México tendrá uno de los crecimientos económicos más bajos en la historia, manifestado en el alza de la inflación y los diferentes indicadores que la menguan. Considerando entonces la menopausia que la economía mexicana vive y resiente en estos días, es necesario ocupar el tiempo en la mejora continua de dichos indicadores, reforzando desde la teoría las acciones que deben tomarse en su recuperación.
Comprobado está que el espíritu privado de las corporaciones ha tenido un efecto retrograda en las especulaciones que se han generado dentro de la búsqueda de generar más capital, por ello, es injusto y contrario a las necesidades de la Nación el aplicar rescates monetarios a las bancas privadas, generando déficits increíbles al PIB en la historia. No puede ni debe permitirse nuevamente que se sangre al gasto público a favor de las arcas privadas de las bancas, que mayoritariamente representan el capital extranjero y desfavorecen en demasía la cuenta del Estado.
Es conveniente y obligada una reforma que de fe a cualquier sistema económico y tenga un imperio y autoridad reales en la economía mexicana: el dualismo sistémico iniciado desde 1988 inhibe la capacidad de acción del Estado en las riendas empresariales, así como al sector privado de participar dentro de competencias únicas del Gobierno. Tal paradigma socaba la intención plena de ambos sistemas e inicia una confusión y conflicto de intereses en detrimento directo de la economía. El sistema mixto utilizado en México –donde el Estado tiene potestad en ciertos ámbitos y el sector privado en otros- ha contribuido a estancar la libre competencia y la Seguridad Social en el país, haciendo de éste un terreno temeroso para la inversión y una doble moral en todas sus leyes.
La reforma al Estado es un tema de agenda que no podrá ser eludido por la siguiente Legislatura. Se tendrá que prever la situación próxima para enfrentar la pavorosa recesión y amortiguar el descenso inminente. Por tanto, los futuros Diputados y actuales Senadores deberán tener conocimiento pleno de la situación actual, para que pueda solucionarse la prevención de sucesos como el actual.
Sin embargo, dentro de las decisiones que puedan llegarse a tomar en el Congreso, es inexorable la actitud que deberán tomar los legisladores en cuanto al sistema económico se refiere, debiendo sopesar fríamente que es lo más conveniente para el mejoramiento del país: si la adopción del anterior sistema, regido por la tutela del Estado en la mayoría de los sectores productivos, teniendo mayor poder y plena rectoría en las riendas económicas, pudiendo así salvaguardar con mayor capacidad una crisis monetaria o el alza de los indicadores, con dictada teoría socialista; o el libre mercado, dominado por el sector privado y la libre competencia, donde cualquiera puede incentivar su participación y hacer económicamente lo que le venga en gana, con un modelo capitalista abierto.
Son las dos soluciones, el sistema mixto mexicano –y mundial- es caduco ya y debe decidirse por cual habrá que hacer la apuesta. Aun, con la decisión que se lleve a cabo, los errores deben ser pagados por quien los cometió, y si en dado caso el sector privado es el causante, es él quien debe salir a flote sin llevar gasto público con ellos, teniendo la obligación el Estado de hacerlos suyos si los solventa y el sector privado de participar en la economía si la banca es estatal. Es injusto que los mexicanos paguemos por los errores del empresario y en dado momento, las ganancias generadas por ellos no sean compartidas con el pueblo.
