Luz y Fuerza

LyFHoy comienza la batalla por una de las paraestatales más cuestionadas en su funcionamiento de los últimos tiempos. Me refiero a Luz y Fuerza del Centro y desde luego al sindicato de sus trabajadores: Sindicato Mexicano de Electricistas. Una empresa que le da servicio al 25% de los ususarios totales y que está quebrada desde el periodo presidencial de López Mateos.

El subsidio a Luz y Fuerza del Centro es de 40 mil millones de pesos, ese dinero lo pagamos todos los mexicanos. Aún así la empresa debe 23 veces su valor como tal, dadas las exageradas prestaciones de su Sindicato. El SME, representa junto con otros el espectáculo más burdo del sindicalismo mexicano: con enormes prestaciones y nula eficiencia.

¿Quiénes son los principales afectados? los usuarios, con precios altos, sin competencia para elegir, con un deficiente servicio (3.5 apagones por año). En contraparte, la Comisión Federal de Electricidad es un ejemplo de una paraestatal que funciona (está en números negros, un logro para una empresa del Estado), y que cubre al otro 75% de los usuarios.

Un dato, los trabajadores de Luz y Fuerza del Centro cuando se jubilan ganan exactmente lo mismo que estando en activo, con todas sus prestaciones y les suben el sueldo conforme las negociaciones que logre el SME. Impresionante, los logros como sindicato tienen pocos puntos de comparación a nivel mundial, pero tratándose de una empresa en quiebra no tiene ningún mérito.

Parece un buen signo del gobierno federal: deshacerse de los sindicatos nocivos para el Estado y que entorpecen el avance democrático. Veremos si sigue esta misma ruta en otros casos (PEMEX y SNTE), seguramente saldrán a la defensa de este monstruo del sindicalismo los defensores del “pueblo bueno”,  hacerlo es tanto como defender a Elba Esther Gordillo y a Romero Deschamps, indefendibles.

Si se logra la liquidación exitosa de la empresa y se evita una convulsión social mayor (de los 23mil trabajadores activos muchos quedarían sin trabajo), estaremos ante la inauguración de una nueva época en la relación sindicatos-gobierno. Los sindicatos del Estado que son opacos, antidemocráticos y exentos de rendir cuentas, se verían obligados a hacerlo.

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