Elección, reelección y decisiones.

Es inevitable examinar las consideraciones que Felipe Calderón ha propuesto al Congreso en la materia de reforma política. Interesantes, polares y escindibles, el jefe del Ejecutivo demuestra, como pocas veces, iniciativa en un punto medular para el desarrollo de la nación, así como algunos tabúes que deberán debatirse para la sanidad política de México.

Comenzando, habrá que definir el situacionismo histórico que vivimos para entender y comprender la profundidad de la propuesta de Calderón: con la vuelta de la reelección en la agenda pública, la constancia testada por el pasado es una referencia de valor neto y simbólico en los días presentes, así como un recordatorio en las transiciones políticas que consecuentemente se solucionan a disparos y grescas civiles. Al inicio del festejo del Centenario de la Revolución, es necesario para los políticos y, esencialmente, para los ciudadanos mexicanos, el llamado al análisis y reconsideración histórica de éstos momentos. Habrá que remembrar los postulados por los que dio inicio la batalla y sopesar fríamente la plusvalía de una reforma de tal magnitud, así como la solidez de argumentos que puedan cimentar la totalidad de las propuestas.

La postulación ciudadana, o independiente, como quiera vérsele, es una cuestión inevitable que debe darse para favorecer la democracia en el país; así como una resta al monopolio partidista y los cotos de poder que han generado oligarquías en los tres grandes partidos y cacicazgos de representación particular en los otros partidos parasitarios. La fortaleza de la política y democracia en México, por ningún motivo, debe aliarse a la disciplina y los compadrazgos adquiridos en las esferas del poder, además de inyectar aire fresco a la propuesta ciudadana mediante candidatos sin compromisos ni intereses mezclados a los de la partidocracia. El avance implementado que adquirirá la nación con las candidaturas ciudadanas, estabilizará las decisiones en una negociación interesante y comprometida.

La segunda vuelta en la elección presidencial, consta de dos puntos tanto benéficos como perjudiciales. Y es que, ante el regreso de dos fuertes, el tercero en discordia, con menos fuerza y capacidad, decidirá el futuro del próximo mandato; aunque, decididamente, la segunda vuelta hará del voto mexicano una decisión consiente y sin lugar a dudas, más transparente ante los problemas que hemos arrastrado en muchas elecciones presidenciales, incluida la de Felipe Calderón.

La reelección contempla una cisterna de miedos e ideales confrontados. La cultura política en México aún, personalmente, no es apta para atraer la reelección en la cantidad propuesta de años. Doce años en el poder serían, potencialmente, una calamidad para el avance democrático del país. La reelección debe debatirse conscientemente con los favores y desventajas que ésta atraería. Así también, el referéndum –que constitucionalmente está vigente en Jalisco- y la revocación de mandato deben considerarse para generar confianza y respaldo al pueblo.

Algo es firmemente verdadero: la reforma política y del Estado son dos prioridades que deben tocarse, a fin de que México se desarrolle en materia social y económica.

Sobre el Autor

Licenciado en Derecho por la Universidad de Guadalajara. Se ha desempeñado en la misma como Auxiliar del Departamento de Política y Sociedad; Consejero Propietario, Representante General del Alumnado, Secretario de Cultura y Sub Coordinador Zona Ciénega de la Federación de Estudiantes Universitarios. Ha sido miembro del Consejo Editorial del Centro Universitario de la Ciénega, Jefe de Edición del Periódico Estudiantil Voces e integrante del Consejo General de la FEU. Actualmente es articulista de varias Revistas y Periódicos, miembro del Despacho Asesoría Legal y Técnica y Coordinador del Instituto Ocotlense de la Juventud, contando con un libro de poesía publicado.

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