El riesgoso porvenir
La economÃa norteamericana se proyecta en un estado inmediato de recesión. Internacionalmente, hay coyunturas que definirán un sistema económico distinto al tradicionalmente aplicado por el capitalismo global, sintetizando la polÃtica económica privada en un sendero con prerrogativas inmediatas a la rectorÃa del Estado.
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El corporativismo mundial se ha ungido en una desastrosa situación que origina crisis en los paÃses liados a la economÃa norteamericana, que define directamente los proyectos en sus naciones dependientes. México, inescapable a la dudosa y trascendente situación en los Estados Unidos, zozobra en la suplicante duda de la necesidad del capital norteamericano y ve, lejano, la posible pero inocua solución que los vecinos puedan aportar para salir del mal económico que padecen.
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El Poder Ejecutivo, en su interminable verborrea, no define el camino que se ha de seguir para que el efecto creado en los Estados Unidos no azote catastróficamente a la economÃa interdependiente de nuestro paÃs. Los cambios que resultan actualmente, se reflejan plenamente en la baja de capital y en remesas que son fundamentales para el desarrollo de México.
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Se tiene que aceptar el devenir irremediable en el caso de que en los Estados Unidos se desplome el sistema y esperar una caÃda monumental –a las que acostumbrados estamos- para fortalecer nuevamente el resurgimiento. Para lo cual, se debe crear ya un plan que prevea la posible situación para que no amedrente en demasÃa el bolsillo último de los ciudadanos.
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En el norte, lo que deberÃa provocar certidumbre, se acumula en el riesgo y el terror al quiebre de corporaciones que deberán sortear todo tipo de estrategias para devolver el cause económico a la normalidad, lo que se traduce en la introducción del Estado en las riendas de las ya finitas y quebradas para regresarles la vida y otorgar nuevo aliento al capital norteamericano.
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Dicha situación, antes de sostener los brÃos para nuestro paÃs y alimentar esperanzas, se resuelve en la antesala de un desastre, de una crisis que lamentablemente no se podrá costear porque se depende totalmente de la economÃa del norte, haciéndonos parte del evento como meros espectadores que ocupan sus gradas para ser juzgados sin poder intervenir.
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Debe existir ya la prevención para que el azote no lacere demasiado nuestra situación y disponga de capacidad de acción y reacción, sosteniendo nuestra frágil economÃa en el desarrollo de polÃticas sustentables que serenen y calmen el huracán que se avecina, y que de forma trascendental modificará de nuevo nuestra República.
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Son tiempos electorales en ambos paÃses, y quien proponga soluciones verdaderas será el que pueda conseguir confianza en el voto. Las consecuencias, de no existir plenitud en las soluciones económicas, serán lamentables para todos.



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