Juárez: El más universal de los mexicanos.
Discurso presentado en la plaza de armas de Ocotlán, Jalisco el día 21 de Marzo de 2009 en conmemoración del Benemérito.
Don Benito Juárez, el mexicano más ilustre que ha engendrado nuestra patria, nació el 21 de Marzo de 1806, en San Pablo Guelatao, pequeño poblado de indios zapotecas del Estado de Oaxaca. Su infancia transcurre irremediablemente en medio de la miseria y la orfandad, lo que le permitió vivir en carne propia las carencias de los pobres y los excesos de poder acumulado de las clases privilegiadas.
Juárez es y ha sido el más popularmente glorioso de todos los mexicanos. Sirvió a su patria con profundo desinterés. Ninguno ha podido igualársele. Carecía de nervios como las piedras, pero le sobraba energía como a las tempestades. Tuvo Juárez la calidad del acero, por el filo y el temple.
Hoy, a 203 años de su nacimiento, forzosamente hemos de reconocer que cada individuo y cada Nación cosechan el producto de lo que cotidianamente siembran. Aquí ha eternizado universalmente su huella porque ha sabido transmitir el valor de la dignidad y de la convicción de los principios.
Sencillamente, ha de decirse que Juárez primero se forjó a si mismo; después forjó a su manera y expresión la sociedad de su tiempo y como corolario le fue factible estructurar la nacionalidad mexicana en los grandes principios de Libertad, Igualdad y Fraternidad.
Benito Pablo Juárez García, más allá de que configuró de manera contundente el rostro de nuestra patria, es el mexicano más universal, y lo es porque demostró que el Derecho como Escudo es más poderoso que la excomunión y que la espada.
Los aquí presentes somos la prueba más evidente e irrefutable de que para rendir tributo ninguna voz es débil, de que para honrar a los hombres son oportunos todos los momentos y de que los pueblos nunca se equivocan cuando deciden conmemorar a sus héroes; ahora el compromiso es velar por el porvenir de la Patria que Juárez amó tanto y por la que dio todo, incluyendo su propia vida.
Juárez ha sido absuelto por la historia ante las denuncias políticas y las auditorias históricas de los que han querido hacerse socios comerciales de Dios, de aquéllos reaccionarios de la ultraderecha oscurantista que en extrema inexperiencia se precipitan al vacío como con un yunque atado al cuello, algunos para los que se debería rehabilitarse el Cerro de las Campanas, ya que han sumergido a nuestra Patria en una profunda crisis económica, política, social y cultural, y lo que es peor, en una crisis ética y moral sin precedentes en la historia de nuestro México.
Ahora, con el pretexto de la Globalización, quienes detentan el poder político pretenden entregar a nuestra Nación a intereses extranjeros y destruir la conciencia Nacional al fomentar la amnesia histórica, pretendiendo hacer creer al pueblo de México que las libertades que gozamos actualmente han sido posible gracias a la generación espontánea, negando el papel de hombres que como Benito Juárez contribuyeron a formar éste gran país, eso se ve reflejado en el hecho de que su retrato fue retirado de las oficinas presidenciales para ser ubicado en algún “lugar más conveniente” y para colocar en su lugar “águilas mutiladas”.
Juárez no pertenece solo al pueblo de México sino a todos los pueblos explotados y sojuzgados del mundo. Es el símbolo latinoamericano de la reivindicación de los derechos y Libertades de la raza conquistada y sometida. Representa la síntesis de la historia nacional, la encarnación llameante de Hidalgo y de Guerrero y es, al mismo tiempo, la reedición del espíritu constitucionalista del inmenso Morelos. Sería faltar al hombre ejemplar que fue, el no advertir que la sola evocación de su nombre compromete al que lo pronuncia.
Si Juárez viviera fomentaría el cambio social, abanderaría la transformación revolucionaria mediante el cumplimiento irrestricto de una Constitución con un alto espíritu patriótico y acabaría con todos los que la violentan, la corrompen, la prostituyen y la ajustan a los intereses del propio grupo al que sirven. Acabaría de una vez y para siempre con la impunidad, la discriminación y la injusticia. Reconstruiría al Estado Laico con el que siempre soñó, aquél en el que los gobernantes no debieran de pronunciarse a favor de credo alguno y seguramente evitaría a nuestro pueblo la vergüenza de ver a su gobernante arrodillado y besando el anular de la mano, símbolo del representante de otro Estado, en señal de veneración y sometimiento.
Juárez hoy más que nunca está vivo, permanece vigente a través de la historia de México. Tenemos el legítimo derecho de honrar hoy y siempre su tenacidad y su valentía, pero también una seria obligación: la de seguir su ejemplo de lucha por la justicia social.
Tus hechos, Juárez, y no únicamente tus palabras, son glorias de México, y en cada uno de nuestros pechos se conserva la eterna memoria de tu vida ejemplar.
Tu sitial estará siempre vacío. Tu voz no se volverá a escuchar en medio de la polémica. Tu rostro sereno e imperturbable y tu gesto adusto no nos darán en lo sucesivo la tranquilidad de otros tiempos. Tus labios y prudentes consejos nos faltarán. Pero si en alguna ocasión nuestras fuerzas flaquean y vacilan nuestras convicciones, volveremos la imaginación a tu memoria venerada y entonces venceremos a la debilidad y al error.
Por eso manifestemos con júbilo y emoción: ¡Juárez, creemos en ti!, ¡México, creemos en ti!. ¡Juárez vive!… ¡Viva Juárez!… ¡Viva México!


