Elecciones 2010: Tlaxcala

Así como todos durante el mundial somos Directores Técnicos en los partidos de futbol, todos traen un analista político por dentro, personalmente nada me parece más maravilloso, si no tendiéramos a esto, seríamos un país aburrido y sin conversación. Mi ignorancia futbolera ha hecho que mi DT interior nomás no salga, pero mi fallido analista político no puede esperar para hablar de las elecciones.

No podría hablar de una elección distinta a la de Tlaxcala, mi estado, ni siquiera del panorama electoral general, porque creo, que cada elección se debe evaluar de manera individual con sus elementos particulares.

Tlaxcala es un estado único en el país, donde la alternancia política es un asunto cotidiano y no un anhelo inalcanzable. Desde 1998, Tlaxcala ha transitado de un gobierno priísta a uno perredista y de éste a uno panista. Doce años después vuelve el PRI cuyo desempeño electoral había ido a la baja en el estado.

El PRI no sólo se alza con el triunfo en la gubernatura, sino también en el congreso local, en donde la elección local anterior (2007) no ganó ni un distrito por vía uninominal. El partido en el gobierno pierde prácticamente todo lo ganado (aunque mantiene su votación “base” intacta) y el PRD, que ya gobernó la entidad, desapareció casi por completo en el mapa electoral.

¿Ocurrió lo mismo con las dos transiciones anteriores? Sí y no. Veamos.
Cuando Alfonso Sánchez Anaya ganó la gubernatura por el PRD en 1998, el congreso local estuvo conformado por mayoría priísta, y en la segunda legislatura (2001) del sexenio el PRD tampoco pudo obtener la mayoría. Las elecciones federales no fueron distintas: en las elecciones federales del 2000 el comportamiento electoral del PRD en el estado hizo que el PRI ganara las senadurías, salvo la esposa del mandatario que entró como primera minoría, y las diputaciones federales en 2000 y 2003 nunca fueron de mayoría perredista. Sin embargo la presencia del PRD sí impactó en los municipios, llegando a gobernar casi la mitad de los 60 en el estado.

El electorado castigó directamente el proyecto transexenal del Sánchez Anaya (que incluía a su esposa la ex senadora Maricarmen Ramírez) y optó por el gobierno del ex priísta Héctor Ortiz Ortiz.

El proyecto de Ortiz Ortiz parecía más sólido. Entró con un congreso de oposición (PRD-PRI) y ocho presidencias municipales, sin embargo el desempeño electoral de su grupo fue más consistente: en 2006 ganó 2 de 3 distritos federales y una senaduría. Para la elección local de 2007 ganó la mayoría en el congreso y una cuarta parte de los ayuntamientos (elevando el desempeño electoral del PAN en 400%) para 2009 ganó todas las diputaciones federales en disputa. Electoralmente parecía invencible comparado con el ausente PRI y el desgastado PRD. No fue suficiente.

El PRI mantiene más o menos el número de ayuntamientos que tenía, pero será la primera fuerza en el congreso (tendrá que sumar votos de los plurinominales de los partidos locales) y desde luego la gubernatura.
El electorado tlaxcalteca, acostumbrado por más de una década a la alternancia, no sólo en la gubernatura sino en la mayoría de los municipios y comunidades, cobró las facturas al sexenio que termina.

En datos duros podemos decir que sólo de manera parcial, pues el equipo del gobernador rindió electoralmente su estándar, es decir mantuvo intacta la votación que venía sacando desde el 2004 (no olviden ese dato), pero resulta increíble que a pesar de contar con todo el aparato de gobierno y recursos, no haya podido sumar más votos.

La génesis de estos resultados, me llevan irremediablemente a la crisis en los partidos políticos en general.

En la elección de sus candidatos, el PAN cometió error tras error. Tras la elección federal de 2009, que ganó ese partido con holgura, los diputados federales eran percibidos como los candidatos naturales a la gubernatura. Se anunció entonces un proceso interno donde votarían miembros activos y adherentes, los diputados pidieron licencia y se esperaba una elección altamente participativa (sólo en la campaña de afiliación panista había 20mil adherentes nuevos) de donde surgiría el candidato o candidata al gobierno. El PAN decidió por la imposición, a puerta cerrada y faltando cuatro días para la elección interna, designó a Dávila Fernández como su candidata.

