México está mocho por el narco.

La guerra contra el narcotráfico no se quedó en las armas, se ha desencadenado también una batalla ideológica y un terrible cisma en la opinión pública. El debate sobre la guerra perdida que el gobierno de Calderón impulsó como una medida para solventar la incapacidad de cumplimiento de sus propuestas, necesita ya de abanderamientos oportunos para justificar la causa. ¿Y quién podría encabezar la férrea dislexia que se quiere imponer al pueblo de México?. Simples, obvios y oportunos cometieron el albazo para presionar la posible aprobación de una ley sin sustento humanístico donde se quiere revivir el otrora fascismo de los regímenes de derecha.

“Pequeños partidos políticos, con una importancia totalmente marginal, nos apabullan todos los días en los medios de comunicación, abogando por la liberación de las drogas en México…Por otra parte está la actitud de un partido político representativo que ya se frota las manos para regresar al poder en fechas próximas. Son los mismos que permitieron el crecimiento del cáncer social y que, incomprensiblemente y sospechosamente, ahora se niegan a tomar medidas más drásticas y eficaces al oponerse, en las cámaras de diputados y senadores…” 15 de marzo de 2009, órgano oficial de difusión de la Arquidiócesis de México.

Debe entenderse por pequeños partidos políticos todos los que directa e indirectamente no han acordado las prevenciones que quieren sujetar a la Nación a los designios de la batalla interminable, y de igual forma el que abiertamente asume la legalización de las drogas como la única forma de erradicar el problema (PSD). Se han fortificado así los bandos en torno a lo que es y no es debido en el escenario político. En pocas palabras, todo el que no es mi amigo es mi enemigo, y las filas se han cerrado en contra de todos los opositores del PAN a la vera del debate de ley en las cámaras.

Oportuno fue para el gobierno de Calderón sostenerse por medio de los anteriores párrafos para crear e identificar al enemigo común de todos los mexicanos, todos los que no concuerden con la magna aventura del Estado de Policía. Puede entreverse que el país no tardará en polarizarse en dos criterios diferentes: el de la iglesia y el PAN en sinergia inmejorable y el de los demás. Es lamentable utilizar el nombre de la fe para medrar en ciertas políticas que no le incuben a dicha organización de fe -si puede llamársele en nuestros tiempos fe a la ortodoxia aplicada-.

En lo concerniente a la permisión del crecimiento del cáncer social de las drogas, fomentado según la Arquidiócesis de México por el PRI o por el PRD, es inevitable recordar la cita en la que un obispo de Aguascalientes exonera al crimen organizado de las narcolimosnas, arguyendo que el dinero “malo” se convierte en “bueno” –posiblemente con garantía de salvación- al ser donado a las obras de beneficencia de la iglesia católica. Es entonces incoherente, irracional y burdo que la institución con milenios de reputación pueda someter a tal juicio a los partidos políticos cuando ella ocupa una perniciosa y repudiable doble moral en el ámbito.

Para continuar la embestida, se sigue con “Han sido las voces de los distintos grupos políticos que actúan en el Congreso las que señalan a sus contrapartes del partido “revolucionario”, como obstáculo para dar pasos más firmes en el combate de los cárteles de la droga, por lo que surge espontánea la pregunta: ¿son intereses económicos o son mezquindades políticas las que están en el fondo? En cualquiera de los dos casos la respuesta nos alarma…”

Encomiable sofisticación es el apoyo que la iglesia le otorga a los diversos grupos políticos –tal vez los soldados de dios- que aún pueden liderar en Acción Nacional. La contraparte revolucionaria, pecaminosa, impía y horrible a los ojos de la madre del dogma arremete furiosa, y no bastando la cuasi criminal acusación de narcotráfico a esas facciones, se cree con el derecho para cuestionar sobre economía y política, asuntos extremadamente alejados de su tarea de salvar almas en el mundo.

No obstante, si quedó alguna duda o se tendió a la hipérbole como se acostumbra en los sermones dominicales –mítines contemporáneos-, se aclara siguiendo “La sociedad debe estar muy atenta en el combate que libra nuestro país contra el narcotráfico, para avalar y castigar a los partidos que se nieguen a erradicar el cáncer de las drogas y la propagación de la violencia.” Si propagar violencia es difundir mensajes incendiarios como el de la arquidiócesis, yo me apuntó. Lastimosamente, la intolerancia de la curia católica simplemente sirve para originar más polarización en la política nacional. Con tales pronunciamientos sin beneficio, retrocedemos al Siglo XIX a los tiempos de Juárez, donde fue necesario incautarles los bienes y someterlos a los templos, donde deben estar.

A pesar de ello, el gobierno no hará nada. Pues, si México es un rehén del narcotráfico, Calderón, la mayoría de los Legisladores de Acción Nacional, su jerarquía y la mayoría del PAN en México, para tristeza de nuestro futuro y de la libertad, lo son de la iglesia católica. No se respetará la separación iglesia – Estado y la Constitución y la ley reglamentaria de Culto, como ya es costumbre, será ignorada para ganarse un terreno en el cielo junto a los cardenales. Si Juárez viviera…

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2 comentarios, agrega el tuyo ↓

  1. Pseudo-C, opinó:
    March 21, 2009 @ 04:01

    Estimado Germán Sadday,

    Estoy de acuerdo con tu postura: hasta el momento, el gobierno del presidente Calderón está pérdiendo la guerra contra el narcotráfico, ¡y de qué manera!
    Lo que no me sorprende es la postura de la Iglesia Católica en nuestra. En varios acontecimientos hemos visto que los jerarcas ecleciásticos en nuestro país son de lo más retrógrados. El cardenal Norberto Rivera, así como su vocero, hablan únicamente para dividir más al país; y lo poco que dice, se ve que es producto del momento, no de la reflexión.

  2. Germán Sadday, opinó:
    March 23, 2009 @ 13:44

    @Pseudo-C: En efecto Pseudo C, las altas curias de la iglesia católica han hehco -historicamente- del país un escenario político donde solamente se desgastan en busca de los fueros perdidos. El presente momento, entre la guerra de declaraciones entre Germán Martínez y el clero mexicano, no es más que una provocación a los demás partidos para tildarnos de narcos.

    Es lamentable que el clero se insmuscuya en asuntos que no le corresponden, y si tachan de narcos a esos “pequeños” partidos, que den las prubas, porque las deben tener para lograr la acepción que pretenden.

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