[La Grilla] Crucifixión política

La facilidad con que se desechan a los miembros de la clase política revela una de las cuestiones más podridas en este país: Los chivos expiatorios codiciados por los medios para desentrañar lo más podrido, ya no de su acción política, sino de sus hábitos, amoríos, desencantos, amistades… Los periodícazos –contundentes como patear a un paralítico, diría Trotsky– que acaban con la carrera de personajes antes lustrosos y llenos de favores.

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Todo apunta a que uno de los pilares fundamentales para la recreación de la clase política son los escándalos que terminan en la crucifixión de sus miembros. Termina el día y no importa mucho lo que hicieron o dejaron de hacer, lo que cuenta son todos los clavos puestos en esa pesada cruz que cargarán en las lecciones de historia nacional.
La verdad es que nos agrada ver la desgracia de la cúpula. Cómo se desgarran entre ellos, y así percibir que son tan raza, tan desgraciados, tan mundanos, tan erráticos, tan débiles…
El público se regocija con las imágenes del connotado en desgracia. La desventura los reduce a herejes ante el país. Ya no será ése potentado de la política. Ya no más cenas en la farándula de los impuestos. Ya no más nepotismo, corrupción, prepotencia. El caído en desgracia es llevado al Gólgota, donde el espectáculo, aderezado con los jocosos comentarios de la extensión televisiva, nos permite tenerlos tan cerca para escupirles en cara.
fisgonEn ese momento merecen todo nuestro desprecio; el repudio de una sociedad que clama venganza por la tiranía de la élite. En esos precisos instantes es como si se crucificaran a todos los políticos por corruptos, arrogantes, mentirosos, ladrones, asesinos, secuestradores, traidores… Los adjetivos se desbordan, pero, al final, pasan las semanas y llegan los meses, y ya se ha olvidado el calvario. Sólo queda esperar el próximo, porque, claro, siempre habrá otro: Uruchurtu, Madrazo Becerra, Díaz Serrano, Hernández Galicia, Jonguitud, Benjarano, Imaz, Salinas, Montemayor, Tellez…
Muchos de ellos no fueron palomas blancas, epítomes de eticidad, profesionalismo y servicio a su país; sin embargo, ¿arrollarlos con el peso de la historia y la condena realmente cambia en algo las mezquindades de la política (sus métodos, personajes más oscuros, corruptelas y demás triquiñuelas)?

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