#occupywallstreet

Una de las características de este año ha sido la enorme cantidad de movimientos sociales en distintas partes del planeta, esto no es nuevo, sin embargo estas manifestaciones se han caracterizado por ser jóvenes (en su mayoría desempleados y/o con deudas relacionadas con su educación) los que organizan y coordinan acciones para exigir una solución a temas relacionados con la democracia, garantías individuales, educación y seguridad social principalmente.

Aunque también se han identificado en varios de estos movimientos a pensionados y adultos quienes no poseen una fuente de ingreso, o la que tienen se las recortó el Estado; en el listado se encuentran diversos países como Egipto, Túnez, Siria, Chile, España, Grecia, Reino Unido, Estados Unidos.

En prácticamente todas estas regiones, el uso de la tecnología para una organización horizontal y descentralizada ha sido fundamental, y eso ha desquiciado a las autoridades porque buscan líderes dentro de una asociación amorfa, con una capacidad de comunicación tan eficiente y una política callejera (como diría Rossana Reguillo en su narración de lo ocurrido en Wall Street) que les permite tener movilidad y visibilidad ante la sociedad (no solo es la web, también publicación impresa).

Esto sin importar si son o no trending topic en Twitter o si Yahoo Mail bloquea los correos que contengan información al respecto de alguna manifestación, ni si existe una amplia cobertura al respecto del tema por parte de las grandes cadenas de televisión; a pesar de esto, el primer gran resultado ha sido el hecho de haber recibido apoyo por parte de líderes sindicales y legisladores.

#OccupyWallStreet es probablemente la cereza del pastel, la movilización dentro de este distrito económico tiene una carga simbólica muy fuerte, es el reflejo de un hartazgo ante un sistema financiero que es modelo en todo el mundo y que a esta misma escala replica sus virtudes y defectos, algunos dirían daños colaterales para este último.

Son la voz del 99% de ciudadanos que pagan más impuestos en relación con el 1% de los más acaudalados, y que son vistos como engranes prescindibles de una maquinaria que únicamente busca maximizar sus beneficios y minimizar sus costos.   Es un sistema de impresionante inequidad que se basa en la premisa de que si son muy grandes para caer (como el sistema bancario o la industria automotriz), son (al parecer) la única prioridad para el Estado.

Las preguntas van más allá de la actuación de la policía en relación con los manifestantes, y se sitúan en el sentido del cuestionamiento mismo al respecto del sistema capitalista:

Todo lo que nos habían dicho en la última década resultó ser una mentira.   Los mercados no son independientes, los creadores de instrumentos financieros no fueron unos genios infalibles y las deudas en realidad no necesitan ser pagadas, de hecho, el dinero mismo se reveló como un instrumento político, miles de millones de dólares podían ser trasladados dentro y fuera de la existencia, de la noche a la mañana, si los gobiernos o bancos centrales lo requerían.   Incluso The Economist publicó titulares como “¿Capitalismo: Fue una buena idea?”

Supongo que en México deberíamos de voltear a ver un poco más a lo que ocurre con los jóvenes des-institucionalizados (sin seguro social, sin un lugar dentro de un instituto educativo, sin empleo, en varias ocasiones con deudas universitarias), en lugar de preguntarnos quién es el siguiente que va a estar privilegiando (y privilegiándose) de este poderoso y reducido porcentaje de ciudadanos que controla gran parte de los recursos del país.

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