La inminente violencia.

 Soy un enemigo del autoritarismo, de las maneras y las formas violentas en que en veces el Estado se manifiesta para pacificar y obtener resultados, cuando incentiva la brutalidad y confiere salvajismo, viola las leyes y desestima el trato de los ciudadanos.

No concibo utilizar la violencia para calmar a la violencia misma. El Gobierno Federal, en ese tenor, confiriendo poder extraordinario a las autoridades de seguridad, asienta la imposibilidad de los ciudadanos a la tranquilidad, utilizando como escusa el trato de los criminales hacia el Estado mismo.

Tengo pesar por las políticas de seguridad adoptadas, confrontando a todos contra todos, polarizando las opiniones y creando en contra de la inseguridad, un clima similar de inseguridad igualitario y equitativo para todos, sin efectuar diferencias y haciéndonos participes de esa duda fascista que se encuentra en boga.

Me molesta tanto, me indigna, tener que protegerme de los buenos y de los malos, sin saber por quien puedo ser detenido o asaltado. Tener que caminar cuidándome de todos y andar con la vista baja, con coraje, convirtiéndome al celo de los que deben protegerme como ese alguien al que tanto buscan y no logran encontrar.

Soy parte de los ciudadanos que sienten enojo ante la vil irresponsabilidad del ejército, de las policías federales y estatales, que en busca de la mínima provocación requieren de “chivos expiatorios” para comprobar el trabajo efectuado, que responden a un posible y pretendido Estado de sitio y que arrojan a cualquiera, en la incertidumbre y haciendo caso omiso de los Derechos y Garantías, a la impía corazonada del crimen organizado.

¿Qué puede o quiénes pueden o qué métodos pueden y son necesarios para apaciguar la inminente violencia que vivimos? La aptitud y actitud del Estado es y debería ser la de protegernos; y es lo que se pretende, pero ¿a qué costo y con qué medidas?.

No concibo los métodos utilizados, no quiero ser parte de aquellos que ven en mí, que ven en mi vecino y que ven en todos a un criminal en potencia sin siquiera tomar en cuenta a los derechos fundamentales, haciendo de mi entorno, de la sociedad y del país, un sitio cada vez más inseguro, cada vez más terrorífico y cada vez más molesto donde la vida se hace dura.

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