerra larga y que costaría muchas vidas.
Entendió su facultad constitucional como jefe supremo de las fuerzas armadas y, ante la poca capacitación del cuerpo policiaco federal, sacó el ejército a las calles. Se estableció que sería solamente un periodo, que sería usado para reformas y capacitación de la Policía Federal. El tiempo sigue corriendo y el ejército sigue en las calles, ya puntualizaba que vamos cerca de 13 mil muertos, hemos superado ya a la Guerra del Golfo en los noventa.
Organizaciones internacionales de derechos humanos y la propia CNDH, han señalado y documentado numerosas violaciones a los derechos humanos por parte de las fuerzas armadas. Hoy los militares, quienes son los garantes de la soberanía del Estado mexicano, violentan comercios, talleres o casas de inocentes por la simple presunción de que se cometen los delitos que combaten. Sin duda, su acción ha sido fundamental para desarticular bandas, desarmar redes, exhibir corrupción de funcionarios, pero la afectación de civiles inocentes no debe estar nunca en la agenda.
El consenso político con el que inició esta guerra, hoy se está fracturando, distintos liderazgos han puesto sobre la mesa la revisión del papel de los militares en esta batalla. Ha pasado suficiente tiempo para que las fuerzas policiacas hoy puedan luchar de manera efectiva contra el crímen organizado, y el ejército listo para volver a los cuarteles.
No podemos negar la importancia de la lucha, pero ¿cuántos muertos más?. Debemos los ciudadanos exigir cuentas y costos claros de esta guerra y debemos conminar a las autoridades a replantear los mecanismos para instaurar el estado de derecho. De lo contrario, nos veremos cada vez más indefensos ante el ejército que debe defendernos. Hoy nos puede tocar a nosotros: inocentes, en nuestro trabajo, casa o taller y estaremos avalando violaciones a nuestras garantías individuales a costa de nuestra seguridad. ¿Cuántos muertos más?
Justamente eso me acaba de pasar. En una casa de una tía que está desocupada y en la que montamos un taller, llegaron los militares; alegando que era una casa de seguridad; y catearon sin saberlo nosotros y sin avisarnos. Al otro día, aún sin saber nosotros lo que había pasado, nos llega la noticia de lo que pasó, al llegar a la casa encontramos un desmadre y algunas cosas que faltaban.
No me parece justo que no haya manera de reclamar o poner una queja, o no se me hace justo que hayan entrado sin saberlo nosotros y sin que nos hayan avisado que lo hicieron… ¿que podemos esperar? La verdad estoy en total desacuerdo con esa manera de proceder. no se me hace justo para nadie.
¿De acuerdo o en desacuerdo?
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