La narcovideocracia guadalupana y los mesías análogos.

Hipocresía es la única palabra con la que se puede juzgar a los medios de comunicación mexicanos (si no queremos utilizar palabras altisonantes), Ciro Gómez Leyva en su cada vez más ridícula e imaginativa columna en Milenio hace una alabanza, un cantar de lo heroico y patriótico que son los medios de comunicación, en su texto titulado “La generación de periodistas de la guerra” podemos leer aún conmovido Ciro que se siente bendecido por ser parte de un grupo de nobles paladines periodistas que dan todo por construir un país mejor.

Existen en México grandes periodistas, gente comprometida con una idea de nación, apasionados de contar historias, pero sobre todo apasionados por ver los efectos de sus publicaciones en la vida de seres humanos de carne y hueso, héroes que la historia y las generaciones futuras deberán de reconocer, sin embargo este reconocimiento deberá ser desplegado en un monumento que lleve de nombre el héroe desconocido, y es que quienes realmente llevan en su ADN la vocación y la pasión por el periodismo, es tristemente de quienes menos escuchamos y de quienes jamás escucharemos.

Pocos serán quienes no se habrán enterado de la primera telenovela crossover entre Televisa y Milenio, la trama central, el secuestro de 4 periodistas en Gómez Palacio, con esto no quiero ni desestimar ni ridiculizar a quienes cumpliendo con su labor fueron víctimas de un acto tan detestable como el del secuestro, sin embargo me parece igualmente repudiable la hipocresía, la farsa con la que estos conglomerados mediáticos utilizan a trabajadores, a gente como cualquiera de nosotros, para alzarlos y convertirlos en símbolo del heroísmo mediático que termina por legitimar ante la audiencia su carácter de imparcialidad y nobleza como corporativos, se humanizan gracias a la desgracia de otros y cubren su verdadera naturaleza, la de instituciones corruptas y sin escrúpulos, la del crimen organizado (mediante un guión), la de instrumentos de control y sometimiento, no de creadores de democracia, ni de libertad y mucho menos de opinión.

Denise Maerker, a quien en medio de tan devastador escenario mediático la considero capaz, falló en el momento en el que decidió entrar en el juego del melodrama.

“Un periodista no es más importante que cualquier otro ciudadano, un zapatero, un empresario, un comerciante, sin embargo, cumple con una función: la de informar, que es vital para el buen funcionamiento de una democracia y para la construcción de una sociedad participativa y crítica.”

De acuerdo.

“En Televisa, en Punto de Partida, no estamos dispuestos a salir esta noche a fingir que no está pasando nada. Sí está pasando.”

¡Brillante! En Televisa saben que algo está pasando, pero lo que resulta realmente revelador es que por lo menos, por una noche, no iban a fingir, ¡Santos Medios informativos Batman! Televisa iba negar su historia, sus ambiciones, sus culpas por una noche, muchos de nosotros recordaremos con placer esa noche en donde Televisa se volvió lo que siempre debió de ser, una pantalla en negros.

Y es que la farsa se revela en el momento en el que se recita el discurso heróico, unificador y donde se nos revela que los medios están siendo callados como nunca, bullshit!, Televisa, Milenio y los medios hegemónicos no defienden la libertad de expresión, defienden intereses económicos y políticos, si no, no se puede explicar cómo es que se mortificaron tanto ante el secuestro de 4 periodistas, cuando en los últimos 10 años han desaparecido 67 según datos de la federación latinoamericana de periodistas y no les mereció ni el más mínimo acto en defensa por la libre expresión, no manifestaciones, no comunicados, no cortes a su programación o contenidos, así que no vengan con sus discursitos, con sus lagrimas y lloriqueos, ustedes son culpables del problema en el que vive México, ustedes permitieron la corrupción, alimentaron la violencia con su amarillismo y destruyeron las instituciones con su cabildeo ilegal, lo lamento por aquellos periodistas dedicados y comprometidos que dan sus vidas por una nota, lo lamento por quienes las condiciones laborales los forzaron a trabajar con ustedes y se desperdicia su talento, pero ustedes como corporativos no merecen ni la más mínima simpatía, no se equivoquen ustedes también son el problema que vive México.

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