La semana pasada en la revista americana The New Yorker, Malcolm Galdwell escribió un provocador artículo donde argumenta que a pesar de las bondades de las redes sociales, no puede compararse al poder de movilización que el activismo tradicional logra.
En su texto Gladwell, construye su argumento a partir de las movilizaciones de los años sesenta de los negros y su lucha por conseguir un lugar en las cafeterías de la época. El punto principal, explica el autor, es que en las redes sociales como twitter a pesar de crear interconexión de usuarios, éstos no tienen fuertes lazos; es decir, los usuarios no estarían dispuestos a sacrificar nada más allá de un simple click. A diferencia del “activismo digital”, argumenta Gladwell, los movimientos tradicionales -a pesar de ser menos numerosos- generan lazos estrechos y fuertes entre los individuos y están dispuestos a perderlo todo por la causa.
En Estados Unidos inmediatamente le contestaron a Gladwell a favor y en contra. Desde el New York Times hasta la revista este extraoridnario artículo en The Design Observer Group.
Esta discusión siempre se agradece pues quienes estamos envueltos en la dinámica de las redes sociales a veces perdemos la perspectiva para verlas en su dimensión de fenómenos sociales.
Esta introducción viene a cuento por lo acurrido el pasado 5 de octubre en el Senado, se aprobó un punto de acuerdo para exhortar al Ejecutivo Federal se retire de las negociaciones del Acuerdo Comerical Anti-Falsificación (ACTA por sus siglas en inglés). Si bien en términos formales un punto de acuerdo de esta naturaleza no es vinculatorio, es una posición política contundente.
El exhorto puede o no acatarlo el Ejecutivo, sin embargo la postura está dada, y eventualmente cuando se deba aprobar el ACTA, ahí sí, con plenos efectos derivados de la obligación constitucional del Senado de ratificarlo, los senadores tendrán que ser consistentes con el precedente sentado por el voto que han emitido al aprobar e ste punto de acuerdo. Así también las mesas propuestas para construir una alternativa que nos beneficie a todos deberán ser más plurales, más incluyentes y con procesos más democráticos para borrar el fantasma de opacidad que ha dejado la negociación completa del acuerdo.
Un observador casual, que no usa las redes sociales, pensaría que éstas no han tenido nada que ver con la acción de los senadores, sin embargo se equivocan quienes así lo piensan, la acción misma contesta de manera frontal a Gladwell: puede ser que la próxima revolución sí sea tuiteada. Se demostró que la producción de información a través de los medios digitales, si articulada, puede incidir de manera efectiva en la política. El Senado no hubiera recibido toda esta información si vía internet y sus herramienta no nos hubiéramos organizado. Cada quien desde su particular extremo de la red hizo algo, le tuiteo a alguien, habló en algún podcast, publicó en algún blog. Los medios tradicionales lo retomaron, los políticos prestaron atención. Este mismo espacio es un gran ejemplo, aquí una reflexión al respecto que hice en la Cámara de diputados.
Desde hace un año, toda información de ACTA ha crecido y se ha desarrollado al interior de la red y sus herramientas. Este movimiento ha crecido en los blogs, en los correos electrónicos, en las publicaciones de facebook, en cada tuit. León Felipe Sánchez, Emilio Saldaña, Geraldine Juárez, Alejandro Pisanty, Jesús Ramírez, Jesús Robles; cada uno con acciones que, efectivamente sólo requerían un click, hicieron que un copo de nieve se convirtiera en una avalancha.
Los flujos de información generados en las redes sociales permitieron articular muchos temas en una misma causa, juntos, como inteligencia colectiva descubrimos que no se trataba sólo del internet, comprendimos que una política pública que se construye en la opacidad nos obliga a pensar más, a hacer más. De pronto comprendimos que estaba en juego la democracia, la libertad de expresión, el acceso a las medicinas, la educación de la generación que nos precede y la economía de las familias que viven gracias a tener un internet libre.
Sin duda hemos creado lazos fuertes, y sabemos que esto no se acerca al final sino a un punto de partida donde de manera abierta, horizontal y democrática sentemos nuevas reglas en la relación de los gobernantes y los ciudadanos. Falta sin duda más penetración en el acceso a la red, repensar la propiedad intelectual y revalorar el valor a la intimidad y la protección de nuestros datos, replantear nuestros derechos y el papel de los gobiernos y empresas en la protección o vulneración de los mismos.
Probablemente es ingenuo pensar que la próxima revolución comenzará con un tuit, quizá Gladwell tendrá razón, sin embargo, por ingenuo que parezca prefiero apostar al riesgo, prefiero pensar que cambiaremos las balas por los bits.