El pasado 25 de Enero, en la Comisión Europea se presentaron las nuevas directrices de privacidad para la Unión Europea, en las filtraciones de dicho documento vuelve la idea del “derecho al olvido” dentro del paquete de políticas públicas que les parecen razonables en el terreno de la defensa del derecho de la privacidad. Me preocupa porque en nuestro país en cuanto a la tensión (?) entre libre expresión y privacidad nos parecemos más a Europa que a Estados Unidos, Adam Liptak en el New York Times (febrero 2010) hace un recuento de este choque cultural y nos encanta copiar esas ideas que parecen rebuscadas y muy de la bondad.
Encontramos varias cosas en el documento que quizá pudiesen ser útiles en el tema de protección de datos, pero resalta la adición del derecho al olvido. El artículo 17, dará a los residentes de la UE un derecho inalienable sin precedentes para controlar y eliminar los hechos que alguna vez fueron comunicados voluntariamente por el sujeto. Por otra parte, el derecho a borrar cubre todas las publicaciones de la información personal, en el texto preliminar que acompaña al documento a modo de introducción dice:
Para reforzar el «derecho a ser olvidado» en el entorno en línea, el derecho a borrar también debería extenderse de tal manera que todas las copias o repeticiones a disposición del público en los sitios web y motores de búsqueda también debe ser eliminado por el controlador que ha hecho de la información pública.
La Vicepresidente de justicia de la Comisión Europea ha dicho que este nuevo marco legal aplicará en redes sociales como Facebook incluso en la información que voluntariamente hacemos pública de nosotros mismos. De acuerdo al documento existen límites a ejercer este supuesto derecho al olvido, los “límites” propuestos me parecen más preocupantes aun:
Sin embargo, el mantenimiento posterior de los datos se debe permitir que sea necesario para fines de investigación histórica, estadística y científica, para el ejercicio del derecho a la libertad de expresión, cuando sea requerido por la ley, o cuando hay una razón para restringir la tramitación de la datos en lugar de borrarlos.
¿Desde cuándo el ejercicio de la libertad de expresión debe tener un requerimiento de ley previo? Es decir, el lenguaje usado para este supuesto límite me enchina la piel. Las multas propuestas a las compañías que no borren la información que se solicita escalan al 1% de los ingresos de la misma.
No puedo dejar de pensar en el llamado “derecho al olvido” (aquí una entrevista que me hizo el año pasado Mario Campos al respecto) y me sigue sorprendiendo que para muchos parezca buena idea, justamente, dentro de todas las posibles leyes que podrían “arreglar” internet ésta encuentra poca oposición porque se conecta directamente con el lado oscuro del ser humano: los secretos. Qué sugerente resulta la idea de poder borrar lo que no nos gusta de nuestro pasado
Argumentar que internet es una “esfera pública” y al mismo tiempo pretender que lo que ahí circula es parte de mi privacidad no acaba de convencerme como un argumento válido y creo que las consecuencias de impulsar el “derechos al olvido” son indeseables. La información no puede desaparecer al gusto de cada quien, algo que me parece terrible y que quizá tenga más que ver con la “metafísica” del tema es que no podemos jugar arbitrariamente con el recuerdo-vivencia-dicho del otro.
No es un asunto de privacidad, como quienes defienden este supuesto derecho afirman, el legítimo derecho de la privacidad tiene que ver con que los datos y la información privada se mantenga así, el llamado derecho al olvido tiene más que ver con borrar/bloquear información que ya es pública. Peter Fleischer que atiende el tema de privacidad en Google lo explica así:
Cada vez más, la privacidad está siendo utilizada para justificar la censura. En cierto sentido, la privacidad depende del mantenimiento de algunas cosas en privado, en otras palabras, escondidas, restringidas o borradas. Y en un mundo donde el contenido cada vez más está conectando, y es cada vez más fácil de encontrar [..]. La privacidad es el nuevo negro en la moda de censura. Solía ser que la gente invoca calumnia o la difamación para justificar la censura de las cosas que perjudican su reputación. Pero la invocación de la difamación o calumnia requiere que el discurso no sea verdad. La privacidad es mucho más elástica debido a que las reclamaciones de privacidad se pueden hacer aun cuando el discurso sea verdadero.
La privacidad como una justificación para la censura hoy surge en varios debates, distintos pero relacionados entre sí, una: le droit de l’oubli, la idea de que el contenido (sobre todo contenido generado por usuarios en los servicios de redes sociales) se auto-expire, la idea de que la recopilación de datos por las empresas no debe ser retenido más tiempo del necesario, la idea de que las computadoras deben ser programados para “olvidar” al igual que el cerebro humano. Todos estos son movimientos de censurar el contenido en el nombre de la privacidad. Si no hubiera problemas graves en ambos lados del debate, ni siquiera estaríamos hablando de esto.
Si privacy is the new black en la censura (el copyright es ya un clásico, como Chanel) deberíamos de echar un ojo a los enfoques que en otras latitudes se hacen sobre la privacidad, cómo se aborda el tema y elegir de qué lado estamos, enThe Economist un buen recuento.
Todo el tema se puede discutir ampliamente, la privacidad importa incluso cuando no tenemos nada que esconder Daniel J. Solove en su libro Nothing to hide: the false tradeoff between privacy and security explora en casos prácticos de dónde, por qué y cómo es que la privacidad tiene relevancia en nuestra sociedad (después de leerlo dudo que estaría a favor del derecho al olvido). Importa también la libertad de expresión (el enfoque que uso para criticar el supuesto derechos al olvido) e importa el hecho de que la propia noción de lo que es privado y es público ha cambiado por completo con el internet estamos en la era del “publicness” y hay que obtener los beneficios de ello (en diciembre leí Public parts de Jeff Jarvis donde justamente argumenta a favor de compartir casi todo).
Hay cierta tendencia a creer que existe una diferencia infranqueable entre el mundo online y el offline, recientemente la technosocióloga Zeynep Tufekci en su blog hace una analogía entre los bits y los átomos para ilustrarlo. El mundo es uno, cuando hacemos-decimos-dejamos de hacer cosas estos actos tienen consecuencias, en algunas ocasiones de por vida, suena a una ridícula ingenuidad pensar que en “el mundo virtual” podemos borrar nuestro pasado, dichos, posiciones públicas, delitos y sus consecuencias.