El derecho al derecho de elegir.

Vivir es un derecho, pero no una obligación” Ramón Sampedro.

Para fortuna de la salud política en el Estado, el debate en torno a la penalización total del aborto en Jalisco fue aplazado hasta el mes de agosto, cuando las elecciones hayan concluido y los tiempos electoreros no mengüen el tema principal para fortalecer las carteras de votos a los partidos.

El aborto, como tal, es un tabú que hasta mediados del siglo XX tuvo la repercusión social en el debate público, acelerando la aceptación de los Derechos Sociales de cuarta generación inherentes al hombre; mismos que paulatinamente en las Legislaciones de la mayoría de los países han sido elevados a Garantías Individuales para ser tutelados bajo el amparo del Estado.

Hablar sobre el aborto y debatirlo resulta en la posición de extremos en torno a la opinión, captando para si las acepciones científicas, sociales, morales, éticas y jurídicas convenientes. El furor de la discusión alienta la escisión de los bloques conocidos, confinándolos al cisma eterno, que no puede verse desde un crisol que adecúe y otorgue la oportunidad de conciliación. Es donde la inevitable cuestión filosófica del Ser y el Deber Ser sostienen la posibilidad del libre albedrío y el Derecho de la Libre Elección postulado en las Naciones democráticas.

Quiérase o no, aborto, eutanasia, legalización de drogas y aceptación de unión entre individuos del mismo sexo -entre las más representativas- son Derechos de Elección entre todos los ciudadanos, Derechos que los Estados del mundo deberán incluir tarde que temprano en las disposiciones positivas dentro de la legalidad. La capacidad de estos Derechos provienen del naturalismo que medra en la libertad, inalienable para la pluralidad y la decisión entre los hombres.

Estos Derechos, favorables o negativos para la cosmovisión individual o grupal, deben ser legislados obligatoriamente a favor de quien quiera hacer uso de ellos, pues coartarlos serían una amputación jurídica y un retroceso en la búsqueda de la equidad social y el desarrollo personal de los ciudadanos.

Para bien o para mal, los Derechos de cuarta generación –incluido el aborto- deben estar en la legislación mexicana en general, y en la particular del Estado de Jalisco. Que sea la decisión de las personas las que juzgue su actuar y no las imposiciones de los grupos de facto –derecha, centro e izquierda-. La tutela debe ser preservada por el Estado y aceptada por los individuos para una convivencia benéfica sin ataduras ideológicas que liberen al hombre y lo haga arquitecto de su propio destino, manifestando así la revelación propia que haga de la moral personal una máxima y del Derecho a elegir la posibilidad de un mundo nuevo sin yugos milenarios.

Sobre el Autor

Licenciado en Derecho por la Universidad de Guadalajara. Se ha desempeñado en la misma como Auxiliar del Departamento de Política y Sociedad; Consejero Propietario, Representante General del Alumnado, Secretario de Cultura y Sub Coordinador Zona Ciénega de la Federación de Estudiantes Universitarios. Ha sido miembro del Consejo Editorial del Centro Universitario de la Ciénega, Jefe de Edición del Periódico Estudiantil Voces e integrante del Consejo General de la FEU. Actualmente es articulista de varias Revistas y Periódicos, miembro del Despacho Asesoría Legal y Técnica y Coordinador del Instituto Ocotlense de la Juventud, contando con un libro de poesía publicado.

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