Hoy leo la extraordinaria crónica que hace el periódico The Guardian por las movilizaciones del primer aniversario del 25 de enero en la emblemática plaza Tahrir en Egipto. Me recuerdo a mí mismo hace un año llorando (literal) frente a mi computadora mientras observaba con emoción las movilizaciones de los ciudadanos egipcios y pienso ahora, a un año de distancia, lo que estos ciudadanos aportaron a los ciudadanos del mundo: nuestra egiptización. OK, suena ingenuo (y en cierto modo prefiero serlo).
Esas manifestaciones sociales que vimos en Túnez o Egipto hace un año, sean o no su primavera (la expertitud se pierde en la textura), nos recordaron que es de los ciudadanos de quienes emanan los poderes públicos y que somos nosotros los únicos que podemos cambiarlos (en México, leer como mantra el artículo 39 de la Constitución). Nos enseñaron que podemos creer (de manera profunda) en nuestro poder, aunque después no sepamos qué hacer con él. Contagiaron en el mundo una nueva oleada de protestas cuyo hilo conductor es cuestionar la manera en cómo funcionan las cosas, en cómo se comporta quien ejerce el poder que le otorgamos, en qué papel tenemos todos en la toma de decisiones de unos cuantos, una egiptización que continuará (será quizás desgastante y de larguísimo plazo) y que modificará el rostro del mundo.
Dos preocupaciones me asaltaban hace un año y siguen haciéndolo: la centralización de la red y que el discurso de algunos (como el optimista y chafa mío) aplaste la voz de los habitantes de aquellas regiones. Respecto de la segunda, parece que así sucedió, el optimismo por la primavera árabe ha colocado un velo en la situación de aquellos países, cada vez tiene menos importancia para medios y ciudadanos lo que suceda pues hemos romantizado al extremo lo sucedido, se ha puesto en lenguaje épico (lo es en cierto modo) demasiado pronto. Lo cierto es que la junta militar sigue instalada y el primer parlamento electo (con mayoría de la hermandad musulmana) comenzará a funcionar no sin pocos problemas y una profunda crisis económica.
La primera de mis preocupaciones persiste y ahora en mayor escala, precisamente lo sucedido hace un año puso en el centro de la discusión mundial la importancia del internet en la vida social. A pesar de su importancia, la red no había sido centro del debate político mundial hasta que le pusieron el reflector que irónicamente, por su arquitectura, pone en las causas que hablamos. Y de pronto, ese frenesí por la red ha sido aprovechado por los cabilderos de la industria del entretenimiento como una ventana de oportunidad para clausurar la red de una vez por todas.
En la reciente discusión sobre SOPA, muchos de los textos que leí al respecto y que se oponían a esta iniciativa nos recordaban la importancia del internet libre como catalizador democrático (remitiendo sin escalas a Egipto), sin embargo seguimos sin tener garantías de que el modelos libre y neutral de la red continuará, todos los días es una constante batalla con quienes están dispuestos a lo que sea por que se acabe al presentarse como la nueva bestia de siete cabezas…internet=apocalipsis.
Un año después parece que estamos en un intermedio en donde todo se reacomoda: ciudadanos en las calles del mundo (egiptizados), grandes corporaciones tratando de censurar internet, cada vez más críticos “del sistema”, etc. En el fondo de todo eso sigue fluyendo la información, seguimos conectándonos, amplificando temas y tratando de jugar a los progres de la democracitud.
Ahí está pues Egipto que nos sirve de pretexto para hablar de las bondades de la red sin aplicarlas para egiptizarnos.
Sin duda se marcó una etapa hace un año y se observó la influencia que tienen las redes sociales en la vida política, económica y social. Ahora creo que al ver todas acciones se ha desencadenado una serie de corrientes que intenta censurar o amaniatar el uso de las mismas por el impacto que éstas pueden tener, claros ejemplos los que describes.
Pero creo, como bien dices aun falta mucho por recorrer y esta batalla le falta mucho.
Y gracias a personas como tu que están constantemente defendiendo los derechos y la libertad del internet y las redes sociales. Mis felicitaciones por seguir en la lucha, animando a mas ciudadanos para involucrarnos o hacernos conscientes de estos movimientos. Estoy seguro que es un trabajo muy duro y algunas veces desalentador, pero con muchas satisfacciones tambien, aunque otros lo vean como ingenuo.