La retrospectiva que se ha iniciado en los Estados Unidos después de la toma de posesión del nuevo presidente, Barack Obama, abre un abanico de posibilidades dentro de las esperanzas de todos los individuos del mundo, marcando con ello una nueva etapa que caracterizará una época nueva en la que los cambios son posibles en todas las latitudes.
La elección de Barack Obama para dirigir a uno de los países más importantes del mundo, es una lección de democracia para el mundo, que a pesar de todas las diferencias que pudiesen existir dentro del país vecino, el espíritu de cambio que se necesitaba para coordinar nuevas políticas que representen equidad para los norteamericanos y, sobremanera, para todos los pobladores del mundo, se vio resaltado dentro de la decisión en las urnas.
El planeta está feliz por los sucesos que atraviesan los Estados Unidos en éste momento. La posición mundial exhala jubilo en cada actuación del nuevo presidente de Norteamérica cada que puede darse lugar. Y es que, con la elección de un presidente de minorías, la esperanza por la actuación que pudiese ocurrir a favor de aspectos que ayuden al mundo se ve con mayores posibilidades que la petulante posición de los partidarios republicanos, altamente conservadores y con posiciones belicosas en cualquier ambiente.
Somos felices con lo sucedido en Norteamérica. Y mayoritariamente no sabemos a ciencia cierta el porque de tanta algarabía: si es por la elección de Obama o por el adiós definitivo de George Bush, el Mr. President que llevó guerra y conflictos en todas las latitudes de la tierra y que consiguió una polarización en torno a la visión tradicional que se tienen de los Estados Unidos, logrando un antiyanquismo increíble con toda decisión tomada desde Washington.
Sin embargo es seguro que Obama está sobrevalorado, y que todo lo que le espera en su mandato será un enfrentamiento histórico y totalmente adverso para las crisis que se avecinan en su país y en el mundo, convirtiéndose en un inimaginable reto que pueda perjudicarle en las páginas de la historia.
Si hoy Obama llega como una gran esperanza en estos tiempos difíciles, no será extraño que en dado momento, al no superar las expectativas de las que se ha hecho acreedor, pueda convertirse en un gran villano tan odiado como el gran clamor que actualmente vive en los primeros días de su estadía en la casa blanca.
Vicente Fox llegó de igual forma al poder, con índices de popularidad altos y aprobaciones increíbles de todos los mexicanos, para desenmascarar pocos meses después el gran fraude que resultó al ser uno de los presidentes con menos efectividad y eficacia en la historia e nuestro país, con uno de los crecimientos más pobres y con la incapacidad que siempre ejerció durante el primer Gobierno fuera del partido hegemónico.
Con la esperanza de que Obama se pueda convertirse en un gran líder para el mundo y que pueda sanar los interminables errores de su antecesor, el mundo deposita hoy su confianza en el afroamericano que puede cambiar la ruta económica del mundo, aunque aunando, se sobrevalora mucho por la tendencia del hombre a creer en las quimeras.

En la gran popularidad alcanzada, creo que se está sobrevalorando el hecho de que Obama sea negro. En efecto, es el primer afro-americano (y nunca mejor dicho, puesto que es hijo de africano y norteamericana) en la presidencia de EE.UU. y eso no es poco, no por él, sino por los votantes. Pero por muy importante que sean las percepciones, lo verdaderamente importante son otras cosas: que Obama nació y creció en un ambiente de tolerancia religiosa, de convivencia intercultural, de solidaridad con los desfavorecidos; en una familia que lo amó y le dio comodidades (no es un resentido social); que es Demócrata, que ya es un sello por lo menos de no compartir la “locura extrema” de los Republicanos; que tiene asesores del gobierno Clinton, que si no perfecto, al menos sobrellevó airosamente la economía estadounidense; que es un líder más que un burócrata; que es un promotor de las más altas y verdaderas aspiraciones democráticas norteamericanas: igualdad, diálogo, legalidad.
¿Demasiado bonito? Por ahora, mientras otra cosa no suceda, me atrevo a vivir la utopía. Sólo espero que, después de haber dado a la sociedad un ejemplo de audacia posible, no acabe como otros líderes en nuestra historia, sacrificando su vida por ello. Quería ser más optimista, pero creo que acabé más pesimista…
Concuerdo contigo en que Obama tiene la posibilidad de liderar un nuevo mundo con políticas que mejoren la calidad de vida en el mundo, la posición del nuevo presidente como miembro de una minoría resalta esa esperanza para todos los grupos rechazados. Puede darse al contrario el efecto innegable del odio irracional a esas mismas minorías que lo colocaron ahí de encontrarse en una posición totalmente antagónica, que no puede descartarse después de los problemas que Bush le heredó a Obama: Conflictos armados, desestabilidad y recesión en la economía norteamericana y un gran odio de países y sociedades opositoras a ese modelo social. Sólo el tiempo podrá confirmar los augurios que, todos esperamos, sean los mejores para el mundo.