La miopía de Angela Merkel

“¿Eres o te haces?” – Sabiduría (demasiado) popular mexicana.

La reciente visita de la canciller alemana Angela Merkel a Turquía no resultó en  nada nuevo: su explícito rechazo a la entrada de los turcos a la Unión Europea continúa como en el pasado. Queda igual de claro que siempre que – al lado de su amigo Sarkozy – esta hamburguesa echará mano de todo cuanto tenga para retardar y bloquear la entrada de Turquía al bloque europeo. Para esto, su argumentación podría ser mucho más inteligente.

Los conflictos en Chipre y los efectos negativos de décadas de haber sido un estado autoritario (como el rechazo a los kurdos y el poder fáctico del ejército) contra los cuales el actual gobierno de Erdogan pelea, representan argumentos sólidos: tela de dónde cortar para frenar a Turquía.

Pero estar en visita oficial en pleno Estambul, representando una Alemania con 2.7 millones de habitantes turcos y encima declarar que “Las reglas del juego cambiaron desde que Turquía por primera vez hace 50 años golpeó a la puerta de Europa” no puede demostrar más que un cinismo imperdonable o una ignorancia catastrófica para un funcionario de su nivel.

Por supuesto que las reglas del juego han cambiado: hace 6 años, en 2004, la Unión Europea abrió oficialmente la candidatura de Turquía, un proceso que, muy al pesar de Merkel, inició con todas las de la ley y es irreversible. Los instrumentos jurídicos firmados por ambas partes facultan a Turquía a acceder a la Unión una vez que cumpla con los requisitos pactados de antemano.

Angela Merkel parece ignorar que las reglas del juego se pactan antes de jugar. Su propuesta de “asociación privilegiada” para Turquía, que niega la plenitud como miembro de la Unión Europea, está fuera de lugar desde el momento en que no está contemplado en ningún apartado de la legislación europea. Las reglas no se cambian una vez que ha iniciado la partida. La legitimidad del bloque europeo debe sustentarse en un respeto a los acuerdos.

Además, suponiendo que fuera viable un estatuto intermedio de membresía a la Unión Europea, a estas alturas, los incentivos de Turquía a aceptarlo son muy bajos: tal “asociación privilegiada” ya existe en la práctica. No puede negarse que los turcos, por pura geopolítica y siendo una fuerza económica notable cuentan ya con lazos fuertes hacia Europa con respecto a la mayoría de países en Medio Oriente o el Cáucaso.

Así, Angela Merkel ya debería tener claro que aunque a Turquía le falte un buen trecho por recorrer (sólo ha cumplido con 12 de los 35 capítulos que se requiere para acceder a la Unión Europea), no implica que de la nada pueda inventarse un esquema inexistente una vez que el proceso de adhesión ya ha iniciado.

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