Ocre y amargo resulta el lamentable platillo de paquete fiscal cocinado en la cámara de diputados. Impulsado desde una perspectiva poco efectiva y sin un aval correspondiente a los tiempos modernos, el paquete propuesto mayoritariamente por el PAN y el PRI asegura un supuesto salvavidas para la economía nacional.
No es la morbosa intriga de los impuestos lo que enfurece a la mayor parte de los mexicanos, ni el ápice característico de propulsar un ingenioso debate a costa de las aristas de crisis, sino la sorprendente idea de superarla en incrementos que rebasan toda capacidad de raciocinio en los supuestos de crecimiento económico.
Es descartable imponer la reactivación de la economía con planes empequeñecidos como dispuestos solamente a la recaudación como base. La urgencia y emergencia para combatir la situación instaura criterios que no solucionan el fondo del problema, únicamente conminan a definir propuestas rápidas que responderán al momento y que atraerán en el largo plazo las consecuencias de un proyecto encarecidamente ideado y meditado por el Legislativo.
Desastrosamente el impacto del aumento a los impuestos no engrosa la cantidad de contribuyentes, sino que incauta aún más a los que ya los pagan e imposibilita el crecimiento de los mismos. La vulnerabilidad de las clases más desprotegidas las hacen principales blancos del golpe impositivo que se pretende. ¿Qué fórmula eficiente puede comprobar el aumento?. No existe tal coherencia en el combate a la pobreza.
En el trascurso de los debates el costo político afectará las decisiones del Legislativo, limando con argucias la posibilidad de enfrentarse directamente a un trepidante caos social, casi inminente, alimentado a diario.
Ahora bien, en el sentido político, es lamentable la opacidad demostrada por los partidos políticos: por una parte, el trueque de prebendas entre los actores políticos y la carestía de posiciones firmemente consolidadas entre los diputados; son pocos los que valientemente desafían la “línea” y afirman un sendero benéfico para los ciudadanos. Como ya lo dijo Joaquín Sabina, “la izquierda en el poder se vuelve derecha”, e inquisitoriamente en estos momentos no puede haber duda que de entre PRI, PAN, PRD y asociados, son contados los que se escapan. Felicito al diputado jalisciense Salvador Caro quién decididamente ha repudiado al paquete fiscal.
Solventar una planeación dedicada es la única forma para combatir los males económicos; las andanzas itinerantes de los diputados perjudican demasiado la tambaleante situación. Lamentable.

Putos diputados hay que quemarles la camara