Entre declaraciones, imprevistos y madruguetes.

Se cumplen 81 años del PRI, aniversario con sede en la perla tapatía donde se reunieron los líderes cupulares y la fiesta de la “revolución” ameniza, en tono triunfal y glorioso, lo cercano de una elección próxima con alcances encomiables al dinosaurio que crece.

En pleno festejo, en mitad de la embriaguez y el consenso priísta a nivel nacional, una nueva marejada política se avecina para entorpecer el desmán existente en la República: un nuevo documento que reitera la precaria honorabilidad y el decaído prestigio de, nuevamente, un presidente nacional del PAN sin escrúpulos y palabra verdadera cual moneda de tres pesos, un Secretario de Gobernación digno ante las perspectivas y adversidades que el anterior le ha minado, y una presidenta nacional del PRI que, a pesar de la fortaleza pretendida y de los acuerdos generados, pretende utilizar los medios oscuros de la negociación parricida “por debajo del agua” para escoltar intereses, igualmente, claroscuros; y del PRD, ¿qué decir? Al margen, traicionados por si mismos y, desgraciadamente, cegados de la interminable torpeza que siempre los caracterizará.

¿Qué pretensiones busca César Nava, presidente nacional del PAN? No concibo materializar que, quemando la casa del vecino, teniendo la mía en llamas, pueda ganar tácticamente a ese nivel. La temática de los asesores del PAN, aplicados desde la campaña presidencial con base en el terror, han encontrado como única solución al embate priísta una política mediática de destrucción enfocada a desbaratar la posibilidad presidencial de Enrique Peña Nieto y de la líder nacional Beatriz Paredes.

La anulación de acuerdos entre dirigencias nacionales no puede más que demostrar la poca honorabilidad de Nava, revistiéndolo de la fiabilidad de un secuestrador de muy bajo nivel.

¿Qué lugar le acomoda a Beatriz Paredes en el nuevo escenario? Sorprendentemente, con los acuerdos “debajo del agua”, la dirigente nacional del PRI remueve los viejos miedos y temores y revive los antiguos y poco democráticos escenarios de la vieja escuela priísta, dejando al margen a varios cuadros de ese partido en negociaciones, públicamente poco consensuadas, de otros líderes. ¿Acaso es la palabra y capacidad de Paredes, su elocuencia y decisión, las únicas que pueden negociar a ese precio, con otros partidos, candidaturas y prebendas a favor del PRI?

¿Se alza como héroe Fernando Gómez Mont? No como un héroe, pero sí como un  político de altura, que respeta y corresponde acuerdos, aunque “por debajo del agua”, en el que se puede confiar y sobreponer a los estropicios de sus compañeros.

¿Perredismo sin pies ni cabeza? Y sin compostura, al margen, sin protagonismo y atrincherados en la cerrazón de raciocinio. Ojalá que tal experiencia, de negociar con quien negocia ante el enemigo, sirva para acicalar posturas y reorganizar bases, fundamentar ideologías y, sobretodo, obtener una porción de dignidad, que realmente les falta a los tres partidos.

De la democracia participativa a la democracia gubernamental

Por José Luis Muñoz Gill (en twitter @joselmg)

Texto para el foro ciudadano convocado por ANCA.


El día de hoy, quiero invitarlos a hacer un ejercicio de reflexión. Quiero que tratemos de recordar cuál es la definición de democracia ¿Qué es la democracia? Es una pregunta sencilla, pero de respuesta complicada. La definición de democracia parece haberse logrado y consensuado hace más de dos mil años. Pero hoy en día, merece que le demos otros matices más profundos y más amplios ¿Por qué? Lo podemos plantear de la siguiente manera: pensemos en la definición de democracia.

Algunos definirán democracia, al sistema político donde los dirigentes políticos y/o gubernamentales son electos por la mayoría. Otros, responderían que un sistema democrático es donde prevalece el principio de que una persona equivale a un voto. Otros, evocarán a la democracia según su definición etimológica, el gobierno del pueblo. Otros más, coincidirán en que la democracia se define bajo todos las ideas anteriores. Pero nomás.

