La dama de hierro, sí, pero ni Golda Meir ni Margaret Tatcher; se trata de la Torre Eiffel, inaugurada el 31 de marzo de1889 durante la exposición universal de París, que conmemoró el primer centenario de la Revolución francesa. Esta dama ha vivido momentos interesantes en su biografía. De ser repudiada por los artistas e intelectuales de la época (desde Guy de Maupassant hasta Alejandro Dumas hijo) pasó a convertirse en un laboratorio para experimentos científicos (tuvo una participación destacada en la Primera Guerra Mundial, interceptando frecuencias de radio alemanas), y finalmente en uno de los atractivos turísticos más visitados del mundo, y símbolo de París y Francia misma.
Curiosa la gama de ideas y sentimientos que representa la torre. Con sus más de 300 metros de altura y miles de toneladas de hierro forjado, alguien que lea su esquema técnico estaría tentado a verla, como los artistas y arquitectos de la época, como una estructura “inútil y monstruosa” (hoy día aún sigue siendo sitio privilegiado para ser destruida en los filmes norteamericanos, bien por un cometa o la guerra nuclear, lo cual únicamente demuestra su vigencia como referente internacional).
Sin embargo, es un lugar sobre todo de romance, icono artístico y cultural par excelenece. Ahí, la musa del artista y la pasión del amante, lo mismo que la curiosidad del turista ocasional, han encontrado en la Dama de hierro una fuente inspiración que siempre se recrea, o al menos de complicidad, sobre todo si uno tiene la suerte de visitarla en 14 de julio u alguna otra fecha en la que, además de su espectacular iluminación, recibe los reflejos multicolor de los fuegos artificiales elevándose con rapidez y gracia, si bien inútilmente tratando de llegar a su cima.
Como cada siete años, a petición del propio Gustave Eiffel, la torre será repintada, esta vez, con 60 toneladas de pintura ecológica color “marrón torre Eiffel” (antes ha sido amarilla e incluso roja, como el espíritu revolucionario que su construcción rememora). La dama de hierro, testigo de los años y la historia –o más bien, “las historias”– seguirá contemplando, desde el Campo Marte, en la 7ª arrondissement, al lado del Sena, el devenir de la ciudad luz, espero, por largos centenarios más.
En savoir plus,
Sitio oficial de la Torre Eiffel
La torre en wiki (español)
La torre en wiki (francés)
Le Figaro
L’Express
El País

Con que nostalgia y aprecio describes a la dama Aramis, puedo asegurar que tienes grandes recuerdos de Pagrrí, bella entre las bellas. Y la Eiffel, como nuestro Ángel, son símbolos inalterables de la cultura que reflejan además, ese romanticismo de las sociedades que se dibujan en sus monumentos.
Saludos, te esperamos en la pequeña Europa de Jalisco Aramis!!! jejeje
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