No future: El Narco y el Tedio.

El día de ayer tuve la oportunidad de leer en el excelente sitio rebelión.org un texto de Efraín Chury Iribarne titulado “México muestra una sociedad con un tejido social totalmente quebrado” donde el sociólogo estadounidense James Petras evalúa la situación de violencia que vivimos en el país y la relaciona con lo que él considera el estado represor mexicano,  afirma que situaciones como la de la desaparición de “Luz y Fuerza del Centro”, los movimientos sociales en Oaxaca y el ¿fraude? Del 2006 crean el contexto para que la juventud se vea orillada a unirse a grupos delictivos.

“Entonces, qué queda. La gente joven se siente frustrada y empieza a integrar las pandillas.”

También en este texto y en otros muchos, se hace hincapié que las condiciones de pobreza, la marginación, la inexistencia de un estado de bienestar en la población son en buena medida generadoras de la violencia, pero ¿son estos factores decisivos? Existen diferentes tipos de violencia en el mundo, los actos terroristas de grupos como Al Qaeda o de algunas milicias católicas se explica por su radicalismo religioso y su ansia por imponer una cosmovisión unilateral en el mundo, tenemos la violencia corporativa que busca a toda costa la reducción de costos y el aumento de las ganancias, o la violencia política, que busca la obtención de poder por el poder.

La relación entre los tres ejemplos anteriores es que todos al final buscan un ente o una abstracción superior, ya sea dios, el dinero o el poder, pero el joven que se une al narco, la carne de cañón, ¿qué es lo que busca? ¿Cuál es ese ente superior por el cual matar?

Para contestar está pregunta eficazmente algún sociólogo debería iniciar una investigación entre los sicarios ya presos y así entender a ciencia cierta qué es lo que los mueve, por mi parte me aventuraré a sugerir un elemento adicional a los primeramente expuestos, el tedio, que si bien combinados con los anteriores, el tedio de la vida “moderna” se vuelve a tal punto insoportable que la vida que ofrece el narco es una salida de la estandarización obsoleta de la vida contemporánea. Yo no estoy sugiriendo que todo aquel que este aburrido entre o entra al narco, si no pienso en el tedio como algo más profundo y podrido que una simple “hueva”, el tedio como el resultado de un constante discurso hegemónico del buen mañana o de la añoranza del buen pasado, de la idea del futuro y el progreso, ya desgastadas, sin validez para quienes vieron depositadas sus esperanzas en un político, en alguna religión, en alguna idea, no hay más por que luchar, por que dar mi vida por algo superior, tal vez el único ente para quienes deciden matar, sea la adrenalina, el sentimiento personal, instantáneo y efímero de quitar una vida, que a su vez les brinda el sentimiento de sentirse vivos.
La profecía se cumplió, 1810, 1910, 2010, una parte del pueblo se levantó en armas, pero a diferencia de los siglos anteriores lo hizo sin un sueño, sin una esperanza, sin el deseo de cambiar, sólo con el deseo del vivir por el vivir, volver a la brutalidad de los orígenes desarticulando una civilización que nos impuso un contrato social que nadie firmo, y que la bondades de sus promesas han sido repartidas solo entre las cúpulas del poder, la violencia en México más que un producto de la pobreza, la represión o la marginalidad ¿no será resultado de la desesperanza, de la falta de una idea de futuro?

Tal vez, todos sentimos que algo se pudre dentro de la normalidad, pero sin duda los diferentes contextos son los que acaban determinando como reaccionamos ante esta o ante cualquier otra situación, y de aquí nace la pregunta ¿necesitamos guerra o una profunda introspección? Debemos volver a plantearnos sin miedos el estado actual, real de la sociedad contemporánea y decidir entre todos como deconstruirla, creo que el narco (que sin duda debe ser combatido) no es el problema de fondo, hay algo más desgarrador y decadente que no queremos observar ni enfrentar, mucho menos la clase dominante ya que una reflexión de tal magnitud terminaría por derribar su tan preciado statu quo, lleno de virtualismos circenses burdamente llevados a escena. Lo único de lo que puedo estar seguro es que necesitamos un nuevo sueño, el resurgimiento de una utopía colectiva, que aunque irrealizable, nos podía dar el ánimo, el deseo de cambiar y de olvidarnos del tedio que la sociedad mecanizada y de control plantea a nuestras existencias.

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