El hecho de elegir la imposición en un estado que prefiere la alternancia, fue un error que le cobraron al PAN. Pues sucedió lo mismo en la designación de candidatos a presidencias y diputaciones.

Otro elemento que percibo como decisivo en la elección fue el papel del PRD. Contrario al PAN, la elección de su candidata fue democrática y ese bono, logró construir una candidatura consistente, que si bien sus preferencias nunca superaron el 15%, ofrecía una opción seria en el panorama político. Negociaciones cupulares invitaron a la candidata perredista a declinar, ello no sólo pulverizó lo poco que quedaba del PRD en Tlaxcala sino que, al cambiar la competencia a dos, el raso rendimiento electoral del PAN (insisto, sostenido) no pudo crecer pues la parte del electorado que apoyaba a la candidata perredista, al verla como una opción seria, se decepcionó y los votos lejos de irse al PAN encontraron cabida en el anulismo o en el PRI.

Hasta ahora tenemos lo siguiente: el PAN mantuvo la votación que le regaló la estructura del gobernador (que oscila entre 132 mil a 170 mil votos) pero no pudo sumar, el PRD desapareció casi por completo, el PRI regresa con un efecto arrastre sumado al voto de castigo por el proceso panista y la marcada agenda anti-orticista, pero no queda claro que su votación corresponda a una estructura sólida (debido al desempeño electoral de los últimos 12 años).

¿Y los partidos chiquitos? Una de las particularidades del sexenio, fue que el gobernador y la Senadora Rosalía Peredo, promovieron la creación de sus propios partidos, ambos conservan el registro. El partido socialista (PS) y el partido alianza ciudadana (PAC), para el congreso obtuvieron 6.39% y 4.30% respectivamente, lo que les dará de 2 a 3 diputados a cada uno en la legislatura (por vía plurinominal)y aparentemente tendrán también algunos ayuntamientos. En la elección a la gubernatura el PS jugó solo y el PAC a pesar de ir en alianza con el PAN tuvo serios desencuentros por la forma de elección de la candidata, parece que sus votos, también pesaron en el resultado final.

El movimiento anulista, con 4.67% en la elección del congreso, tuvo más votación que convergencia y los locales que perdieron registro: partido liberal de Tlaxcala, partido popular y partido del pueblo de Tlaxcala. Acompañado de la agenda de apertura del sistema político, candidaturas independientes, reducción al financiamiento público de partidos y su obligación a ser sujetos de transparencia y rendición de cuentas e impulsando los medios de democracia directa y participativa, el movimiento tiene una ardua tarea por delante. Propuestas que acompañaron a esta protesta y que la clase política tlaxcalteca deberá retomar para mejorar la relación con los ciudadanos, de lo contrario sus mandatos carecerán cada vez más de la confianza ciudadana.

Así tenemos que 10 partidos políticos se presentaron al congreso y a pesar de haber cumplido los ridículos requisitos de 60 asambleas municipales repletas de personas, 3 de los cinco partidos creados en el sexenio desaparecerán con recursos públicos incluídos, dos de ellos entrarán marginalmente y sin agenda clara por la vía plurinominal, y la elección se dividió entre los punteros a la gubernatura favoreciendo ligeramente al ganador.

A nivel nacional, volvimos a vivir el debate de lo necesaria de la alternancia. Discurso válido y necesario en Oaxaca y Puebla cuyos gobernantes eran impresentables. Pero ¿la alternancia es tan mágica? La respuesta es no y como tal Tlaxcala, que se convierte en el estado con más alternancia en la república, es el ejemplo. Tres partidos distintos y 12 años de alternancia después no hemos avanzado (y creo que tampoco lo haremos los próximos 6) en la construcción de una agenda ciudadana que sea compatible con la democracia vivida en los comicios. Pero siempre habremos quienes estemos dispuestos a impulsarlos.

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