Las odiosas comparaciones: ¿Por qué México no puede?

“Perdimos un partido de fútbol, ahora a los demás nos toca sacar la casta en lo que hacemos”

- Guillermo Arriaga Jordán

Bien se dice: las comparaciones son odiosas.

Hoy podemos empezar, naturalmente, por el vasco Aguirre, quien nos prometió un triunfo en el mundial y se vendió como la imagen de Iniciativa México. Pero podríamos empezar también por cada uno de nosotros. Millones de mexicanos encendimos los televisores y nos reunimos para criticar – botana en mano, desde la comodidad del sillón – la necedad, miopía y estupidez de Aguirre y la selección. Para vanagloriarnos de lo que hubiéramos hecho en su lugar. Para condenar a Osorio y a Franco y llamarlos imbéciles. Para quejarnos de la FIFA y los árbitros y la falta de tecnología. Para vislumbrar y depositar en las manos (o los pies) de un sólo jugador la imagen de nuestro país. Para desear mediocremente “por lo menos anotar el gol de la dignidad”. Para rezarle a quien sea por el triunfo, para gritar desesperados que alguien más haga algo cuando se va acabando el partido. Para compararnos con otros perdedores y autoexplicarnos que no somos tan patéticos.

Las comparaciones son odiosas porque esto ocurre mundial tras mundial y se proyecta sobre ámbitos más importantes. Podríamos empezar por cada uno de nosotros: vanagloriándonos de lo que haríamos en lugar de nuestros gobernantes, culpándolos de realidades que podemos cambiar nosotros, día con día, sin responsabilizar a nadie más. Sin rezos, sin achaques, sin insultos.

Las comparaciones son odiosas porque Ghana, un país africano que va combatiendo su pobreza e intentando crecer económicamente paso a pasito, demostró el gran coraje de vencer al equipo de Estados Unidos. Guardando las proporciones, y aunque no había Maradona, la intimidación y los complejos no entraron a la cancha a jugar con los ghaneses. ¿Qué nos falta en México? Claramente, los habladores sobramos.

Las comparaciones son odiosas si pensamos en Sudáfrica, cuyo gobierno promueve activamente la creación de nuevas empresas y ofrece a las compañías recién creadas capital para su expansión. Las comparaciones son asquerosas si pensamos en India – país que nos legó la versión original de “Iniciativa México” – donde llevan ya una década encima de liberalización económica y crecimiento sostenido basado en la innovación, algo que podríamos y deberíamos comenzar a planear en firme. Las comparaciones son odiosas si pensamos en Corea del Sur, cuyo gobierno promueve activamente el desarrollo del comercio y la inversión destinando un 10% de su presupuesto para apoyar a las PYMES.

Comparaciones con Brasil, Chile y una lista interminable de ejemplos exitosos dentro y fuera del mundial – países que no tienen los recursos con los que contamos, ni el empuje y energía de los que nos ufanamos y que tristemente pareciese que sólo salen a relucir cuando “apoyamos” a nuestra selección de fútbol – que resultan odiosas, porque si ellos pudieron, es una vergüeza que nosotros no podamos.

¿Qué le hizo falta a Aguirre? ¿Qué le hace falta a Calderón? ¿Qué nos está haciendo falta a todos los mexicanos?

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