Creo que no hemos ampliado el concepto de democracia hasta el día de hoy, y ello representa un riesgo muy grave. La definición de democracia, el día de hoy, es insuficiente. E incluso peligrosa. El peligro aquí, es que hemos reducido la democracia a un plano meramente electoral.

La democracia de hace dos mil quinientos años, y la de hoy son, han sido, una democracia electoral. Recordemos que Adolfo Hitler llegó al poder a través del voto mayoritario del electorado alemán. ¿Quién se atreve a decir, hoy, que el Führer era democrático? Si nos apegamos a nuestra definición de democracia, tendremos que aceptar que Hitler era un demócrata, pues fue electo por los alemanes, legalmente y con la legitimidad que le dio la ciudadanía de su país. Y eso, es inaceptable hoy en día. No podemos correr el riesgo de que nuestros sistemas electorales permitan la existencia de gobiernos no liberales. Y digo, liberales, porque precisamente eso es lo que le falta a la democracia que debemos predicar en el mundo contemporáneo. Y hablo del liberalismo en el verdadero sentido y definición de la palabra.

Creo que una democracia no debe ser sólo un sistema de elección de los gobernantes. La democracia debe, una vez instalados y legitimados los gobernantes, permanecer y permear en el gobierno. El gobierno también debe ser democrático. Es decir, también los ciudadanos deben tener la facultad y los mecanismos para tomar decisiones en el plano gubernamental, no sólo en el electoral.

Por ello, invito a hacer una reflexión sobre la incorporación del liberalismo, a la doctrina democrática, para que sea una definición completa.

¿Por qué hago esta observación hoy, aquí? Muchos de nosotros estamos aquí para reclamar y exigir un sistema político que mejore la rendición de cuentas y la cercanía ciudadana. Otros, están aquí para reclamar y exigir un diseño institucional que permita empoderar a los ciudadanos. Otros más, están aquí para reclamar y exigir mecanismos que mejoren el trabajo del ejecutivo y el legislativo.

Yo reclamo y exijo todas esas causas. Pero no quiero sólo exigir una mejor democracia electoral, o una mayor apertura a la ciudadanía en los procesos electorales o políticos. Quiero pedir, reclamar y exigir dos cosas, que por supuesto, van de la mano: Por un lado, que el gobierno aplique los principios del liberalismo posmoderno. Y por el otro, que la democracia participativa se extienda al gobierno. Es decir, que la ciudadanía no sólo elija a sus gobernantes, que no sólo tome parte en la política, como lo pretendemos algunos aquí, sino que además, la ciudadanía también tome parte en las tareas gubernamentales.

Lo ideal sería que la democracia tomara como principio, el liberalismo: el respeto a los derechos individuales, de minorías, y de las libertades de cada uno de ellos. Sólo con esta adición a la democracia, podremos evitar otra catástrofe como la del exterminio nazi, que emanó de un sistema electoral democrático. Electoralmente fue democrático, pero gubernativamente no respetó los derechos y libertades liberales.

Sólo con esta adición podemos tener un gobierno en México, que respete los derechos y libertades de la comunidad LGBT. Ejemplos de gobiernos democráticos sin rumbo liberal sobran en el mundo contemporáneo.

Y la segunda idea gira en torno a la creación de una forma de participación ciudadana en el gobierno. Los ciudadanos no sólo queremos ser candidatos, o tener más vínculos con nuestros gobernantes. También queremos tener tareas junto con el gobierno. También queremos ser cogobierno. También queremos aportar nuestro granito de arena, en aquello que los gobernantes NO han logrado hacer.

Tan sencillo como lo siguiente: queremos un gobierno que tenga medios efectivos para canalizar una denuncia ciudadana. Queremos un gobierno que nos brinde seguridad y protección al denunciar a alguien que comete un ilícito.

