La ciencia ficción de la izquierda mexicana.

“La revolución no se toma con coca cola”.

En mitad de un clima de refundaciones, reformas, consolidaciones y funciones de circo interminables, a lugar a la cuestión del sinuoso 2010 que se acerca como trago amargo, a la vuelta de la esquina, con malos augurios y profunda pena en la política del país.

Cocinándose andan la reelección y el infortunio del pueblo en colocación del Congreso, promoviendo aceitadas y perecederas soluciones a la problemática que aqueja a nuestra Nación, cual estela vigorosa que queda en la nada.

Ante el escenario ofuscado, rapaz, la solución caduca en cada intento y figura complicada ante varios bloques de políticos negociantes, mercaderes, sin ápices sociales que atenúen, ideológicamente, la proposición adecuada y necesaria en cada situación. Medianamente y en estos últimos meses, las batallas campales del Congreso y en los partidos han estribado en un vaivén innecesario, hueco de idiosincrasias, donde el más fuerte se ha impuesto con negociaciones parricidas y argumentos falsos en la práctica.

La izquierda mexicana; ese intento de unidad, calcinada por las luchas internas que jamás la han logrado crecer, ensimismada en caprichos y sin idea fija ni argumentos, consiste en un caparazón de ideas que no influyen ni motivan, que no generan y evitan, definitivamente, el debate inteligente y el planteamiento de propuestas tangibles.

La proyección que la izquierda mexicana debe asistir es necesaria y fundamental para el crecimiento de México, para la real filiación de la política en los Congresos. No puedo imaginar las tomas de decisiones sin sopesar entre los círculos progresistas los excesos que la derecha mexicana ha propiciado en los últimos años.

La izquierda como actitud y propuesta, sin importar el partido político, debe prevalecer y organizarse para consolidar lo alcanzado, para contrarrestar al salvaje bloque de derecha, a la imposición de los intereses privados y a los defensores de lo conservadoramente establecido, base de la desigualdad y las diferencias económicas existentes. Al día de hoy, esa derecha en el poder de México, ocultando e intentando promover parálisis cerebral entre los ciudadanos, necesita de olvidar la historia y generar, borrando libros enteros, capítulos nuevos de retrocesos sociales alcanzados con pólvora y sangre.

Debe pronunciarse notablemente un acuerdo que genere simpatías y proyectos viables para detener a la reacción. Que los partidos políticos no separen el fin común que nos une: la mexicanidad. Que se inicien acuerdos reales, que la izquierda mexicana reviva del letargo oportunista de unos cuantos.

Sobre el Autor

Licenciado en Derecho por la Universidad de Guadalajara. Se ha desempeñado en la misma como Auxiliar del Departamento de Política y Sociedad; Consejero Propietario, Representante General del Alumnado, Secretario de Cultura y Sub Coordinador Zona Ciénega de la Federación de Estudiantes Universitarios. Ha sido miembro del Consejo Editorial del Centro Universitario de la Ciénega, Jefe de Edición del Periódico Estudiantil Voces e integrante del Consejo General de la FEU. Actualmente es articulista de varias Revistas y Periódicos, miembro del Despacho Asesoría Legal y Técnica y Coordinador del Instituto Ocotlense de la Juventud, contando con un libro de poesía publicado.

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