Mira quién habla también: Turquía sobre Israel

¿Opinarías sobre  un largometraje con base en veinte segundos de avances?

¿Te atreverías a reseñar un libro completo tomando en cuenta sólo dos líneas del texto?

Si hablamos del conflicto entre Palestina e Israel, podemos hablar de un documento escrito prolíficamente durante décadas que además, trágicamente, aún no está concluído. Este es el error en que han caído demasiados medios de comunicación (y mandatarios de países) al condenar tan tajantemente esas dos breves líneas de historia que representan el reciente episodio de la flota de barcos hacia Gaza.

Por supuesto, se trata de dos breves líneas lamentables, imperdonables, abominables, en las que sin duda Israel cometió un grave error y violó importantes leyes de derecho internacional que resultaron en la pérdida de vidas inocentes cuyos vínculos con el terrorismo están aún por probarse.

Pero habría que leerse todo el libro. Para muestra, este y este vídeo en el que se aprecia el ataque de los ocupantes de los barcos contra los soldados israelíes con postes metálicos y sillas. ¿Por qué los ataques de cohetes que lanza constantemente Palestina hacia Israel no reciben la misma atención mediática? ¿La recibirían con el mismo rigor si, tristemente, los cohetes arrancaran vidas civiles (lo cual, naturalmente, sería igual de injusto e imparcial)?

El bloqueo de Gaza se sustenta en razones históricas de peso. En cualquier caso, ¿Podríamos valernos del mismo simplismo con el que tratamos este asunto para indignarnos y exigir que Estados Unidos retire a sus tropas de Afganistán e Irak y negocie la paz con Bin Laden y/o los talibanes? ¿No suena este planteamiento brutalmente absurdo? ¿Cuál es la diferencia entre un grupo terrorista como Hamas y cualquier otro, y por qué exigir de Israel lo que no exigimos de Estados Unidos?

Turquía es hoy un país con el amplio potencial de demostrar al mundo que es posible que la democracia y el Islam convivan en un escenario de paz y prosperidad. Hemos anhelado una evolución política, económica, social y democrática de Turquía que la perfile como un modelo a seguir para los países del mundo musulmán.

Las declaraciones del primer misistro Recep Tayipp Erdogán señalando a  Israel como un estado terrorista responsable de una “sangrienta masacre”, tomando en cuenta los sentimientos que prevalecen en Medio Oriente (por favor nótese que se está evitando utilizar el controversial, pero quizás muy adecuado término “antisemitismo”), distan de ser el camino que la comunidad internacional había esperado de los turcos para que estos ganaran liderazgo tanto regional como doméstico.

Por supuesto, Turquía (y Erdogán) está en todo su derecho de lamentar las 9 (nueve) vidas de ciudadanos turcos que se perdieron durante el triste episodio de la flota de barcos en Gaza.

Pero resulta insultantemente inadecuado que el ministro de exteriores Ahmet Davotuglu compare el incidente con el 9/11, en el que se pedieron casi 3,000 (tres mil) vidas humanas. ¿Quiere decir además que lo que ocurrió en Gaza fue premeditado como el ataque a las torres gemelas? Una vez más: brutalmente absurdo.

¿Será que Erdogán ya olvidó la actitud hipócrita de Turquía ante el genocidio armenio que hasta este año no reconoce su país? Recordando:  se estima 1.5 millones de armenios fueron asesinados a manos de los otomanos al rededor de 1915.

¿No está Turquía ocupando con soldados y bloqueando el comercio en la parte norte de Chipre?

¿No es el asunto del Kurdistán y los repetidos intentos de aniquilación de la cultura kurda un tema a considerar por los mandatarios turcos antes de hablar y condenar a Israel?

¿No es una lucha constante en Turquía el acabar con el PKK Kurdo, señalado – al igual que Hamas – como una fuerza terrorista? ¿Por qué hacerle el feo a los (presuntos) terroristas kurdos pero apoyar a los (presuntos) terroristas palestinos?

El punto clave a futuro es crear una visión más objetiva del conflicto: invitar a un estudio profundo y constante de los acontecimientos que evite la formación de un clima (que lamentablemente se vive en la actualidad) que propicie que oportunistas como Erdogán y Davotuglu se aprovechen del sentir mundial (o regional) para dramatizar, legitimarse y encontrar popularidad al condenar a otro país cuando su autoridad moral para hacerlo no podría ser más baja.

Porque bajo esta óptica, no parece deseable que Turquía sea un ejemplo a seguir, ni por los países del mundo musulmán ni por cualquier otro país.

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