Queremos un gobierno que tenga instituciones a las cuales podamos acudir a denunciar un caso de corrupción, y que se resuelva. Queremos diputados que realicen iniciativas a partir de lo que le exijan sus representados, y les den voz en el congreso. Queremos canales institucionales para proponer diseños de política pública, y que se tomen en cuenta al implementarse. Queremos presidentes municipales que construyan parques cuando los vecinos consideren que ello es lo que necesitan. Son muchas las cosas que queremos de nuestro diseño institucional, de nuestro gobierno, de nuestro sistema, para que nosotros les ayudemos en su trabajo a los gobernantes. Queremos ser parte del Estado. Entendámoslo de la siguiente manera, y digámoslo de frente: queremos un gobierno que atienda nuestras peticiones de una forma institucional, y las tome como suyas, en vez de tener que hacerlo en la calle, como hoy lo hacemos aquí, sin parecer protestantes o antisistemistas.

Y mientras el gobierno no incluya la participación ciudadana, y además les reconozca sus derechos fundamentales, nunca será buen gobierno, por más bien intencionado que sea.

Iniciativa ciudadana

Por Laura Méndez (en twitter @lauramendez)

Participación en el foro ciudadano convocado por ANCA.


Sin duda el tema de la reforma política no es nuevo, sin embargo, a partir de la presentación de la iniciativa por parte del Presidente de la República, éste ha sido puesto sobre la mesa y provocado un debate entre diversos actores sociales y políticos, tan es así que a la fecha, tanto el PRD con el PRI, han presentado sus respectivos proyectos de reformas políticas en el Congreso.

En nuestro país, si bien hemos superado el régimen autoritario que predominó durante más de 70 años, nos falta mucho para cantar la victoria de la democracia, pero soy optimista y creo que vamos por buen camino.

Debemos comprender que nuestro sistema político ha evolucionado, y en consecuencia, nuestras instituciones deben hacerlo también. No podemos seguir rigiéndonos por las reglas de nuestros antepasados, porque el juego era distinto. Es por eso que ahora a nosotros nos corresponde participar en la renovación de los viejos esquemas políticos.

Esta reforma política que se discute, debe ser ciudadana, incorporar nuestras observaciones y comentarios, enriquecerse con ellos, por lo que aplaudo lo que hasta se ha logrado, y reconozco los esfuerzos como el Foro Ciudadano del pasado 27 de febrero organizado por ANCA.

Sin duda, la reforma política plantea muchos temas relevantes y uno de ellos es el empoderamiento ciudadano a través de distintos mecanismos, entre el referéndum, las candidaturas independientes y la iniciativa ciudadana.

Los mecanismos de participación ciudadana en una democracia son los instrumentos a través de los cuáles los ciudadanos ejercen el poder y se gobiernan.

En teoría, es posible identificar dos grandes mecanismos: los de democracia directa y los de democracia representativa. Si bien en sus orígenes la democracia se ejercía de forma directa, no cabe duda de que desde hace mucho transitamos hacia la democracia representativa, de ahí el origen de los partidos políticos y otras instituciones con las que hoy contamos.

Ahora bien, reconocemos que la iniciativa ciudadana y el referéndum son mecanismos de democracia directa y frente a este tipo de mecanismos se levantan voces a favor y en contra. A favor, por ejemplo, se señala la importancia de incluir la participación directa de los ciudadanos; que reconocen que el electorado debe tener una voz más directa en la elaboración de las leyes; que estos mecanismos alientan la participación ciudadana en la vida pública y que son un arma para equilibrar la influencia de los diversos grupos de presión sobre nuestros legisladores. En contra de estos instrumentos, se les acusa de debilitar el gobierno representativo; de polarizar las opciones políticas; de que se corre el riesgo de llegar a ser controlados por grupos de intereses poderosos y de poner en peligro los derechos de las minorías.

Me parece que las posturas no deben ser tan radicales y se debe reconocer a los mecanismos de democracia directa como instrumentos políticos relativamente neutros, y que como señala Maurice Duverger, éstos tienen que ser evaluados en el marco global de las instituciones de la democracia representativa.

