¿Alguna vez caminando por la calle o en el tráfico te han gritado “pendejo” o similares? ¡Felicidades!, es signo de que eres peatón, manejas en la ciudad o la vives con la mayoría. Quizá sea un hecho aislado, pero sucede una y otra vez. Cuando pasa, salvo que sea una agresión física, generalmente nos seguimos derecho, damos la espalda, caminamos o continuamos manejando. Imagino a muy pocos (si no es que ninguno) tratando de discutir/debatir con los temibles agresores, reclamándoles que no aportan nada al andar de las personas, pensando-peligrosamente- que estorban y ensucian la calle.
Algo similar pasa en tuiter. La diferencia es que tuiter no es la calle, ni siquiera suscribo (de hecho lo he criticado) que la herramienta sea la nueva plaza pública. Para mí se parece más a un centro comercial: una esfera privada que parece pública. En esta pública intimidad conversamos, ni más ni menos. Para estas conversaciones existen todos los tonos posibles: álgidas, ríspidas, absurdas, críticas, concordes, conciliadoras o propositivas. En todo caso todas están protegidas por el derecho a la libertad de expresión, aun las ofensivas y chocantes. Estoy convencido de la autorregulación de este tipo de herramientas, entre más se usen y más conversaciones haya, con más facilidad se diluirán aquellas “malas prácticas” o conversaciones con supuestas connotaciones negativas. Los problemas de las conversaciones se resuelven con más conversación.
Opinólogos, intelectuales y comunicadores, por igual, están obsesionados con tuiter. Por un lado están quienes quieren hacer apologías innecesarias de la herramienta para posar expertise y por el otro quienes no le conceden ningún valor o le asignan atributos negativos a lo que ahí sucede, también están quienes creen que tuiter es un ente y le exigen cosas. Tuiter tiene inteligencia colectiva pero no es un ente, es un agregado de individuos con opiniones sobre cosas: las más banales o las más profundas.
Yo no he sido ajeno a esa obsesión, pero la mía ha sido curiosidad. Si una obsesión te impide ver fuera de ella, la curiosidad te revela lo que desconoces. Así cuando alguien me pregunta ¿Qué es tuiter? Les respondo con soltura que se trata de un procesador (y quizá mi curiosidad me lleve a cambiar esta respuesta, pero de momento así es). Cuando hablo de un procesador me imagino un extractor de jugos/procesador de alimentos, en tuiter la información hace las veces de manzana y la conversación las de jugo; imaginando los procesadores más nuevos también nos queda la cáscara y huesos, eso tal vez lo usaríamos para composta, en tuiter esa información que queda suelta siempre sirve para nuevas conversaciones.
Tantos años de tener canceladas las posibilidades de conversar los asuntos públicos y una estructura mediática concentrada y vertical, que tuiter ha pasado a ser muy importante en México. Por un lado los medios vigilan lo que se dice de ellos o lo usan como fuente para sus notas (al parecer ahí se encuentran “los que importan”) y por el otro las personas encuentran una máquina perfecta para producir, obtener y procesar información (de cualquier tipo, importante o no). La democracia de esta distribución ha desmantelado la manera tan peculiar de dictar agendas desde un escritorio, redacción, oficina gubernamental o torre de marfil. De ahí viene su obsesión. Con el tiempo será más frecuente que la agenda pública se establezca a pesar de los medios, políticos e intelectuales. De todos, a mi parecer, son los intelectuales los más abrumados; al no conversar más que con sí mismos, al sacarlos de ese esquema tuiter parece asemejarse más una ignorante inquisición que a un ágora deliberativa.
Las redes sociales siempre han existido (¿qué es entonces nuestro grupo de colegas y amigos?), en su forma virtual, se desarrollan en Internet. Como bien lo indicaron Searls y Weinberger -explicación que no es tan famosa y sospecho que es por su ausencia de cursilerismo-adjetivación-grandepreguntismo-, Internet es un mundo de extremos, una esfera hueca con puntos conectados entre sí (¿han visto esas bolas de colores en los bazares?), esos puntos somos nosotros.
Es decir: Internet=humanos, humanos que nos comunicamos adquiriendo, produciendo, difundiendo y procesando información; información que es transmitida a través de un protocolo que transporta datos de la manera más eficiente posible de un punto a otro; protocolo que es gobernado por acuerdo de humanos en reuniones multistakeholder; reuniones cuyas directrices son aceptadas y adoptadas por todos los usuarios; usuarios que conversan.
No tengo la menor duda de que tuiter es un espacio agresivo, rudo -¿qué son si no las aspas en un procesador?- como agresiva y ruda puede parecer una visita a Tepito. Al mismo tiempo no he encontrado ningún espacio más amplio, horizontal y diverso para la conversación, el debate y las propuestas. Si se está acostumbrado únicamente a lo primero se descubrirá lo segundo de inmediato, si es al revés solo veremos lo primero. Todo un sector de la intelectualidad mexicana, deliberadamente ha querido ver lo primero: Héctor Aguilar Camín y Enrique Krauze recientemente, son los que encabezan el bloque antituiter, probablemente a ellos les quede también la crítica que hace Jorge Volpi sobre Mario Vargas Llosa, ese afán de aferrarse a los días donde eran ellos quienes dictaban las agendas y no “la masa”.
La nostalgia de la autoridad perdida. Sospecho que si no imaginaran monstruos en molinos de viento lejos de quedar como viejos cascarrabias y caer en ridículo, estas herramientas de conversación los catapultarían como unos sabios y adorables abuelitos.
Aquí reproduzco la conversación que NO tuve con Enrique Krauze, quien, en su talante liberal, me pidió que no lo leyera.

Considero que el éxito de todas las redes sociales, bajo el nombre de preferencia (twitter, facebook, google+, etc) radica en que representan nuevos espacios de comunicación que invitan a las personas a expresar sus ideas libremente al no permitir un enfrentamiento frontal con su receptor o en este caso su lector.
No hace falta más que abrir uno de esos espacios para ser presa de una serie de comentarios e imágenes que reflejan un pensamiento disperso en una nube de más comentarios de personas que muchas veces desconocidas; sin embargo, no podemos dejar de advertir que la influencia de estos medios sin lugar a dudas ha creado un nuevo medio de comunicación e interacción y cuya influencia se denota en el uso actual que le dan empresas, políticos e ideólogos para sembrar pequeñas ideas en una gran masa de individuos.
Si los grandes intelectuales de la sociedad mexicana desean difundir sus conocimientos a la sociedad no pueden dejar de lado esta realidad, deben asumir que es cierta la frase “renovarse o morir” y en ese camino de renovación se darán cuenta que el uso de twitter les permitirá no sólo expresar sus ideas, sino ser factores de incidencia en la realidad actual.