Conozco a muchos presbíteros pertenecientes a la orden de la Legión de Cristo. Todos ellos de buena moral y acreedores de un trabajo infalible y generoso para los trabajos necesarios en su religión y en los conceptos de sus estatutos. Convencidos, reacios y disciplinados a la usanza militar, el sacerdote legionario es testimonio de una fortaleza y adoctrinamiento dignos de imitar en ciertos ámbitos por la calidad de su implementación, salvo en las conductas de sus líderes cupulares.
La cortina de mentiras de su fundador y las violaciones a niños e hijos propios de Marcial Maciel, encandece los miedos del autoritarismo clerical y de los tantos excesos que se han cometido a lo largo de la historia moderna –por no citar la historia más antigua-. La impunidad generada a lo largo de los años, la monumental mentira y la necesidad de justicia para esos monstruos impulsa la generación de duda, la carestía de fe, el secuestro a la razón y la fijación a generalizar a una institución solidificada que no muestra indicios para encontrar caminos que puedan menguar lo antes mencionado.
Los abusos cometidos, no solamente por el fundador de los Legionarios de Cristo, sino por muchos jerarcas católicos a lo largo del orbe, hace fundamental el señalamiento para la iglesia en el sentido de adoptar criterios y abstenerse de encubrir los crímenes de muchos de sus integrantes. De dar luz a la oscuridad que la mina; del tiempo de ventilar los casos que la dañan y la disminuyen.
Es tiempo de una larga y concienzuda auto reflexión para las cúpulas católicas. La ignorancia es fácil de alimentar y sobre todo, de sobrellevar. Si se quiere engrosar la grey de creyentes y mostrarse ante el mundo como la institución caritativa que debiera ser, la iglesia está obligada a mostrarse tal como es y aceptar los grandes aciertos e temidos errores que a éstas fechas se han logrado y cometido.
Ya no pueden seguir encubriendo a los varios delincuentes con sotana y los afectados seguir callados ante el miedo del fuego eterno. El infierno terrenal es imposible de sobrellevar para ambas partes.
No hay que olvidar que, el pecado de omisión es igualmente penado en la puerta de San Pedro.
