La resolución internacional
El Estado de Texas se ha negado a aceptar el fallo de la Corte Internacional respecto a las ejecuciones de los cinco mexicanos, argumentando que la legislación tejana no permite la interacción de resoluciones ajenas a sus tribunales.
JurÃdicamente, el tema no da mucho que discutir. Respecto a la jurisdicción del Derecho Internacional, es una falacia el poder que ejercen sus Cortes y que sus resoluciones son respetadas por el mundo. La gran mayorÃa de las Legislaciones en el mundo anteponen sus Leyes a cualquier Convenio realizado por sus Estados, manteniendo la soberanÃa en la medida que se arguye por el respeto a sus leyes.
No puede haber contradicción en lo dicho por el Estado de Texas, discutir sobre la aplicación del fallo de la corte en su territorio serÃa amputarle de soberanÃa y contravenir sus leyes y reglamentos.
La Corte Internacional y su Derecho siempre han venido a ser una grotesca burla deductiva. Su jurisdicción casi en cualquier paÃs del mundo, es de suponer, agrede a sus leyes y genera una suposición de argumentos que jurÃdicamente no pueden ni deben tener validez alguna a pesar de los tratados originados entre los paÃses. Mencionar ese respeto obligado, aunque algunas veces represente violaciones a las leyes, es necesario para el desarrollo de los tratados, especialmente de los de comercio.
Sin embargo, en fallos que obliguen a suponer la contravención a las leyes, se cae en la querella de la moral legislativa, en la jurisprudencia que origina naturalmente el Derecho en cualquier esfera y que deduce la capacidad de creación y de respeto de la ley misma. Aceptar leyes que contravengan las mismas serÃa el suicidio jurÃdico y amenazarÃa directamente con la soberanÃa y muchos aspectos que dan vida al Estado.
Sea injusto o no, la resolución de la Corte Internacional no puede ser acatada en el supuesto de la violación de jurisdicciones y de querella constitucional. Aceptarla, harÃa que los Estados Unidos abanderaran la causa de la justicia internacional y de todo aquello que pregonan por el mundo libre, manteniendo la paz diplomática con paÃses que respetan mucho los organismos internacionales y sobretodo, con México, que fue el actor de la acción ejercida ante la Corte. Pero no sucederá asÃ; el orgullo norteamericano a su accionar polÃtico se traduce en la inacción legal de cualquier tribunal ajeno a los suyos.
Bush, durante muchos discursos y cumbres, ha utilizado la posición del respeto internacional, de la paz libertaria y del juego a mantener las decisiones internacionales para la generación del acuerdo que logren las potencias; y ante este doble discurso, se evidencia la contradicción norteamericana que jamás hará respetar esos organismos y que hará del mundo el gran conflicto que amenaza ante dicha resolución.
Una sociedad no podrÃa subsistir sin leyes que hagan de sus ciudadanos el mantener un comportamiento de convivencia general, y suponer la intervención de leyes o reglamentos ajenos, harÃa un caos inmediato a la convivencia mencionada. Siempre existirá el dilema jurÃdico: lo legal no siempre es justo y lo justo a veces no es legal.



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