
Más de 460 días.
Eso es el atraso de una de las actividades más importantes que se esperaba formaran parte de las «celebraciones del Bicentenario», hace años ya -aunque pareciera más- la Estela de Luz fue el proyecto ganador de la convocatoria para crear un monumento conmemorativo. En teoría se trataría de un hito urbano-arquitectónico que fuera un reflejo de lo que se ha logrado en los 200 años de nuestra existencia como país independiente; un emblema del México moderno que engalanaría el Paseo de la Reforma -una de las calles más bellas de la Ciudad De México-, pero que terminó siendo un reflejo de la realidad nacional.
Los vaivenes empezaron desde temprano. Primero un costo proyectado de 200 millones de pesos, el cual se elevó hasta llegar a los casi mil millones de pesos -sí, 1,000,000,000 pesos-; después, el sistema de iluminación, proyecto que fue entregado a la empresa Mantenimiento Arquitectónico sin siquiera haber sido sometida a evaluación; acto que tuvo polémica propia después de que tres empresas evidenciaran los hechos en una carta abierta al Presidente y al Congreso.
Lo más curioso es que de acuerdo con el peritaje del Colegio de Ingenieros, el costo real de la Estela de Luz debió haber sido 375 millones de pesos. No más, no menos. Casi la tercera parte de su costo.
Los ciudadanos se enojaron, un precio exhorbitante, un proceso corrupto y muchas irregularidades. En Twitter la gente empezó a burlarse -ya saben que en México el humor es nuestro desahogo-, uno de los #hashtags populares fue #unusoparalaesteladeluz, llegando a estar entre los trending topics locales.
La inauguración se llevó a cabo entre protestas ciudadanas. Hubo quienes quisieron nombrarla -y muy bien hecho- un Monumento a la corrupción, nada más alejado de la realidad.
Finalmente, Calderón anunció (en Twitter porque por lo visto quería alimentar la polémica) una inauguración sorpresiva para evitar las demostraciones ciudadanas de inconformidad. Así fue como el 7 de enero Calderón inauguró la Estela de Luz, nombrándolo un «alarde de la ingeniería mexicana» y justificando la tardanza diciendo que, a pesar de que todo se había entregado a tiempo, «al momento de ponerlo en ejecución, se evidenciaron algunas inconsistencias que ponían en riesgo la viabilidad del proyecto», justificando así el incremento de su costo y tiempo de construcción.
Por su parte, los ciudadanos protestaron, y como es común en nuestro país, sus reclamos no fueron oídos. ¿La cereza del pastel? La Estela de Luz incumple con la norma ecológica con la que debería cumplir al estar en las inmediaciones del Bosque de Chapultepec.
No sé qué es más triste, el hecho de que esto haya podido suceder o que los encargados de este «alarde de la ingeniería mexicana» piensen que la ciudadanía nunca va a protestar, no se va a dar cuenta o que simplemente su opinión no importa. Lo más triste es que quizás en menos de un año veamos la obra de la corrupción y no recordemos lo que realmente significa.
Corrupción, irregularidades, nepotismo, retrasos, ciudadanos que no son escuchados, normas ecológicas que son incumplidas. Bienvenido a México, el único país donde el monumento que celebra los 200 años de nuestra Independencia es también un triste recuerdo de nuestra realidad.