La debacle panista en la Nación corresponde a una desbandada de intereses, a una inconformidad política generalizada entre los grupos dominantes al interior del PAN que pretenden, los que tienen el poder, en retenerlo; y los otros, que después de Fox, fueron marginados en las principales tomas de decisiones, volver a el.
La trágica derrota del PAN en México puntualizó efectos inevitables en la conducta del elector: por un lado, el inminente castigo hacia el partido en el poder y el desmembramiento en la cúpula del PAN. El desgaste político que dicho partido ha tenido en nueve años solicita urgentemente una apertura a diversas corrientes que equilibren las posiciones y pretensiones de un panismo desequilibrado y contencioso.
Sin lugar a dudas, el presidencialismo sigue tan vigente en nuestros días como lo fuera el otrora PRI, conviniendo al PAN las acostumbradas prácticas pasadas del régimen en una unilateral convención de intereses. Tal como sucede, Federal y Localmente con todos los Comités Estatal de AN, sin meditar suficientemente ni sopesando el aval de las bases que conforman al partido de derecha.
Jalisco, igualmente dividido y desarticulado por la épica derrota, resiente el efecto de una “coalición” de poderes en sus dos líderes: Emilio González Márquez –Gobernador del Estado- y Francisco Ramírez Acuña –líder moral de la corriente tradicional-. Emilio, haciendo alarde de su pretenciosa soberbia, desacredita a Papá Pitufo para modificar de tajo la estructura de poder en AN Jalisco, desatando una guerrilla al interior que cimbrará totalmente sus domos y dejará maltrecho a la dirigencia después de la mediática contienda que se realiza en su casa. Acuña, empeñado en seguir liderando a AN desde su curul en la Cámara Federal de Diputados, cegado de igual forma que Emilio, responde activamente para salvaguardar lo poco que le queda en lo no apertura de nuevos grupos en Jalisco.
Las dos corrientes, la de los mochos y yunquistas –Emilio- y la de los autoritarios de mano dura –Acuña- tendrán que reconvenir o aniquilarse para unificar a un panismo jalisciense enfurecido y sin resultados. Eduardo Rosales, quien es el Presidente del CDE de Jalisco, debiera utilizar una diplomacia sin precedentes si quiere lograr presencia en los próximos comicios, pues el haber dejado a Jalisco con una mayoría priísta, no puede solucionar la necesidad de sangre en la grey del PAN que pide las cabezas de ambos bandos.
Será interesante lo consecuente en el PAN Jalisco y el Nacional: Acreditar un partido que vuelva a las raíces o uno nuevo que aprendió y práctico las mañas del PRI demasiado rápido. Por lo pronto, el PAN sigue después de la elección muy desangelado, entre azul y buenas noches.
