El fenómeno Esteban Arce ocurrido ayer, me parece sumamente interesante porque evidencia el cambio estructural de la forma en como los medios de comunicación se comportan, pero también la actitud de los ciudadanos hacia los medios tradicionales y la expectativa que hemos generado de ellos.
A partir de la alternancia del poder a principios de la década, el avance más notable ha sido precisamente en el campo de la libertad de expresión y la apertura mediática. Se asegura que los titulares de los periódicos o los contenidos de los programas televisivos no están ya, dictados por la Secretaría de Gobernación.
En al ámbito institucional, las cosas fueron distintas, si bien ha habido avances, se continuó trabajando con la estructura institucional creada por el PRI para beneficio de éste, por lo que la posibilidad de un cambio real que no integre el replanteamiento de todas las instituciones es casi imposible.
Así los proyectos mediáticos han sido los que han generado mayor “confianza” en la ciudadanía: revistas, periódicos, programas de análisis donde se revela toda clase de información que no conocemos por su fuente generadora, las autoridades.
El panorama anterior, a mi parecer resulta muy cómodo para las autoridades; por un lado se escudan en las lagunas legales de la Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública así como en la falta de mecanismos efectivos de rendición de cuentas; y, por otro lado sólo se ocupan de aquello que en los medios y opinión pública causa interés, increíble ver declaraciones sin sustento, chantajes por los medios, mientras en el área formal del poder todo se pacta tras las cámaras.
Esta dinámica se ha visto trastocada con la entrada de nuevas plataformas de intercambio de información y generación de opinión como lo es twitter. Así un suceso que tuvo lugar en un programa matutino el mes pasado, cobra vida entre sus usuarios y logra transportarlo hasta los medios tradicionales para su discusión y a la esfera de la autoridad cuando el twitter del titular de la CONAPRED anunció la apertura de una queja.
En el caso concreto del Sr. Arce, sus declaraciones lo evidencian como un mal comunicador al no escuchar a su invitada y como profundamente ignorante en el tema que se trataba. Pero también este sistema donde la autoridad ha abdicado en su tarea de rendir cuentas dejándola a los medios de comunicación. Si bien todo aquel que tenga un espacio dirigido a la población debe rendir cuentas, son las autoridades quienes por ejercer los recursos públicos están obligadas en primer lugar.
Si sacan al Sr. Arce del aire ¿habremos ganado algo? probablemente nada, seguirán siendo los medios tradicionales los “idóneos para rendir cuentas” mientras una verdadera política de tolerancia y equidad seguirá esperando en las congeladoras.