Por lo anterior, me parece que estos mecanismos no son antagónicos a la democracia representativa, sino complementarios. En realidad, constituyen “válvulas de escape” dentro del sistema democrático, ya que permiten abrir canales directos comunicación entre gobernados y gobernantes, expresar sus intereses, e informar a las autoridades sobre sus necesidades.

En el caso particular de las iniciativas ciudadanas, me parece que son en realidad una degradación más del derecho de petición, consagrado actualmente en el artículo 8° constitucional, el cual establece que los gobernados que presenten una petición tienen el derecho de recibir una respuesta por escrito por parte de las autoridades.

Actualmente, son presentadas muchas propuestas de leyes ante el Congreso y la Administración Pública, en su mayoría se trata de organizaciones y ciudadanos interesados en regular, o mejorar la regulación, de algún sector. Sin embargo, dichas propuestas, muchas de ellas valiosas, son guardadas en el archivero, ante la ausencia de un verdadero procedimiento de atención y sobre todo de una obligación de análisis por parte de los órganos ante quienes se presentan. Por lo anterior, el reconocimiento expreso de la iniciativa ciudadana tiene un valor muy importante, pues otorgaría a los ciudadanos certeza jurídica a su ejercicio, como ha sucedido con otros derechos, como el derecho de acceso a la información.

Ahora bien, la siguiente pregunta sería cuál sería la finalidad de la iniciativa ciudadana. A mí me parece que debemos ser cuidadosos con la respuesta, la incorporación de esta figura y la del referéndum no nos llevaría mágicamente a fortalecer nuestra democracia, por lo que creo que debemos dimensionar sus alcances. En América Latina, al menos 13 países reconocen la iniciativa ciudadana como un derecho de los ciudadanos, sin embargo, realmente en sólo 3 de ellos han sido aprobadas legislaciones por esta vía, son Argentina, Uruguay y Colombia.

Es por lo anterior, que pienso que la importancia no radica en el número de leyes que pudieran ser aprobadas por esta vía, sino en la posibilidad de poner un tema de discusión en la agenda legislativa, que ésta sea analizado y discutido, que se generen debates, foros y opiniones en torno a él.

Sin duda, existen temas que deberán definirse en torno a las iniciativas ciudadanas, tales como los sujetos activos, es decir ante quienes podrían presentar las peticiones; el número de firmas que se necesitarán; si el porcentaje requerido se basará en el número absoluto de la población o en el padrón electoral; el establecimiento de un órgano dentro del Congreso para recibir y analizar las iniciativas; el plazo de respuesta; entre otros.

Finalmente, es necesario reconocer un importante problema en nuestro país, la omisión legislativa, y es que los ciudadanos no contamos con el derecho al juicio de amparo por este tipo de omisión de la autoridad, como tampoco la posibilidad de exigir responsabilidad patrimonial por ello; y es que ésta falta del que hacer de los legisladores conlleva, en la práctica, a la pérdida de derechos de los ciudadanos, como pudiera llegar a ser el caso de las acciones colectivas.

Al respecto, recientemente se aprobó en el Senado una iniciativa de reforma constitucional para reconocer las acciones colectivas cuya efectividad dependerá de la emisión de la legislación secundaria

Me parece que la creación y reconocimiento de la iniciativa ciudadana podría contribuir a solucionar este problema, al generar presión para que los legisladores aprobaran las leyes a las cuales están obligados, combatiendo de esa forma la inacción legislativa, que muchas veces parece tan intencional.

En fin, este tema como muchos otros, es un tema inacabado pero que nos motiva a seguir participando en su definición, y en hora buena que existan espacios como este para ello.

Enseñanzas de dos luchas sociales

Alejandro Corona (@acoronab en twitter)

Participación en el foro ciudadano convocado por ANCA.


Buenos días, compañeras, conciudadanos, amigas y amigos

En estos días he vivido simultáneamente los quehaceres de dos movimientos que se ven muy distintos: el de la Asamblea Nacional Ciudadana, la que convoca a este foro y el de la Unión Nacional de Técnicos y Profesionistas Petroleros, la UNTYPP, y ya que hay foro voy a tratar de rescatar algunas enseñanzas de esta doble acción.

