El existencialismo es un humanismo

“El hombre es el único que no sólo es tal como él se concibe, sino tal como él se quiere, y como se concibe después de la existencia, como se quiere después de este impulso hacia la existencia; el hombre no es otra cosa que lo que él se hace. Éste es el primer principio del existencialismo.” Jean-Paul Sartre.

Sartre representa al mesías impropio de un siglo convulsionado; viene a ser una fatídica figura a la desazón del destierro de la esperanza, el antihéroe contemporáneo, la ilusión abortada, el magnifíco estropicio, la voz callada, la conciencia pura de un tiempo completo.

Figura como una distinción única y poco disimulada, como el patán que la sociedad odia, como el mendigo que todos abrigamos para expiar las culpas propias en las ajenas.

Desde las entrañas más indeseables del hombre se asoma la verdad cruda y bien digerida que el filósofo francés entraña en el juicio crítico del mundo. Atrevido y sin empacho desnuda al hombre para evidenciar la simpleza dentro de su complejidad: acentúa el mayor bien y el máximo mal que representa para el humano la libertad, la condena sugerida para su arduo y dificultoso camino en su devenir.

El existencialismo como acepción filosófica viene a refrescar la escena mortuoria del mundo, dando inicua esperanza en la desesperanza, mitigando dentro de cierta mediocridad la ablución del hombre en la fatalidad. Tanta aceptación estriba en el asesinato de las actitudes histriónicas dentro de la conducta, refleja el carácter verdadero y simple que se tiene y como referencia fundamental acepta al hombre por el hombre, como tal y únicamente como tal ante la incertidumbre que pudiera suponerse en cualquier etapa de la vida.

El razonamiento reflejado en la obra y acción de Sartre lo convierte en uno de los principales promotores de la humanidad del siglo pasado, un mártir indecente de todo lo inmoral, de la ética convulsiva. Inminentemente convencido de la claridad en el pensamiento libertario como base de las cadenas en el hombre, no simula ni trata de hacerlo en sus inclementes ataques hacia todo lo que no puede comprobarse ni dirimirse ante la conciencia y el actuar del principal actor del mundo: la persona.

Sin despacho niega a Dios, resaltando la respetable posición en su tesis acerca de la libertad en su inexistencia, visión que hasta el momento representa una de las teorías más interesantes, mejor fundadas y expresamente aceptadas en los postulados del ateísmo; situación que, negando la existencia divina, no reniega de ella como o podría hacer cualquier postura vulgar y deficiente. Tales ideas lograron posicionar a Sartre en la inmaculada censura de la Iglesia dentro del Índice de libros prohibidos- como un escritor inmortal innecesario para le fe del dogma y las buenas costumbres.

La resonancia del activismo del francés en la conciencia del mundo cautivó por su forma y su bondad hacia la “causa” integral: jamás comulgó con dictadura alguna ni posicionamientos que aniquilaran la libertad, o con ideales que amputaran el espíritu del hombre; decididamente marxista no confundió nunca la conciencia con el compromiso ideológico de la izquierda en su tiempo, ni titubeó para criticar y opinar a amigos, enemigos, rivales y colegas en su vida entera al defender la máxima del existencialismo.

Puede parecer una corriente filosófica agresiva, fatalista, insípida y muy resuelta al desánimo; sin embargo, el existencialismo llegó para sanar la crisis del pensamiento siendo crisis misma para ayudar. Sin ser un placebo se manifestó de raíz en la querella dentro de la falsedad. Sin ser una puerta falsa, el postulado Sartriano mejora la condición del hombre rebajándolo a la nada, haciendo así la construcción de su mejoramiento en forma de rascacielos a los más recónditos y oscuros pensamientos de la conciencia.

Sobre el Autor

Licenciado en Derecho por la Universidad de Guadalajara. Se ha desempeñado en la misma como Auxiliar del Departamento de Política y Sociedad; Consejero Propietario, Representante General del Alumnado, Secretario de Cultura y Sub Coordinador Zona Ciénega de la Federación de Estudiantes Universitarios. Ha sido miembro del Consejo Editorial del Centro Universitario de la Ciénega, Jefe de Edición del Periódico Estudiantil Voces e integrante del Consejo General de la FEU. Actualmente es articulista de varias Revistas y Periódicos, miembro del Despacho Asesoría Legal y Técnica y Coordinador del Instituto Ocotlense de la Juventud, contando con un libro de poesía publicado.

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