Al compás de Moonlight Serenade de Glenn Miller, con un trago de whiskey y le lectura de las Memorias del Subsuelo de Fedor Dostoievsky, en el advenimiento de la noche buena, las reflexiones manan como petróleo en el golfo de México y como tal, superfluas y no renovables, corresponden negras a su propia naturaleza.
Hay que ser optimistas y en un grado sobrehumano intercambiar las buenas esperanzas entre las interminables guerras y los conflictos ideológicos para intentar sobresalir a la conciencia, juez imperdonable que sopesa las acciones y conforta al espíritu.
En un pequeño almanaque de los hechos del 2008 se refleja la interminable historia del hombre: la impostergable lucha de mantenerse en supervivencia al grado del exterminio, ora ocupando las posesiones del ajeno, ora sorprendiendo con la tremenda agresividad para imponerse en su pensamiento, ora simulando un mundo ajeno e inexistente.
Considerando nuestro comportamiento pasado, actual y alquímicamente refiriéndonos al tiempo futuro, podrá entreverse la posibilidad del intercambio continuo de ferocidad y de introspectiva hilarante que hará someternos a la buena conciencia del exilio en el pensamiento, consistiendo para mal de todos en el juicio ajeno de los dogmas o de las creencias impuestas.
No puede ser así, no debe ser así. Nos corresponde evitar lo inevitable, crear lo benéfico y destruir los lastres y yugos que se han compuesto a lo largo de milenios de historia, de millones de paradigmas subrayados por abyectos e inequívocos predicadores de la hipocresía: todo mundo comienza en la libertad, todo universo termina cuando ésta se erradica de la mente humana. La libertad es la promesa que hace del hombre un ser digno para habitar todo.
Habiendo resultado una crisis impermeable en todo aspecto de las sociedades, puede semejarse el reiterado apocalipsis de todas las culturas. El consuelo básico suele evocarse en la incontenible sed del humano para pensar, para dirigirse al progreso de la conciencia y emancipar de ella la ignorancia. No puede existir quien en plena mediocridad y en honesta aceptación de las situaciones bordeadas, acuñe el terminal deseo de corresponder lo mismo para los que vendrán. La obligación del hombre por natura al entorno que habita es resolver en su capacidad un futuro que pueda beneficiar al futuro sin miramientos.
Sin más y deseando superación, ¡felices fiestas!.