La primera: En días recientes me la he pasado en la Cámara, viendo diputados por la lucha que lleva esta Unión de Técnicos Petroleros por no ser aplastados por el STPRM, el sindicato de Romero Deschamps y el propio Pemex. En estas visitas, me ha tocado ver diputados que trabajan fuerte. Incluso podría afirmarse que hay algunos que sí nos representan, en algunas ocasiones. Por lo menos, varios de ellos ya rubrican sus actuaciones con “para eso estamos, para servirlos”. Sin embargo su actuación sigue totalmente dominada por la línea partidista. Me queda claro que la lucha ciudadana principal no puede estar en tratar de modificar su conducta, sino en aprender a organizarnos nosotros mismos.

Una segunda, que es de interés general y que pudimos vivir el 1 de septiembre como ANCA a las puertas de la Cámara: a pesar de sus campañas por parecer más abiertos, necesitas un diputado esperándote allá adentro para que puedas entrar. Los números telefónicos y mails están a tu disposición en internet, pero si tratas de gestionar por estas vías una visita a “tu” diputado para exponer algo al interior de la cámara, si no vienes recomendado, tienes pocas probabilidades de éxito. Claramente, hacen falta dentro de los planteamientos de #ANCA y #DHP(no digamos de los partidos políticos) que esté reglamentado el derecho de audiencia con tu diputado.

La tercera surge de hacer un comparativo de los movimientos ciudadanos como ANCA vs. las luchas sindicales como UNTYPP o Cananea. Uno es un moderno movimiento ciudadano que aspira a la libertad en la diversidad, que no puede pretender constituirse en un núcleo de poder, sino que quiere ser un arcoíris de expresiones, el otro en cambio va por la defensa de la materia de trabajo y requiere cierta conducta unitaria, líderes formales, “jalar parejo”, etc.

Lo que hace la asamblea nacional ciudadana es una lucha social. Lo que hacen los mineros de cananea también lo es. ¿Porqué entonces parecen cosas tan distintas, tanto como que ni ellos saben ni les interesa lo que hacemos nosotros ni a nosotros parece interesarnos mucho lo que ellos hacen?

Acá de este lado, sonrisas, los senadores nos quieren escuchar, los comunicadores más de onda nos entrevistan, el Secretario de Gobernación quiere que lo escuchemos (algo es algo, dirán algunos) quizá no nos harán caso en muchas cosas pero estamos de moda. De aquel lado, caras sombrías, desesperación, determinación, pero la de los dientes apretados, de esa en que se rompe uno la dentadura.

También ellos son recibidos por algunos políticos, pero en general no son los bienvenidos. Sobre ellos pesan amenazas de muerte. De este lado, afortunadamente no he visto ninguna hasta ahora.

Acá usamos twitter y facebook, de aquel lado el volanteo. Acá está el futuro, de ese lado traen banderas de hace más de cien años. De acá para allá, un cierto desinterés, de allá para acá, una cierta desconfianza.

Permítanme un giro en la exposición. ¿Que sigue después de la reforma política? Unos festejarán, otros se enojarán, quizá festejemos 24 horas para luego seguir empujando, porque lo que los políticos finalmente negocien entre ellos y que resultará sin duda por la presión de este movimiento ciudadano reunido hoy en toda la República, seguramente estará lleno de triquiñuelas y de “atole con el dedo”.

La tarea no acaba, incluso con respecto de los puntos que salgan aprobados finalmente, porque habrá que estar atentísimos a los abusos que se quieran perpetrar con los nuevos instrumentos. Así que el que se quiera seguir por esta línea, tendrá mucho que hacer.

Sin embargo, hay otras tareas. Una de ellas es precisamente entender al otro, al de cananea o a otros más amolados aún, el otro 50% de México. En algunas reuniones de ANCA ha habido representantes de organizaciones populares, pero no han regresado, así que reiteramos la invitación a que participen más de éste movimiento, aunque no aprecien frutos tan inmediatos como los que quisieran para sus causas.

