La nueva censura

Las recientes elecciones intermedias en Estados Unidos, han puesto los ojos del mundo en la dinámica política de nuestro vecino del norte. Una de las cosas más interesantes de esta elección intermedia fue, sin duda, ver al Presidente Obama hacer campaña defendiendo la agenda demócrata, una práctica común en la Unión Americana que por nuestra legislación temerosa de la libre expresión nos parece un hecho extraordinario.

Imaginemos en el 2009 en la elección intermedia al Presidente Calderón haciendo campaña abierta y clara a favor de Acción Nacional. Particularmente creo que sería sano, explico, el hecho que el ejecutivo no pueda participar de manera activa en su elección intermedia cancela la posibilidad de defender su proyecto de los ataques que constantemente hace la oposición, el problema creo, radica en dos cuestiones: el financiamiento; es decir, usar los recursos públicos para una campaña política es el espíritu de la prohibición en la legislación nacional. La otra es que la cultura política mexicana tiende a pensar que el ejecutivo se comportará como en la época del PRI, sin controles y con atribuciones metaconstitucionales, un falso diagnóstico.

Lo segundo que llamó la atención de la elección estadounidense, fueron los spots. En esta campaña, ciertos sectores colocaron, por ejemplo, spots abiertamente xenofóbicos sobre todo en los estados colindantes con la frontera mexicana. Algunos espectaculares en las carreteras mostraban a los demócratas vestidos como mexicanos con la leyenda «democ-RATAS». Tras lo ocurrido en la elección del 2006 en México, la reforma electoral del 2007 prohibió todo tipo de spots que contuvieran expresiones similares, la pregunta es ¿prohibirlos ha contribuido a elevar la calidad del debate político?

Lo dudo, prefiero tener partidos políticos honestos que puedan exponer sus posiciones de manera clara: pro-impuestos, homofóbicos o «anti-neoliberalistas» y el canal abierto para defenderse y contrastar al oponente, no solo aumentaría el debate sino le permitiría al elector emitir un voto más informado. En la era del internet, por otro lado es cada vez menos costoso para un político establecer vínculos personales con sus electores y construir desde las herramientas sociales de la red propuestas concretas para sus campañas.

A pesar de este aparente clima de libertad y total democracia, hubo casos que llaman mi atención: la censura del spot del candidato demócrata al Senado por Missouri Robin Carnahan, censurado por la cadena Fox pues se mostraba la imagen de Chris Wallace haciendo fuertes cuestionamientos a su oponente, el ganador, el repúblicano Roy Blunt. El siguiente caso es la censura del spot de campaña para la reelección del ex Senador demócrata Russ Feingold, Wisconsin, cuyo spot fue retirado del aire y de la red por usar imágenes de la NFL. El último caso es el de la censura del spot del próximo gobernador de Ohio el repúblicano John Kasich, la censura en la TV e internet de su mensaje se debió a que la productora del filme donde participaba el actor del spot clamó por la exclusividad de la imagen de éste.

¿Qué tienen en común estos 3 casos? Que fueron censurados con base en la Digital Millenium Copyright Act (DMCA), que no es otra cosa que una ley de derechos de autor y propiedad intelectual que regula los derechos de reproducción en los medios digitales. En marzo de 2010 Wendy Seltzer del Centro Berkman para la sociedad y el internet de la Universidad de Harvard publicó un estudio demostrando como la DMCA viola la primera enmienda de la constitución de Estados Unidos referente a la libertad de expresión.

La censura del siglo XXI explica Seltzer vendrá de la feroz protección a los derechos de propiedad intelectual, que con el agotamiento de los modelos de negocios de la era pre-digital, están siendo promovidos por los grandes monopolios mediáticos acompañados altas sanciones económicas y agresivas penas corporales. Este modelo de la DMCA ha sido la inspiración del Tratado Comercial Anti-Falsificación (ACTA).

El internet ha democratizado los medios, la libertad de expresión acompañada con la transparencia ha democratizado la política y ha obligado cada vez más a los políticos a rendir cuentas. Estos logros y la construcción de un sistema político más abierto deben ser más importantes que las ganancias de algunas empresas.

En nuestro país el panorama es peor, los ciudadanos, partidos y candidatos tenemos un bozal que cancela nuestra legítima oportunidad de expresar nuestras ideas políticas o de cuestionar la oferta electoral. Sin embargo, disfrazados en programas de espectáculos, novelas y revistas del corazón cada vez son más los personajes que se promueven ahí, provocando lo contrario a lo que buscaron: denigrar el debate político y la cultura democrática. Tenemos la oportunidad de aprender de las experiencias en EUA, usar las nuevas tecnologías y abrir el debate, al mismo tiempo generar una legislación responsable para no caer en la censura del siglo XXI.

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