I Formulas patrióticas.

Es septiembre, y se avecinan como cada año, los espíritus que medran en cada mexicano la cultura de lo nuestro. La reflexión y el crítico pensamiento a favor del Estado debieran reconsiderarse durante estas fechas y aportar, respectivamente, teorías e hipótesis que beneficien y fortalezcan en el conjunto de la algarabía, el artificio y la fiesta de nuestra Nación.

Los festejos del Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución se asemejan en nuestros tiempos como una llana caricatura de lo que debería ser. Los contrastes forjados desde la juventud del país han logrado, contrariamente a la corrección, una síntesis perdurable de los vicios en la conducta de todos los mexicanos.

La libertad lograda con los dos grandes movimientos armados han desarrollado un triste supuesto de dependencia económica, de desigualdad social y de posicionamiento integral en la vida política de aquellos, que antaño, originaron la gresca. La solicitud de cambios ambientados en el beneficio puro de las clases más desfavorecidas debe retomarse con solidez para la reinvención del Estado Mexicano, hoy un Estado fallido.

México no necesita más de monumentos, de promesas o de discursos con un alto valor patriótico. Lo que nuestro país tiene como necesidad básica es el replanteamiento de modelos a seguir, de reformas que hagan valer al Estado como tal y de una reingeniería constitucional que haga cumplir irrestrictamente la ley. Es tiempo de ocupar la razón nacional en paradigmas reales que conduzcan a buen fin la pretensión nuestra.

El mes patrio, como tal, debe servir como un acto reflexivo en todos los compatriotas, componiendo las soluciones de fondo que aquejan al país. La demagogia y el histriónico sentir de todos deben enfocarse en la creación de realidades, de reinvenciones. Los tabúes creados a lo largo de la post revolución, deben eliminarse completamente y acatar, con el crítico juicio de la historia, la posibilidad de legislar en materia de reelección y dualidad en la división de poderes.

Varias de las Instituciones que forjaron y funcionan en el México contemporáneo, deben destruirse debido al colapso existente. La democracia ha evolucionado y es necesario cimentarla en organismos adecuados; algunos remodelarlos y crear otros necesarios en el clima político y social que reina.

México debe meditar en la amplitud de su destino. Un magno festejo en su algarabía no solucionará el fondo de sus problemas. El mejor regalo que puede hacérsele a la Patria en éstos momentos es la profunda reconstrucción de sus pilares.

Sobre el Autor

Licenciado en Derecho por la Universidad de Guadalajara. Se ha desempeñado en la misma como Auxiliar del Departamento de Política y Sociedad; Consejero Propietario, Representante General del Alumnado, Secretario de Cultura y Sub Coordinador Zona Ciénega de la Federación de Estudiantes Universitarios. Ha sido miembro del Consejo Editorial del Centro Universitario de la Ciénega, Jefe de Edición del Periódico Estudiantil Voces e integrante del Consejo General de la FEU. Actualmente es articulista de varias Revistas y Periódicos, miembro del Despacho Asesoría Legal y Técnica y Coordinador del Instituto Ocotlense de la Juventud, contando con un libro de poesía publicado.

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