El pasado 20 de mayo ocurrió uno de esos eventos que se utilizaran como referencia para marcar el rompimiento entre distintas eras, un equipo comandado por el multimillonario Craig Venter consiguió crear desde cero el genoma de la Mycoplasma mycoides, para gran parte de la humanidad (si nos ponemos optimistas) no paso de ser una nota mas en algún reducido espacio dedicado a la ciencia, tal vez en el mundo especializado y en algunas pocas esferas la noticia ha causado euforia, pero ese elitismo del lenguaje técnico y esa falta de compromiso, inteligencia y oficio de los medios tradicionales ha conseguido minimizar un hecho que debió de generar mesas de debate, columnas, notas, entrevistas, etc. Disculpen si hiero susceptibilidades pero es más relevante que las “notas nacionales” con amplia cobertura como el caso Paulette.
¿Pero qué fue precisamente lo que consiguieron en el Instituto C.V? De una forma sencilla, reduccionista y guardando las obvias proporciones, podemos visualizar a una célula como un sitio Web, Venter y su equipo en un inicio desconocen el lenguaje en con el que está programado, que en esta ocasión es HTML y lo que hacen es comenzar a mover parámetros y van descubriendo como cambiar el color de la tipografía, su tamaño, el color de fondo hasta que acumulan el conocimiento suficiente como para reescribirlo, por lo que toman otro sitio, le borran el código y dejan el documento en blanco, comienzan a escribir el código de la pagina estudiada tecla por tecla (a falta de un bioCopyPaste) y en unos 15 años tenemos la copia del primer sitio web con todas su aplicaciones, que en este caso fue el de la autorreplicación.
Lo importante de esto es que descubrieron como leer y escribir el código de la vida, algo así como para que sirven las etiquetas en BioScript 1.0, Por lo que en teoría podremos diseñar y rediseñar sitios A.K.A “Vida” de acuerdo a nuestras necesidades, clonar animales justo con la técnica de Jurassic Park, o crear organismos totalmente nuevos, tal vez falta mucho pero no tanto para la consolidación de está
tecnología, pero sin duda toma una especial importancia si nos dejamos de especulaciones cinematográficas y pensamos en las implicaciones sociales reales de este descubrimiento.
Francis Galton (Primo de Darwin) fue quien por primera vez teorizó la terrible idea de la eugenesia, técnica para la “mejoría” de la raza de forma artificial y cuyos planteamientos fueron retomados en EE.UU. y Europa en especial por el Nazismo, claro que en aquellos prehistóricos tiempos la limpieza étnica se limitaba a esterilizar pobres, discapacitados o delincuentes y todas las demás técnicas tan populares de la primera mitad del siglo XX. Ahora imagínense trasladar la idea de la eugenesia a la época actual y que la mejoría de la raza se lleve acabo por las lógicas del mercado y que cuya principal herramienta sean los precios y el Copyright.
El costo tan elevado para el desarrollo de nuevas tecnologías implica que los mayores avances provengan de los grandes corporativos quienes sólo se limitan en traducir la creación en estadísticas de remuneración desvinculadas de cualquier medida ética, por otro lado tenemos a los gobiernos que no sólo se producen por las lógicas monetarias si no también por las militaristas, por lo que los beneficios que la tecnología podría brindar se le niegan a la mayoría por estos intereses privados que utilizan la gran farsa de la propiedad intelectual como escudo de protección.
Y es que el mito del Copyright nunca ha sido concebido como un acto de protección cultural, si no como formas de sometimiento y control, cito al multifacético Wu ming:
Toda la mitología “liberal” sobre el copyright como derecho natural, que nace espontáneamente gracias al crecimiento y a las dinámicas del mercado… ¡son patrañas! El origen remoto del copyright reside en la censura previa y en la necesidad de restringir el acceso a los medios de producción de la cultura (es decir: restringir la circulación de ideas).
Estás palabras podrían describir el fenómeno en el mundo actual donde la información navega en formas lingüísticas ya sean palabras, bits o tinta, pero ¿qué pasa cuando la información son genes? El Copyright y en general la propiedad intelectual dejan de funcionar como simple censura y se transforman en mecanismos con implicaciones más terroríficas.
En el caso especifico de la biología computacional (con lo que se creo este organismo sintético) el Copyright actuá de dos formas, una es “protegiendo” los programas computacionales desarrollados en el proceso, si seguimos con la analogía tiene los derechos sobre el DreamWeaver biológico. La segunda es sobre todos los conocimientos aprendidos en el proceso que sin duda estando dentro del dominio público crearían una curva de aprendizaje y desarrollo en el campo de las biotecnologías sin precedentes, además ayudarían a entender preguntas milenarias como qué es la vida y qué somos.
También en el nacimiento de este inminente monopolio actuá otra figura de la propiedad intelectual: las patentes, el cual ya ha sido campo de batalla entre ambientalistas y empresarios estadounidenses y es que en este país (hasta donde tengo entendido) es el único lugar del planeta donde puedes patentar seres vivos, ya sean plantas, animales o microorganismos, pero la ambición desmedida de empresas transnacionales han venido presionando para que el marco regulatorio sea igual en todos los países con iniciativas como el ACTA.
Claro, esto no significa que los demás gobiernos del mundo tienen marcos jurídicos para detener a tan mal intencionadas empresas, si no que el proceso de protección es distinto y tan fácil como patentar el proceso.
En el caso del organismo “programado” por Venter ya está en proceso de ser patentado, pero la pregunta es si el código es idéntico a uno existente en la naturaleza, ¿por qué patentarlo? ¿por qué patentar una célula? ¿Por qué patentar la vida? Aunque cabe decir que este no es el primer caso de dicha aberración, fue en 1980 cuando la Corte Suprema de los EE.UU. decidió, que una variedad de bacteria que había sido modificada por la inserción de nuevos genes era patentable.
John Sulston premio Nobel de Medicina en 2002 y uno de los investigadores que ayudó a secuenciar el genoma humano en el año 2000 fue el primero que públicamente dirigió críticas a los escenarios en donde se patenta la vida
“Espero realmente que estas patentes no sean aceptadas porque dejarían la ingeniería genética bajo el control del Instituto C.V . Tendrían el monopolio en una amplia variedad de técnicas”
Un ‘nobel’ de Medicina critica a Craig Venter por querer patentar su célula sintética
No sé si Craig Venter sea una perversa y terrible persona que busca el dominio mundial mediante la creación zombies a lo umbrella corp, sin embargo es irrefutable que posee una inherente ética capitalista (en el sentido más Slimesco) donde las utilidades para la empresa están por encima de todo, esto apenas comienza pero es por eso el momento justo de problematizarnos los escenarios venideros en este mundo biotec en donde las regulaciones están basadas en una lógica del siglo XVI aderezadas con la locura y desenfreno del siglo XXI.