Luz y Fuerza /2

La negativa del gobierno a la toma de nota al Sindicato Mexicano de Electricistas, pone sobre la mesa de debate nacional el tema de fondo acerca del sindicalismo per se. El problema que enfrenta luz y fuerza del centro quizá no llegue a su fin hasta el 16 de marzo cuando se tenga que renovar el contrato colectivo de trabajo.

Mientras que el gobierno tome la operación de la paraestatal, el problema sindical subsiste, deberán aclararse las elecciones fraudulentas en las que fue elegido Martín Esparza, pues el hecho de no tomarles nota suspende las cuentas con las cuotas sindicales. El otro problema, el de fondo dependerá de la voluntad política del gobierno.

Sostengo lo dicho, sindicatos como el Sindicato Mexicano de Electricistas deben desaparecer. Durante años no han hecho otra cosa que medrar con sus intereses cupulares a costa de los trabajadores, han pactado jugosas prebendas en la opacidad con recursos públicos que no llegan a los obreros, han chantajeado ;como poder fáctico, al gobierno a cambio de ganar mucho y trabajar poco.

La prueba es que su lucha sindical; aplaudible, se ve opacada con los resultados: en luz y fuerza del centro cada trabajador produce 350 K.W.H, en otras partes del mundo o en la CFE cada trabajador produce cuando menos 4 veces más cobrando la mitad. Los apagones; para quien vive en el distrito federal, son insufribles pero el recibo siempre llega con precios exorbitantes, pésima atención pero exigencia puntual del cobro.

Los ciudadanos tenemos derecho a más y mejores servicios, de lo contrario seremos un pueblo incapaz de acceder a niveles de progreso apuntados en otras latitudes. Pero lo mismo pasa con el SNTE heredando plazas, comprando políticos, en la opacidad total, con una líder que tiene una fortuna incalculada pero maestros que apenas tienen para sostener a sus familias ¿eso es justicia social?. Maestros que sangran al presupuesto pero escuelas con niveles educativos solamente superiores a los de África, ¿quién pierde? Los estudiantes, pierde México.

Por eso debe morir el sindicalismo como existe hasta ahora, el sindicalismo como lastre que impide al país crecer mientras succiona su erario. Debe renacer con una clase trabajadora con derechos protegidos, con transparencia y rendición de cuentas, porque el dinero que reciben lo pagamos cada uno de los mexicanos. Debe sobrevivir a una urgida reforma laboral y tiene que sobrevivir sin líderes que enriquecen su bolsa a costa del trabajo de sus agremiados y de los impuestos de los mexicanos.

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