Por otra parte tenemos el ejemplo de compañeros como Denise Alamillo, Daniel Gershenson y Jesús Robles Maloof, empapados ya o conociendo de primera mano en la problemática de derechos humanos en el estado de Chihuahua, en Cd. Juárez, viendo por los menos beneficiados de este país.

¿No estará ahí, me pregunto, la llave para cambios aún más profundos en nuestro país?

Acá andamos peleándole espacio a la oligarquía, allá van por el pan diario. De este lado hay una buena dosis de freelancers, de gente que se gana la vida en el sector informático, gente que no quiere instancias controladoras, que se siente a gusto en un ambiente de libertad económica, de aquel hay gente que apuesta a un estado protector, benefactor, que modifique sus condiciones de vida.

De aquel lado (luchas sindicales), no les importa que sus organizaciones no sean horizontales, mientras el pan diario esté asegurado. Sin embargo, no podemos repudiarlas. Esas estructuras, sindicatos, asambleas de barrios, cooperativas, existen para hablar por ellos. Si no, ¿quién lo haría? Esas diferencias en la forma de organizarse y de preferencia por el tipo de modelo económica son raíz de esta especie de fobia mutua de la que hablo y que hay que hallar el modo de trascender.

Como posdata: Una buena acción de los tuiteros fue frenar el impuesto al internet. Quiero pensar que el internet todavía puede hacer muchas cosas por las organizaciones obreras y populares. Una de ellas es facilitar su capacidad de organización y la otra es permitir que algunos de ellos se escapen de ese mundo de estructuras verticales o incluso, que los lleve a organizarse más democráticamente.

¿Qué le falta a la reforma política?

Desde el año 2001, en distitntos momentos de  vida política del páís se han convocado seminarios, coloquios, mesas de trabajo o comisiones para discutir y aportar argumentos para mejorar lo que llaman “la vida democrática del país”.

Nueve años después poco ha pasado, los partidos políticos y sus intereses han propuesto en magníficos discursos llenos de “rotura del tejido social”, “a la altura de lo que México necesita” o “la impostergable reforma”, un cambio real sin embargo,  no han permitido que suceda.

El año pasado, el movimiento del voto nulo, abrió la posibilidad de democratizar el sistema político. El consenso sobre la inutilidad del sistema actual logró poner sobre la agenda temas como el de la reducción de financiamiento a partidos políticos o los medios de democracia directa. De otra manera creo que hubiera sido imposible.

En diciembre pasado el Presidente Calderón presentó una iniciativa de reforma política y con ello se inauguró (una vez más) la ronda de seminarios, discursos o “espacios ciudadanos”; ya sea en el ejecutivo o en el legislativo.

Los “esfuerzos” no son tales, es apenas el cumplimiento de su trabajo.

Las acciones y declaraciones de los partidos políticos nos dejan claro que, probablemente, suceda lo mismo que los últimos nueve años: nada.

Con este escenario, un grupo de ciudadanos integrantes de la Asamblea Nacional Ciudadana, hemos decidido tomar las calles. La intención es facilitar un espacio para que todos los interesados (y no interesados) puedan expresarse respecto a la “reforma política”, para que todos puedan exponer sus argumentos, para que nadie quede fuera de la discusión.

Se hará simultáneamente en las ciudades de Guadalajara, Monterrey y el Distrito Federal.

Te invito a participar, a no quedarte callado, a poner bajo el reflector temas que seguramente no se tomaron en cuenta. Si lo logramos, los 628 integrantes del Congreso de la Unión (500 diputados y 128 Senadores) no podrán decir que “lo hicieron por nuestro bien”, el contraste.

Más información y registro aquí.

En Crítica Pura analizamos con frescura los acontecimientos políticos y sociales de nivel internacional porque creemos que hablar de política no tiene porqué ser aburrido.

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