La fortaleza de las democracias estriba en la apertura ideológica la máxima participación en su interior, logrando así la plena potestad para el ejercicio libre de la conciencia y la elección de los gobernantes para adquirir la representación convenida. Motivada así, la democracia interactúa valiosamente con sus integrantes al cimentar y solventar la libertad obligada para resolver sus cauces inherentes.
La motivación del ciudadano para ejercer su derecho de elección consiste en asimilar la información que a él ha llegado conforme a la opinión directa de sus figuras influyentes –personales- y la propaganda masiva que los actores principales han vertido sobre las masas. Fundado en tal precepto, el COFIPE (Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales) toma el más fundamental espíritu de equidad para salvaguardar la integridad de las instituciones políticas y asegurar una contienda conforme y coherente a los principios básicos legislados.
Consistiendo entonces en una necesaria reforma, ansiada y mesurada, el COFIPE representa un avance sin precedentes en la búsqueda de la democracia plural y participativa, incluyente y razonada, que medra por una nueva cultura electoral acorde a las actuales necesidades y a los tiempos modernos. Es cuando, destruidas algunas dádivas y prerrogativas a los medios de comunicación, la alarma por el “asalto a la libertad de expresión” arremete en la arena política de todo escenario, haciendo de la reforma un cómico intento para desgarrar el velo de la ignorancia que han logrado los grupos fácticos por medio de presiones, capital y mitos inverosímiles.
Dentro de la capacidad que tienen los medios de comunicación para tergiversar la información se tiene comprobada una actitud mercenaria, que atacará a todos aquellos que intenten enfrentarse a su capital o a sus fines, como ya se ha visto, para hacer en contra de instituciones políticas, actores nacionales u organizaciones todo tipo de boicots, censura y cualesquier atrocidad de atadura de libertad que pudiese pensarse para retomar el poder perdido: así como “acatar al pie de la letra” los 48 minutos diarios de publicidad gratuita para la partidocracia sin tener que ser solventados por los impuestos de la Nación. Contra esa millonaria suma perdida a costa de la dignidad de los mexicanos, no queda más por parte de los medios que culpar a todos los que promovieron la creación del COFIPE, sin importar la necesidad de no soportar más atracos al gasto público.
De igual forma pero abusando de la libertad de expresión que se asegura en las Garantías Individuales, el Cardenal Sandoval Iñiguez y la Iglesia Católica en la Arquidiócesis de Guadalajara han vuelto a las precampañas con más bríos que nunca para lograr mantener a su brazo político de ultraderecha, el PAN, en las arcas del poder. Ahora, desde el Semanario (órgano de información de la Arquidiócesis) han convocado a mantener al PAN por su “intachable moral” y por la devolución del gasto electoral previsto. Que mejor posición la del Cardenal para votar por los que regresan la plata al Gobierno del Estado, sino ¿con que se construirá el santuario de los mártires?, devuelvan todo el dinero y voten por ellos, que urgentemente se necesita para obras de turismo religioso. El contubernio entre ambas instituciones en Jalisco se ha consumado y habrá que esperar –incluso por morbo- el resultado entre la opinión crítica y los esbirros ignotos.
La resignación de la ciudadanía será que se acate totalmente la ley y pueda aplicarse a pesar de los grupos fácticos y de presión; que se inicie la construcción de una verdadera democracia acorde a nuestros tiempos y se castigue a cualquiera que no obedezca el mandato de los mexicanos, sea quien sea, aun tenga influencia con grandes políticos, empresarios o incluso con divinidades. ¿Para que se crearon las leyes y el Estado de Derecho?.
